viernes, 1 de enero de 2010

Mensaje en una botella busca a su destinataria ( VII)

Buenos días, Amor, ya habrás visto que hace un día estupendo, después de esta riada que nos ha oscurecido el cielo durante dos semanas.
Que ya llevarás levantada... ¿un par de horas? jajajja. Sé que no te importará que hoy sea uno de esos días simbólicos que aprovechamos para vaguear. Afortunadamente, los años nos hacen desechar etiquetas. Suele ser la consecuencia de esa necesidad de libertad.
Y tú estarás trajinando casi desde temprano.
¿Sabes ? (te cuento un poquito). Todos estos días, encerradita en casa por el vendaval, sin salir más que lo preciso, veía las imágenes de pueblos inundados, aceitunas por los suelos, campos que habían desaparecido prácticamente. La cara de los agricultores...
Y este paisaje distinto, casi anegado, que ya es prácticamente una marisma, me ha recordado ciertas fotografías muy similares, de aquellos primeros tiempos.
Entonces, cuando planeábamos los paseos futuros por el mundo, siempre llegábamos a ese lugar que tú tenías en mente como un recordatorio de cosas por cumplir y me decías, con la mirada iluminada:
- Cuando nos toque el Levante, tenemos que visitar la Albufera, una amiga valenciana me ha dicho que es precioso. ¿vendrás conmigo cuando quede con ella? dice que tiene un tío barquero que nos trataría de lujo, y nos haría ese recorrido especial que siempre se queda en la memoria del visitante.
-Iré donde tú quieras, ya sabes que contigo al fin del mundo... lo sabes, verdad?
-Sí, jajjaa, empalagosaaaa, pero me gustas así, tal como eres, y también sé que te encantará cuando te diga todo lo que me contó ella.
Al final no pudo ser... "por las cosas de la vida". Tú habías cambiado ya. Aquello ya no procedía.
Sin embargo, al poco tiempo, sin poder hacer nada por evitarlo, no tuve más remedio que desplazarme por motivos de trabajo y fue aquel amigo de la infancia quien se empeñó en llevarme, por aquel escenario tan semejante a los rastros del vendaval, aquel paisaje tan novelero, tan especial, tan lleno del eco de tus palabras.
Nos reímos - Jose es un encanto, ya te lo dije - nos hicimos mil y una fotos, con las gaviotas sobre los palos de madera, las cañas dibujando los recodos del agua y, sobre todo, el horizonte.
En aquel recorrido marino, iba pensando en que algún día podría enseñarte todas las imágenes para que vieras el paisaje a través de mis ojos. Naturalmente, era una visión como la de cualquiera, pero supuse que tendrías algún interés en conocerla.
Al ordenar las más bonitas, que sí saqué en papel, y guardé en el album de los viajes, me sonreí viendo la foto de Jose, mientras hacía el indio, imaginando, sobre todo, que tú te reirías y que algún día te lo presentaría. Es una de esas personas auténticas, uno de esos amigos que no se lleva el tiempo.
Sin embargo, el vacío seguía ahí, flotando entre recuerdos e imágenes. Y es que, entonces, me quedé sin descubrir cómo se proyectaría el atardecer en tu mirada, en tu sonrisa.
Aquel viaje por el levante que planeamos una vez será, de nuevo, una de esas cosas que se quedan pendientes, esperando la llegada de otros tiempos venideros, otros espacios del devenir donde confluyan mis pulsos y los tuyos.
Un momento casi estelar que sustituirá todas estas fotografías que hoy repaso; y que tú ni siquiera llegaste a ver.
Como a mí sí me gusta celebrar la llegada artificial de otro año que, en definitiva sigue siendo el mismo recorrido del hilo vital , de antes de ayer, de ayer o de mañana, no quería darme mi paseo mañanero ( uff, sí que es tarde ya ) sin antes desearte un feliz año nuevo.
Desear que tu alma siga avanzando, pasito a pasito, hacia aquellos retazos de la urdimbre, esos espacios que configuran ciertos nodos, a veces escasos, otras más frecuentes, instantes en los que el corazón rebosa alegría o emoción, esos momentos por los que nuestra existencia sí vale el esfuerzo de vivir.
Estoy segura de que, en este comienzo que inventamos felizmente cada 365 días, ya habrás hecho tu lista de buenos propósitos.
Y estoy convencida de que,
pase lo que pase, más allá de todo lo demás, seguiremos coincidiendo, como si fuera lo más natural del mundo, en esa capacidad de conservar ilusiones y esperanzas alrededor de....sí, esa palabra, llena de magia y de maravilla, esa que se transmuta en las letras de tu nombre como si fueran indisolubles de su esencia.

FELIZ AÑO NUEVO, AMOR.

El sur, enero de 2010



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2 comentarios:

  1. Ainssss!!, me ha encantado esto:Y es que, entonces, me quedé sin descubrir cómo se proyectaría el atardecer en tu mirada, en tu sonrisa...
    Qué precioso!!!.

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  2. Muy buenos días de sábado, Alas, me alegro de que te encante...por lo que se ve nuestros códecs están en sintonía...jajajaja
    Saluditos y expresiones

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