domingo, 12 de septiembre de 2010

El fin del verano


Mozart: Allegro Concierto para clarinete



Decía una canción de hace ya bastantes años que el fin del verano siempre es triste. En realidad, y, aunque sea una obviedad, como siempre, nada es objetivo y, una vez más, todo depende de las mil circunstancias que acompañan la vida de los seres vivos.

Para el perrito que espera a su amo en la guardería de vacaciones, la vuelta a casa será la más pura maravilla, pues nadie mejor que un perro para saber lo que es estar lejos de ese dios idelizado, esa persona que lo es todo, ese alguien por quien, además de mover la cola, fervorosa e incansablemente, cada vez que aparece por la puerta, con apasionados saltos que lamen todo lo que a su paso encuentra, también es capaz de recorrer kilómetros por volver a encontrar a ese indeseable que lo abandonó un día cualquiera, cansado de cuidarlo, cansado de sí mismo.
Y es que, para quien no tiene perro, pues cuesta trabajo reconocer la nobleza de estos "entes primitivos" ( qué más quisiéramos much@s parecernos a ell@s en su alegría de vivir y en su eterna correspondencia) hasta que no los observas en una convivencia.

En fin, a lo que iba antes de irme por los Cerros...el fin del verano.
Bueno, aunque se terminan esos períodos de aparente libertad donde no hay que soportar con estoicismo el espectáculo de "buen mandar" ( corramos un tupisimo velo) de ciertos jefes; o el, habitualmente, poco eficaz, siempre mejorable, y poco productivo sistema de nuestra imprescindible función pública; la impotencia que esto genera día a día entre muchos de los que por allí pululamos, porque queremos pero no podemos hacer realmente demasiado por cambiarlo sino con la inquebrantable, permanente importancia del trabajo bien hecho; en fin, finalizados estos breves períodos de la vida del human@, llamados vacaciones, donde tanto podemos parecernos al perro en la despreocupación de su cola en movimiento o en su retozar sobre la arena de la playa, ajen@s a cualesquiera preocupaciones, sólo es posible hacer algo digno para no caer en la cuasi depresión post post del occidental del mundo "desarrollado".
Y ese algo es considerar que, como los niños, empezamos un nuevo período, un nuevo caminar hacia nuevas experiencias o nuevos aprendizajes.
Sí: Experimentar y aprender. Grandiosas, maravillosas palabras que todos tendríamos que cuidar y favorecer, pues sólo aquellos que pierden la ilusión por ellas comienzan ese inevitable proceso de envejecimienoto que, después del otoño, nos conduce al final de la vida.

Escuchar la alegría y la vitalidad de Mozart puede resultar una buena forma de "ponernos las pilas", a fin de abandonar las perezas y/o desidias.
Para volver a empezar, con algo que podría ser muy parecido a la inocencia primigenia de la infancia, a la fuerza o la ilusión recuperadas de cualquier edad.
Todo es ponerse. Todo es posible.

Buen comienzo de temporada. Feliz vuelta a casa.


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4 comentarios:

  1. Vaya!, por fin se lee algo nuevo aquí!.
    Se ve que la vuelta a "esta casa" ha costado,no?.
    Saluditos.

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  2. Me alegra leerte de nuevo.
    Todo comienzo debe ser así: poniendo la fuerza como la de lo que brota o nace de nuevo. Ese es el significado de la palabra griega physis.
    De todas formas, siempre es bueno recuperar las ilusiones y sentirse bien con el trabajo realizado.
    Un saludo.

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  3. No puedo por menos que cantarte la de ¡Me llaman el desaparecido ...! , se te echaba de menos, bienvenida de nuevo por estos lares.

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  4. Mu buenas, comentaristas,
    Tengo que reconocer que estoy algo ausente del blog, no porque así lo pretenda sino porque tengo otras ocupaciones que me distraen el tiempo y la cabeza. Sin embargo, sigo en ello, pues me gusta expresar cositas en las que creo (o no creo) y espero seguir contando esa historia que no quiero dejar inconclusa. A su tiempo, sin prisas, a veces con las pausas necesarias. Gracias por vuestras palabras.
    Expresiones y saluditos.

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