Aquel día le había escrito una más de sus miles de cartas de Amor, de esas que, al principio, apenas podían resultar a simple vista sino la parrafada de una intensa atracción, no siempre definible, no siempre comprensible.
M. había contemplado y disfrutado las obras de Esther en más de una exposición. Su necesidad de estar al día la había trasladado a unos y otros lugares de la geografía, y, en busca de su artista preferida del momento, había llegado una nueva ocasión de acercarse hasta ese confín del mapa, Alicante, lleno de luz, de palmeras, de cierto mar...
Estaba detenida, ensimismada, y completamente aislada del mundo, leyendo el story board de la instalación. Aquello casi podía ser una novela en sí, pues según decían los vigilantes de la sala, a menudo observaban cómo la mayoría de los espectadores parecían quedar absortos en la lectura de los rótulos, casi olvidando, por momentos, el resto del conjunto artístico.
Martes por la mañana. Calma y silencio. La sala estaba afortunada y extrañamente vacía.
Esther aprovechaba aquellos días, cuando el público era tan escaso que casi podía escucharse el estruendo de los pasos sobre el mármol, para bajar y preguntar, desde su anonimato.... qué tal?... le gusta?...qué piensa de la artista?...
Y era una mezcla de razones la que impulsaba aquella necesidad de conocimiento-comunicación con sus visitantes.
Por un lado, su permanente afán perfeccionista la convertía en una persona siempre vulnerable, ansiosa por recibir la aprobación, el cariño o la simpatía de su selecto público.
Y ella sabía cómo dejar a todo el mundo con la boca abierta. Era fácil triunfar repitiendo los esquemas del éxito. Lo sabía de sobras. Pero ya habría tiempo para innovaciones o evoluciones.
Ahora no tenía ni ocasión para respirar, con tantísimo trabajo de aquí allá.
Desde el piso superior de la sala, sentada junto a los grandes ventanales, disponía de una vista privilegiada que le permitía elegir el momento idóneo para acercarse a conocer al visitante.
Para algo se había asegurado de que ninguna foto suya se colocara en las muestras. El anonimato, la necesidad de pasar desapercibida, era una imperiosa necesidad que iba mucho más allá de su característica timidez.
Miró hacia el extremo del piso y vio a una solitaria mujer. Le llamó la atención su estatismo, su detención casi absoluta delante de cierto fragmento de la obra. No podía verle la cara, pero sí distinguía perfectamente el resto de su figura.
Cuerpo normal, ni gorda ni flaca, presencia algo oscura, pelo largo, camiseta de manga corta, verde cesped, más grande que su verdadera talla, pantalones blancos, demasiado anchos para su gusto....mira que ponerte algo así, y no dejar que los demás cristianos disfruten de tu culo, encanto...jajaja, aysss, Esther, que no tienes arreglo....jaajjaja
Sin embargo, seguía sin darse la vuelta, y Esther no imaginaba qué es lo que la había detenido allí, justo en aquel fragmento, casi despoblado de personajes e historias.
De pronto, la desconocida sacó un pañuelo. Se lo acercó a la cara.
- (....¡¡ Esta llorando!! )
A Esther se le encendió un aviso. Sin pensarlo un solo instante, bajó lo más rápida posible, también sin hacer ruido y se acercó lentamente, para no asustar a la mujer.
Cuando se puso a su altura, ella se sobresaltó, no la esperaba, ensimismada en su propio mundo.
- Uff, me ha asustado usted. -dijo de pronto, sin pensárselo, como un resorte, con una voz más aguda de lo que cabía esperarse para semejante cuerpo, casi, casi...(fuerte....eres una persona fuerte )- fue lo primero que pensó al verla.
- Lo siento, no era mi intención. ¿ está usted bien?- estaba claro que aun seguía llorando.
- No. No estoy bien, pero gracias, no se preocupe.
Esta imagen...me ha recordado demasiadas cosas, y, a la vez, me ha emocionado- volvió a sonarse y dijo- disculpe que la moleste con estas intimidades.
Gracias de nuevo. Supongo que el optimismo me suelta la lengua.
- No. No pasa nada... Pero, dígame, ¿qué puede hacer un viejo olmo, casi seco, para provocar la emoción?. Perdone que le pregunte pero estoy haciendo un reportaje sobre la exposición y me interesaría conocer las reacciones del público. Y hoy, bueno, como verá es usted la única disponible. ¿ le parece bien responder a unas preguntas?
(¿ ha dicho optimismo?) - pensó para sí, sin atreverse a seguir con aquella avalancha.
M., ajena a su traviesa mentira, la miró, casi sin disimulo, de arriba abajo, ya recuperando su habitual fachada arrogante, y, sin saber por qué, se detuvo en el pelo.
-Curioso..
- Cómo dice? no la he entendido, ¿ habla usted muy bajito o me estoy quedando sorda?
-Sí, jajja, es uno de mis muchos defectos, suelo usar micrófono para que se me entienda mejor.
-Ah, pero hoy se le han acabado las pilas, claro.
M. se detuvo, divertida, en su sonrisa amplia, casi a punto de soltar algo más.....mientras decia:
- Supongo que sí, pero me refería a mi vida laboral. Doy clases en la Universidad y tengo que usarlo, incluso en salas reducidas. Enseguida me quedo afónica y no he sido capaz todavía de apuntarme a uno de esos cursos de logopedia.
- Ah, claro, normal, sí....pero no me ha dicho aun si va a responder a mis preguntas.
- Pues...usted hágalas. Ya veremos lo que se me ocurre.
Por cierto, ¿valen las mentiras?- y la ceja izquierda subió, con ese aire casi chulesco, directo a los ojos y al corazón.
- Eeeeehh, las mentiras...pues....la verdad, jajaja... no me lo va a poner fácil, verdad?- dijo casi tartamudeando, queriendo salir lo antes posible de aquella mirada repentina que le había llegado más abajo del ombligo....
- (ayss, Esther, creo que vas a tener que ir un día de estos a un bar arcoiris, a la de ya.......pero, qué dices....que no, que eso no puede ser, qué haces pensando siquiera en semejantes cosas, que eres una mujer casada....¡ rehostia !....).
- .....
- Antes ha mascullado algo que parecía un "curioso". Acaso...¿ es su curiosidad la causante de sus lágrimas? ¿algo de la obra la hace llorar?
- El arte, en general, suele hacerme llorar muchas veces, sí.
Hoy, este árbol me ha recordado un viaje, aquel momento emocionante junto al olmo de Machado. La sencillez de su poesía, la imagen del patio andaluz, la del éxodo, camino de la frontera, la de su amada muerta......la belleza sobrecogedora de sus versos y de su vida.
Y, justo en aquel lugar, la imagen de una rama reverdecida, tan parecida a la de su árbol....
- Sin embargo, me da la impresión de que no es la obra en sí la que ha conseguido emocionarla sino ese recuerdo repentino, ¿ es así?
- Bueno, no crea, pienso que las percepciones que transmite el conjunto de una obra convierten a cada uno de sus elementos en un foco sentimental.
Si algo estupendo tiene el Arte es esa capacidad de removernos las entrañas y sacarlo todo a la luz.
- No lo crea. Conozco a muchos artistas que no saben nada de sí mismos. Escriben, pintan, construyen unas u otras maravillas, pero, no saben lo que quieren. Hay quien sólo vive a través de algo que es pura ficción, sin preocuparse lo más mínimo por la vida real que lleva.
- ¿ de dónde ha sacado esas ideas? acaso es usted psicóloga, además de periodista? veo que le encanta preguntar......cierto?
- Pues no parece que sea la única, usted no se queda atrás, jaajaja- le dijo con una sonrisa transparente, llena de luz y de inocencia, que a M. la estaba afectando más de la cuenta.
- Dígame usted, antes de responder, ¿dónde podré ver publicadas mis palabras? se lo digo para ver hasta dónde llega su grado de fabulación, su discurso narrativo, su fidelidad o no a la fuente de la noticia... Jjaaja, que no había caído en eso, que, ¡ soy noticia ! lo tendré que contar cuando vuelva a casa, no le parece?
- jajjaja, veo que se le ha pasado la pena. Me alegro. Hagamos un trato. Usted me responde, yo la invito a un café y luego, le digo dónde podrá admirar mi crónica, ¿ hecho ? - una vez más, el pelo de Esther se iluminaba, pues el sol volvía a salir en aquel día tan inestable, tan poco parecido a lo que M. esperaba encontrar en un paisaje mediterráneo.
La visión vibrante de su cuerpo delgado, aquel pelo tan rubio como una Cruzcampo y aquella mezcla extraña de timidez y simpatía, producían un efecto agradable, incluso....
- (atractiva...sí, me gusta...no..que no, Maca.. para y no empieces, que esta chica vive muy lejos de casa, que esta chica tendrá marido y tú tienes el corazón convaleciente. Nada de líos, recuerdas?)
-Eeeeehh, despierteee, jajaja, que es para hoy, eh., jajaa
-Eh, no, digo sí, claro, aceptaré encantada, pero cambio el café por una cerveza, si puede ser. Es la hora de las cañas y la tapa no?
- Bueno, aquí no tenemos de eso, pero sí. Conozco un sitio muy cerquita que está muy bien. Y hay raciones si tienes hambre. ¿vamos? - y el tuteo le salió sin pensar, porque aquella mujer le caía realmente bien.
M. recordaba de qué forma tan casual había conocido a Esther. Y con qué pasmosa facilidad había entablado una conversación que duró horas ( que duraría tantas horas de su vida) con una completa extraña que había aparecido de repente.
Sin saberlo, había conseguido lo que tanto tiempo llevaba esperando, conocer a su admirada artista, aquella mujer que le revolucionaba el alma con sus obras, desde hacía ya...un año?
No se lo podia creer, pero aquello era ¡¡ un McDonald !!, cerca de la plaza del Ayuntamiento.
Y lo que Esther consideraba "raciones" eran los inmensos platos de lechuga de todas las clases habidas y por haber, que podían, más o menos, adivinarse bajo los plásticos de la vitrina.
- MMMMMM, qué ricas las ensaladas.
Cuando paso por aquí me paro siempre. Me gusta mirar los colores del verde para inspirarme en mis personajes. Quiero decir, jajaja, no ponga esa cara, es que, además de periodista, hago........manualidades pintando muñecos de madera y como el verde es mi color preferido, pues vengo aquí a estudiar los matices y tonalidades.
- Usted me está tomando el pelo, verdad?
- Qué va. Me parece más divertido que ir al Botánico. Allí todo es demasiado predecible. Todo orden. Todo limpieza. Hasta las plantas carnívoras están inmutables. No mueven un músculo.
- Y ¿ aquí?
- Pues hay un trajín continuo, porque el sol se va desplazando y porque las camareras van retirando los platos. El movimiento resultante me inspira para imaginar a mis personajes. Entonces cojo cualquier servilleta y empiezo a dibujarlos, mientras pienso cuál será su papel en el conjunto. Sí...es que hago maquetas que representan una historia.
La cara de M. dibujaba una sonrisa que se hacía aún más amplia. Su mirada era tan atenta como intensa. Esther empezó a ponerse roja. Parecía que iba a desnudarla.
- (Ufff, esta mujer me mira de una forma......)
- Así que es usted una excentrica.
- No lo creo. Cualquier persona con dos dedos de frente podría fijarse en lo que le digo. Es múy fácil. Sólo hay que tener un poco de curiosidad, no cree?
- La gente no se fija en esas cosas. Si las lechugas tuvieran un cuerpazo, bueno, eso sería otra cosa, claro......jajjaa, aysss, que creo que tenemos una conversación de besugas.
- Pues no se hable más y pasemos al motivo de este café. De todas formas.....siempre he pensado que las endivias tenían unas curvas absolutamente sugerentes...
- Jajajajaaja, ya lo creo que sí.. (mmm, me gustas, pero no quiero que salgas corriendo..)
Hablaron, hablaron y hablaron. La tarde pasó volando. Y M. seguía teniendo la sensación de que conocia a aquella mujer de toda la vida.
Aquella conexión instantánea la tenía tan sorprendida como maravillada.
Cómo era posible aquello, con el trabajito que a ella le costaba tener una conversación fluida con la mayoría de los terrícolas.
Y cuando Esther le dijo la verdad, su sorpresa fue tan grande como esperada. Pues enseguida comprendió el nexo de unión entre la artista y su obra.
Siempre pensó, desde el principio, cuando apenas había asistido a alguna de sus exposiciones, que todas sus creaciones eran como un libro abierto, y, a su vez, como una chispa de vida donde ella podía redescubrir su propia esencia; donde prácticamente podía fundirse con el alma de otra persona, incluso en la distancia, mientras escuchaba, casi con miedo, cómo a medida que pasaban los meses y sus conversaciones se hacían más intensas, su corazón latía más fuerte, o se le aceleraba la respiración, escuchando su risa, en el eco reverberante de la lejanía.
Aquello era algo más que una admiración por alguien sorprendente.
Sí. Le había escrito, como siempre, tantas y tantas cosas que quería contarle, porque Esther era ese huracán que arrastraba su alma de una forma casi vampírica, derribando todas sus precauciones, todas aquellas barreras que ella disolvía con una sola palabra.
Pero a esas alturas, para cuando M. se dio cuenta de cuál era el innegable estado que desprendía sin saberlo, sin querer, con esa sonrisa tonta que era la comidilla de sus compañeros, de sus familiares, de sus alumnos....
- Bueno, Maca, anda y dinos, quién es la afortunada ? que te lo tienes mu callaíto tú, eh...
- Bueno, dejad de decir tonterías, que tengo mucho que hacer.
Estoy preparando la dichosa Acta y los horarios de tutorías. Y en cinco minutos tengo clase, así que hala, todo el mundo fuera de mi despacho......vamos, ya, que es pa hoy!! so pelmazooossss...
ufff, estais que no hay quien os aguante, eh.
- Sí, sí, tú disimula pero no nos engañas, que lo sepas. Que estás de un contento que se te nota a leguas, jajjaa,
- Bueno, vale, lo que digais. Hala. Como decía mi abuela, pa vosotros la perra gorda. Que me largo a clase. Chao
Y cuando finalmente fue consciente de hasta qué punto ella se había apoderado de su alma, de su corazón, de todo lo que la hacía respirar........sencillamente, fue demasiado tarde para volver atrás.
A partir de ese momento, supo que, independientemente de los años o el devenir de sus vidas, Esther estaría con ella, seguiría en su pensamiento, cada mañana al despertarse, cada noche, como el último atisbo racional, antes de la llegada de los sueños y las pesadillas.
Y, efectivamente, durante aquellos meses fue el motivo de esa felicidad exhultante que sólo el Amor concede a unos pocos afortunados.
Ese Amor que la hacía llorar de impotencia, cuando, desde la distancia, no podía aliviar las penas o los problemas de Esther.
La inquietud, la soledad, el vacío, cuando no podía escuchar sus cosas cotidianas, o se veía demasiado inútil para poder ayudarla en sus propias luchas internas, en ese desgarro profundo que provocaba la mentira que iba inundando su vida, de una forma demasiado ineludible, casi aterradora.
Esther se sentía tan culpable por... "engañar...no puedo engañar a mi marido", que sufría más de lo que una persona normal habría soportado.
Sabía, siempre lo supo, que estaba enamorada de Maca, por mucho que se lo negara, a pesar de todo lo que había luchado por no sentir ni ver, por no escuchar las palabras sonrientes de Maca.
No dormía, no comía, no respiraba bien. Se ahogaba en su vida cotidiana. Y los continuos viajes de Andrés no ayudaban en nada a contrarrestar ese maremagnum de sentimientos, ese volcán en efervescencia que se desataba más, y más, como las tormentas marinas, como esas cosas que, irresistibles, se cuelan por todas las rendijas; cuando, día a día, seguía descubriendo a aquella extraña que apareció en su vida, de repente; sin esperarlo, sin saberlo, sin poder hacer nada por evitarlo, pues el Amor, encanto- le decía M. - ocurre como un vuelo imaginado de peces de colores. Cuando quieres darte cuenta, ya no puedes vivir sin el aire fragante de su estela o la luz deslumbrante de sus esencias.
Aysss, qué voy a hacer contigo, Maca, qué voy a hacer para no quererte, cuando me dices esas cosas......ufff, si al menos pudiera rezar, si al menos pudiera creer en dios, creer que alguien puede ayudarme....
Al poco tiempo, Esther se trasladaba a vivir a Galicia, a petición de su marido ,cuyos negocios exigían casi una presencia constante en la region. Al menos estarían más tiempo juntos y eso ayudaría a reforzar su matrimonio. Que ya lo decían las abuelas, el roce hace el cariño.
Esther, en su desesperación, renunció a su egoísmo y decidió trasladar su taller a las frías tierras norteñas, con el firme propósito de lograr aquello que más le importaba - al menos así lo creía en aquel momento- la inaplazable y urgente tarea de conservar su matrimonio.
Estaba convencida de su amor por Andrés. Y, sobre todo, se animaba porque...al fin y al cabo, todas las parejas atraviesan baches que después fortalecen la unión.
Estaba segura de poder retomar su relación de antaño, aquellos primeros años de radiante felicidad, como habían hecho otras parejas que conocía.
Después de todo, lo suyo con M. había sido una simple aventura, algo tan matizado que estaba deseosa de poder borrar por completo de su mente y de su corazón cualquier rastro de su existencia.
Sí, había soñado locuras, había sido feliz pensándola, recordándola, imaginándola o disfrutando sus travesuras.
Pero no podía dejar que algo así arruinara una relación de tanto tiempo. Esther creía que las cosas que duran no lo hacen por casualidad y que, justo por ello, merecían, como lo merecía su matrimonio, todos los esfuerzos para ser conservadas.
- No lo creo. Yo creo más en otras cosas. Quizá la clave - le decía M. - no esté en el tiempo, sino en las esencias. La gente va evolucionando y si no lo hacen de forma más o menos paralela o compatible, eso da lugar primero a los problemas; y después a la muerte del Amor.
Cuando M. pensaba en la decisión de Esther, y analizaba sus sentimientos, mientras escuchaba los consejos de Ana y sus barbaridades, sólo encontraba Amor; ni siquiera podía imaginar cómo sería eso de odiar a quien tanto quería; no entendía muchas de las actitudes que veía en unas y otras parejas que se rompían; esa falta de respeto por alguien que lo había sido todo. Tanto despecho, o toda esa inquina que a veces sí podía terminar en un odio incluso criminal.
Para ella, los extremos a los que podia llegar el ser humano en sus peores horas no estaban justificados ni con la desesperación, siquiera con el más profundo de los dolores amorosos.
Si ella no se había muerto en el empeño, por qué l@s demás no iban a poder soportar lo mismo que ella.
No, nunca podría odiar a Esther, porque los acontecimientos de su vida habían sido tan usuales como los de cualquiera de tantas y tantas personas que prefirieron dejar de luchar.
Y a pesar de toda su tristeza, sabía que el ejemplo de Esther era uno más en la larga lista de historias de Amor que el miedo se encargó de destrozar.
Sólo en sus peores momentos, cuando se despertaba entre sueños agitados, hacía preguntas al aire, como si Esther pudiera oírla.
- Dime por qué, dímelo, Amor, aunque sólo puedas confesar que, realmente, nunca me quisiste....(ufff, otra pesadilla. No ha sido nada. Es todo mentira. Yo sé que me quieres, como te quiero yo a ti).
Y se escuchaba a sí misma y se daba cuenta de aquel desequilibrio que no le permitía relajarse ni siquiera de noche. Qué hacer con aquello para poder llevar una vida medianamente "normal", como esa gente....que no se come tanto el coco como tú. Deja de pensar en ella. Déjalo ya, si no quieres terminar mal - le decía Ana, absolutamente indignada con un comportamiento que, desde luego, tanto estudiar, tanto estudiar, y luego no te sirve absolutamente de nada, mi alma, uff, me sacas de quicio eh.
- Pero, a ver, dime, chica lista, qué quieres que haga, que me tire por el puente? ¿cómo puedo dejar de pensar en ella si estoy enamorada ?
- Ya te he dicho mil veces que eso es completamente imposible. Realmente no has tenido ocasión de confirmarlo durante el tiempo necesario.
- ¿ crees sinceramente en lo que me estás diciendo? no puedo tener una amiga tan burra.
- Lo único que sé es que quiero que recuperes tu alegría, tus ganas de vivir, tu entusiasmo por las cosas que te gustan, todo eso por lo que ella te "quería", según tú, claro.....Desde luego, si viniera a verte por sorpresa, lo que sí es seguro es que iba a salir huyendo otra vez para Galicia, eh, jajaja, ayss, que estás hecha un cromo, guapa, jaajaja
-jajaja, anda que....estoy yo aviá contigo, eh. Tenga usted amigas pa esto, pa que te pongan verde y no te comprendan. Desde luego.......
Ana sabía, de antemano, que tenía la batalla perdida. Pero tenía que intentarlo, como fuera. No podía abandonarla a su suerte, desde aquella certeza que le helaba el corazón: M. nunca renunciaría a Esther. Nadie que hablara de alguien como lo hacía ella de Esther; y tuviera esa capacidad de transmisión de lo que era el Amor podría abandonar ilusiones, esperanzas o simples quimeras... (al menos..que no sea para siempre, Dios mío...) - suplicaba Ana al dios de los cristianos.
Recordó aquel cumpleaños reciente. Ella le había regalado, por fin, aquel libro de la generación perdida. Y esperaba que, como Amory Blaine, M. pudiera sentir toda la desesperanza, todo el desengaño que experimentan las almas sensibles cuando sufren la peor de las derrotas posibles.
Ana creía que, quizá leyendo las tribulaciones de alquien en similares circunstancias, M. abriría finalmente los ojos y podría recuperarse poco a poco - yo estaré siempre contigo, cariño, siempre a su lado - de tan larga pesadilla.
Noviembre pasó rápido, lleno de actividades y preparativos para cerrar el año. Y antes de que la Navidad la dejara en baja forma, algo ya acostumbrado en M. , decidió hacerle una visita sorpresa.
M. se habia quedado dormida al sol, sentada en el jardín de su casa materna. El día estaba precioso; la luz inundaba las veredas que daban al bosque.
Por la sonrisa de M. imaginó que habría estado maquinando de cara al horizonte, más allá de los pinares, tal como hacía cuando eran pequeñas. M. inventaba historias sobre los gnomos que habitaban en los troncos y juntas iban hasta los confines de la Tierra Conocida rebosando la fascinación de un universo por descubrir, más allá del sonriente río y la misteriosa orilla, tan lejana como las Tierras del Anillo o el País de Nunca Jamás.
Cuando escuchaba hablar a M. en ciertas ocasiones de la infancia, se daba cuenta de qué poco había sufrido su imaginación el embate de la edad adulta.
De hecho, se reían juntas a carcajadas cuando M. decía:
- Pues hoy me han echao 10 años menos, tú sabes.....digo yo que sólo puede tener una explicación y es....ta-chán !!, el absoluto grado de inmadurez de Macarena Wilson, que ya lo decía mi padre, jajajaja
- jajja, anda y no me seas payasa, que no me creo ni una palabra, que tú eres una cuentista nata.
- Pues mira sí, eso sí es verdad. Lo admito. Sobre todo porque es uno de mis encantos más arrebatadores......jajaaja, menuda carita has puesto, jajja
- Si es que.......
Se acercó un poco hasta el mullido butacón donde M. descansaba completamente estirada, con las piernas sobre la mesa, la cabeza, engullida casi por el sillón y la melena, al aire cálido de aquel día que no parecía invernal. El libro estaba sobre la mesa y eso la alegró. Percibió una pequeña señal que indicaba que casi lo había leído entero. Suspiró, mientras en silencio, esbozaba la misma plegaria de siempre , sí, a ese dios que tan poca cuenta parecía echarle a la felicidad de su amiga del alma. Las cuartillas bajo el libro estaban escritas con esa letra farragosa, casi imposible de entender, que le había procurado más de un suspenso.
- (No me digas que has tomado notas para ponerlas en la nevera......¿tanto te ha impactado el libro? bueno, me alegro mucho por ti, cariño....)
En uno de sus habituales cambios de postura, volvió a quedarse tan relajada como "nada nada modosita", que diría tu madre, jajjaaja - y Ana creyó percibir cierto esbozo de ronquido que le confirmó - estás como un tronco, guapa. Con lo cual aprovechó para leer algo de lo que había escrito.
Y ahí estaba de nuevo. Era 14 de febrero, ese día que para M. , hiciera lo que hiciera por evitarlo, terminaba siempre llorando, a ratos o por horas, de día o de noche, con aquella intensidad que le era propia, con esa pena inconsolable que sólo el Amor puede eternizar.
Y mientras las lágrimas de Ana caían silenciosas, de nuevo comprendía y sonreía, porque las letras brillaban en su corazón, porque su querida amiga, una vez más, tan obstinada, tan generosa, tan poco inteligente...- dime, por su bien, Esther, dime que volverás algún día..- toda ella se derramaba como un regalo para Esther, como sólo las almas enamoradadas pueden ofrecer mutuamente, mientras Ana esperaba, como si rezara una plegaria, que la respuesta fuera un sí rotundo:
....porque ya sabrás, Amor, que A este lado del paraíso no es sólo un título bonito, lleno de encanto, o de todo ese misterio que se presiente más allá del propio yo; sí, justamente la propia orilla, la búsqueda de nuestra personalidad, junto a la inexorable demolición de los valores ilusorios que refleja la novela.
Es, realmente, una metáfora de esa distancia que nos separa, con las dos orillas que conforman nuestro río de la vida.
Dos lienzos de tierra, que se miran eternamente, incluso en sueños; que se sienten y se presienten, pero parecen destinados a no tocarse sino en aquellas contadas ocasiones de la Eternidad, cuando a lo largo de su discurrir, el río baja sus aguas y les permite ser una sola tierra.
Uno de esos momentos mágicos tuvo lugar, - sólo tú y yo sabemos cómo ocurrió y cómo fue la maravilla de aquel tiempo- cuando el influjo de los planetas y las estrellas hechizó al río para que fuera generoso y ayudara al florecimiento del Amor, sí, este Amor que siempre soñamos, al alcance de la mano; entre dos almas que se encontraron, venturosa, casi milagrosamente, como dos gotas de agua en la inmensidad del infinito.
Durante días, el anhelo de toda una vida se hizo realidad ante los alucinados ojos de sus protagonistas, demostrando, encanto, que la vida sí puede hacer reales los sueños más maravillosos.
Así es que no entiendo ese pesimismo cuando dices que todo es una mierda.
Mientras tú sigas respirando, siempre creeré que algunos milagros sí ocurren y que, sólo por eso, la vida será un incomparable devenir de aventuras por experimentar, de tesoros que descubrir, de mundos por vivir.
Una vez, Amor mío, me dijiste, con otras palabras más poéticas, pero de forma muy semejante, casi sin poder respirar por el dolor profundo que sólo el Amor nos provoca; emergiendo entre las vorágines de tu complicada cotidianeidad: "... pero tampoco quiero dejar de leerte, de sentirte, de imaginarte... de anhelarte y esperarte..."
Sabes que nunca dejarás de leeerme, porque, sencillamente, yo no podría dejar de sentirte, a cada instante de esta soledad; de imaginarte...de anhelarte...de esperarte siempre.
Aunque así me lo propusiera, sería tan imposible como dejar de amarte. Y yo no sé, ni quiero, hacer milagros que borren el pasado, no quiero borrarte, porque tu Amor es el aire que ilumina mi vida desde aquel entonces.
Mientras tanto, espero poder seguir viviendo con dignidad, pues, aunque sin ti la vida sea una carga demasiado pesada, hay tanto por lo que seguir respirando, tanto por lo que debemos luchar, tanto por lo que seguir buscando.
Ya sé que no es fácil. Pero quienes pretenden experimentar las verdades de la existencia, rara vez lo tienen fácil....ya lo sabes, verdad? se que llegará ese día en que vuelvas a decirme, "sí, lo sé, siempre lo supe"...
Cada un@ de nosotr@s debiera ser capaz de conocer su meta, propia e irremplazable.
Esa por la que, finalmente, ya no es ella misma sino el camino, o la forma en que atravesemos el sendero, el objetivo en sí mismo.
Ese camino que aspira a utopías o a las más bellas quimeras.
Por eso, Amor, a este lado del paraíso y más allá de cualquier aniversario banal, de nuevo te doy las gracias, pues allá, a lo lejos, quizá en las más cercanas líneas del horizonte, flotará siempre, como permanente imán de todos los deseos, ese anhelo, dulce, peligroso e irresistible, por alcanzar, una vez más, el imposible mar de tus miradas.
A lo lejos, entre los pinos, los pájaros ya habían iniciado esa conversación diaria para despedir el día. El cielo se dibujaba teñido de ráfagas iridiscentes que atravesaban las nubes oscuras, cargadas de agua; y el viento anunciaba la proximidad de la tormenta.
Secándose las lágrimas, Ana entró en la casa buscando alguna manta para el relente, pero cuando salió al jardín de nuevo, el estruendo del trueno ya había despertado a una soñolienta y feliz Maca.
- He soñado con ella. ¡ He soñado que ella volvía a casa !!!
M. había contemplado y disfrutado las obras de Esther en más de una exposición. Su necesidad de estar al día la había trasladado a unos y otros lugares de la geografía, y, en busca de su artista preferida del momento, había llegado una nueva ocasión de acercarse hasta ese confín del mapa, Alicante, lleno de luz, de palmeras, de cierto mar...
Estaba detenida, ensimismada, y completamente aislada del mundo, leyendo el story board de la instalación. Aquello casi podía ser una novela en sí, pues según decían los vigilantes de la sala, a menudo observaban cómo la mayoría de los espectadores parecían quedar absortos en la lectura de los rótulos, casi olvidando, por momentos, el resto del conjunto artístico.
Martes por la mañana. Calma y silencio. La sala estaba afortunada y extrañamente vacía.
Esther aprovechaba aquellos días, cuando el público era tan escaso que casi podía escucharse el estruendo de los pasos sobre el mármol, para bajar y preguntar, desde su anonimato.... qué tal?... le gusta?...qué piensa de la artista?...
Y era una mezcla de razones la que impulsaba aquella necesidad de conocimiento-comunicación con sus visitantes.
Por un lado, su permanente afán perfeccionista la convertía en una persona siempre vulnerable, ansiosa por recibir la aprobación, el cariño o la simpatía de su selecto público.
Y ella sabía cómo dejar a todo el mundo con la boca abierta. Era fácil triunfar repitiendo los esquemas del éxito. Lo sabía de sobras. Pero ya habría tiempo para innovaciones o evoluciones.
Ahora no tenía ni ocasión para respirar, con tantísimo trabajo de aquí allá.
Desde el piso superior de la sala, sentada junto a los grandes ventanales, disponía de una vista privilegiada que le permitía elegir el momento idóneo para acercarse a conocer al visitante.
Para algo se había asegurado de que ninguna foto suya se colocara en las muestras. El anonimato, la necesidad de pasar desapercibida, era una imperiosa necesidad que iba mucho más allá de su característica timidez.
Miró hacia el extremo del piso y vio a una solitaria mujer. Le llamó la atención su estatismo, su detención casi absoluta delante de cierto fragmento de la obra. No podía verle la cara, pero sí distinguía perfectamente el resto de su figura.
Cuerpo normal, ni gorda ni flaca, presencia algo oscura, pelo largo, camiseta de manga corta, verde cesped, más grande que su verdadera talla, pantalones blancos, demasiado anchos para su gusto....mira que ponerte algo así, y no dejar que los demás cristianos disfruten de tu culo, encanto...jajaja, aysss, Esther, que no tienes arreglo....jaajjaja
Sin embargo, seguía sin darse la vuelta, y Esther no imaginaba qué es lo que la había detenido allí, justo en aquel fragmento, casi despoblado de personajes e historias.
De pronto, la desconocida sacó un pañuelo. Se lo acercó a la cara.
- (....¡¡ Esta llorando!! )
A Esther se le encendió un aviso. Sin pensarlo un solo instante, bajó lo más rápida posible, también sin hacer ruido y se acercó lentamente, para no asustar a la mujer.
Cuando se puso a su altura, ella se sobresaltó, no la esperaba, ensimismada en su propio mundo.
- Uff, me ha asustado usted. -dijo de pronto, sin pensárselo, como un resorte, con una voz más aguda de lo que cabía esperarse para semejante cuerpo, casi, casi...(fuerte....eres una persona fuerte )- fue lo primero que pensó al verla.
- Lo siento, no era mi intención. ¿ está usted bien?- estaba claro que aun seguía llorando.
- No. No estoy bien, pero gracias, no se preocupe.
Esta imagen...me ha recordado demasiadas cosas, y, a la vez, me ha emocionado- volvió a sonarse y dijo- disculpe que la moleste con estas intimidades.
Gracias de nuevo. Supongo que el optimismo me suelta la lengua.
- No. No pasa nada... Pero, dígame, ¿qué puede hacer un viejo olmo, casi seco, para provocar la emoción?. Perdone que le pregunte pero estoy haciendo un reportaje sobre la exposición y me interesaría conocer las reacciones del público. Y hoy, bueno, como verá es usted la única disponible. ¿ le parece bien responder a unas preguntas?
(¿ ha dicho optimismo?) - pensó para sí, sin atreverse a seguir con aquella avalancha.
M., ajena a su traviesa mentira, la miró, casi sin disimulo, de arriba abajo, ya recuperando su habitual fachada arrogante, y, sin saber por qué, se detuvo en el pelo.
-Curioso..
- Cómo dice? no la he entendido, ¿ habla usted muy bajito o me estoy quedando sorda?
-Sí, jajja, es uno de mis muchos defectos, suelo usar micrófono para que se me entienda mejor.
-Ah, pero hoy se le han acabado las pilas, claro.
M. se detuvo, divertida, en su sonrisa amplia, casi a punto de soltar algo más.....mientras decia:
- Supongo que sí, pero me refería a mi vida laboral. Doy clases en la Universidad y tengo que usarlo, incluso en salas reducidas. Enseguida me quedo afónica y no he sido capaz todavía de apuntarme a uno de esos cursos de logopedia.
- Ah, claro, normal, sí....pero no me ha dicho aun si va a responder a mis preguntas.
- Pues...usted hágalas. Ya veremos lo que se me ocurre.
Por cierto, ¿valen las mentiras?- y la ceja izquierda subió, con ese aire casi chulesco, directo a los ojos y al corazón.
- Eeeeehh, las mentiras...pues....la verdad, jajaja... no me lo va a poner fácil, verdad?- dijo casi tartamudeando, queriendo salir lo antes posible de aquella mirada repentina que le había llegado más abajo del ombligo....
- (ayss, Esther, creo que vas a tener que ir un día de estos a un bar arcoiris, a la de ya.......pero, qué dices....que no, que eso no puede ser, qué haces pensando siquiera en semejantes cosas, que eres una mujer casada....¡ rehostia !....).
- .....
- Antes ha mascullado algo que parecía un "curioso". Acaso...¿ es su curiosidad la causante de sus lágrimas? ¿algo de la obra la hace llorar?
- El arte, en general, suele hacerme llorar muchas veces, sí.
Hoy, este árbol me ha recordado un viaje, aquel momento emocionante junto al olmo de Machado. La sencillez de su poesía, la imagen del patio andaluz, la del éxodo, camino de la frontera, la de su amada muerta......la belleza sobrecogedora de sus versos y de su vida.
Y, justo en aquel lugar, la imagen de una rama reverdecida, tan parecida a la de su árbol....
- Sin embargo, me da la impresión de que no es la obra en sí la que ha conseguido emocionarla sino ese recuerdo repentino, ¿ es así?
- Bueno, no crea, pienso que las percepciones que transmite el conjunto de una obra convierten a cada uno de sus elementos en un foco sentimental.
Si algo estupendo tiene el Arte es esa capacidad de removernos las entrañas y sacarlo todo a la luz.
- No lo crea. Conozco a muchos artistas que no saben nada de sí mismos. Escriben, pintan, construyen unas u otras maravillas, pero, no saben lo que quieren. Hay quien sólo vive a través de algo que es pura ficción, sin preocuparse lo más mínimo por la vida real que lleva.
- ¿ de dónde ha sacado esas ideas? acaso es usted psicóloga, además de periodista? veo que le encanta preguntar......cierto?
- Pues no parece que sea la única, usted no se queda atrás, jaajaja- le dijo con una sonrisa transparente, llena de luz y de inocencia, que a M. la estaba afectando más de la cuenta.
- Dígame usted, antes de responder, ¿dónde podré ver publicadas mis palabras? se lo digo para ver hasta dónde llega su grado de fabulación, su discurso narrativo, su fidelidad o no a la fuente de la noticia... Jjaaja, que no había caído en eso, que, ¡ soy noticia ! lo tendré que contar cuando vuelva a casa, no le parece?
- jajjaja, veo que se le ha pasado la pena. Me alegro. Hagamos un trato. Usted me responde, yo la invito a un café y luego, le digo dónde podrá admirar mi crónica, ¿ hecho ? - una vez más, el pelo de Esther se iluminaba, pues el sol volvía a salir en aquel día tan inestable, tan poco parecido a lo que M. esperaba encontrar en un paisaje mediterráneo.
La visión vibrante de su cuerpo delgado, aquel pelo tan rubio como una Cruzcampo y aquella mezcla extraña de timidez y simpatía, producían un efecto agradable, incluso....
- (atractiva...sí, me gusta...no..que no, Maca.. para y no empieces, que esta chica vive muy lejos de casa, que esta chica tendrá marido y tú tienes el corazón convaleciente. Nada de líos, recuerdas?)
-Eeeeehh, despierteee, jajaja, que es para hoy, eh., jajaa
-Eh, no, digo sí, claro, aceptaré encantada, pero cambio el café por una cerveza, si puede ser. Es la hora de las cañas y la tapa no?
- Bueno, aquí no tenemos de eso, pero sí. Conozco un sitio muy cerquita que está muy bien. Y hay raciones si tienes hambre. ¿vamos? - y el tuteo le salió sin pensar, porque aquella mujer le caía realmente bien.
M. recordaba de qué forma tan casual había conocido a Esther. Y con qué pasmosa facilidad había entablado una conversación que duró horas ( que duraría tantas horas de su vida) con una completa extraña que había aparecido de repente.
Sin saberlo, había conseguido lo que tanto tiempo llevaba esperando, conocer a su admirada artista, aquella mujer que le revolucionaba el alma con sus obras, desde hacía ya...un año?
No se lo podia creer, pero aquello era ¡¡ un McDonald !!, cerca de la plaza del Ayuntamiento.
Y lo que Esther consideraba "raciones" eran los inmensos platos de lechuga de todas las clases habidas y por haber, que podían, más o menos, adivinarse bajo los plásticos de la vitrina.
- MMMMMM, qué ricas las ensaladas.
Cuando paso por aquí me paro siempre. Me gusta mirar los colores del verde para inspirarme en mis personajes. Quiero decir, jajaja, no ponga esa cara, es que, además de periodista, hago........manualidades pintando muñecos de madera y como el verde es mi color preferido, pues vengo aquí a estudiar los matices y tonalidades.
- Usted me está tomando el pelo, verdad?
- Qué va. Me parece más divertido que ir al Botánico. Allí todo es demasiado predecible. Todo orden. Todo limpieza. Hasta las plantas carnívoras están inmutables. No mueven un músculo.
- Y ¿ aquí?
- Pues hay un trajín continuo, porque el sol se va desplazando y porque las camareras van retirando los platos. El movimiento resultante me inspira para imaginar a mis personajes. Entonces cojo cualquier servilleta y empiezo a dibujarlos, mientras pienso cuál será su papel en el conjunto. Sí...es que hago maquetas que representan una historia.
La cara de M. dibujaba una sonrisa que se hacía aún más amplia. Su mirada era tan atenta como intensa. Esther empezó a ponerse roja. Parecía que iba a desnudarla.
- (Ufff, esta mujer me mira de una forma......)
- Así que es usted una excentrica.
- No lo creo. Cualquier persona con dos dedos de frente podría fijarse en lo que le digo. Es múy fácil. Sólo hay que tener un poco de curiosidad, no cree?
- La gente no se fija en esas cosas. Si las lechugas tuvieran un cuerpazo, bueno, eso sería otra cosa, claro......jajjaa, aysss, que creo que tenemos una conversación de besugas.
- Pues no se hable más y pasemos al motivo de este café. De todas formas.....siempre he pensado que las endivias tenían unas curvas absolutamente sugerentes...
- Jajajajaaja, ya lo creo que sí.. (mmm, me gustas, pero no quiero que salgas corriendo..)
Hablaron, hablaron y hablaron. La tarde pasó volando. Y M. seguía teniendo la sensación de que conocia a aquella mujer de toda la vida.
Aquella conexión instantánea la tenía tan sorprendida como maravillada.
Cómo era posible aquello, con el trabajito que a ella le costaba tener una conversación fluida con la mayoría de los terrícolas.
Y cuando Esther le dijo la verdad, su sorpresa fue tan grande como esperada. Pues enseguida comprendió el nexo de unión entre la artista y su obra.
Siempre pensó, desde el principio, cuando apenas había asistido a alguna de sus exposiciones, que todas sus creaciones eran como un libro abierto, y, a su vez, como una chispa de vida donde ella podía redescubrir su propia esencia; donde prácticamente podía fundirse con el alma de otra persona, incluso en la distancia, mientras escuchaba, casi con miedo, cómo a medida que pasaban los meses y sus conversaciones se hacían más intensas, su corazón latía más fuerte, o se le aceleraba la respiración, escuchando su risa, en el eco reverberante de la lejanía.
Aquello era algo más que una admiración por alguien sorprendente.
Sí. Le había escrito, como siempre, tantas y tantas cosas que quería contarle, porque Esther era ese huracán que arrastraba su alma de una forma casi vampírica, derribando todas sus precauciones, todas aquellas barreras que ella disolvía con una sola palabra.
Pero a esas alturas, para cuando M. se dio cuenta de cuál era el innegable estado que desprendía sin saberlo, sin querer, con esa sonrisa tonta que era la comidilla de sus compañeros, de sus familiares, de sus alumnos....
- Bueno, Maca, anda y dinos, quién es la afortunada ? que te lo tienes mu callaíto tú, eh...
- Bueno, dejad de decir tonterías, que tengo mucho que hacer.
Estoy preparando la dichosa Acta y los horarios de tutorías. Y en cinco minutos tengo clase, así que hala, todo el mundo fuera de mi despacho......vamos, ya, que es pa hoy!! so pelmazooossss...
ufff, estais que no hay quien os aguante, eh.
- Sí, sí, tú disimula pero no nos engañas, que lo sepas. Que estás de un contento que se te nota a leguas, jajjaa,
- Bueno, vale, lo que digais. Hala. Como decía mi abuela, pa vosotros la perra gorda. Que me largo a clase. Chao
Y cuando finalmente fue consciente de hasta qué punto ella se había apoderado de su alma, de su corazón, de todo lo que la hacía respirar........sencillamente, fue demasiado tarde para volver atrás.
A partir de ese momento, supo que, independientemente de los años o el devenir de sus vidas, Esther estaría con ella, seguiría en su pensamiento, cada mañana al despertarse, cada noche, como el último atisbo racional, antes de la llegada de los sueños y las pesadillas.
Y, efectivamente, durante aquellos meses fue el motivo de esa felicidad exhultante que sólo el Amor concede a unos pocos afortunados.
Ese Amor que la hacía llorar de impotencia, cuando, desde la distancia, no podía aliviar las penas o los problemas de Esther.
La inquietud, la soledad, el vacío, cuando no podía escuchar sus cosas cotidianas, o se veía demasiado inútil para poder ayudarla en sus propias luchas internas, en ese desgarro profundo que provocaba la mentira que iba inundando su vida, de una forma demasiado ineludible, casi aterradora.
Esther se sentía tan culpable por... "engañar...no puedo engañar a mi marido", que sufría más de lo que una persona normal habría soportado.
Sabía, siempre lo supo, que estaba enamorada de Maca, por mucho que se lo negara, a pesar de todo lo que había luchado por no sentir ni ver, por no escuchar las palabras sonrientes de Maca.
No dormía, no comía, no respiraba bien. Se ahogaba en su vida cotidiana. Y los continuos viajes de Andrés no ayudaban en nada a contrarrestar ese maremagnum de sentimientos, ese volcán en efervescencia que se desataba más, y más, como las tormentas marinas, como esas cosas que, irresistibles, se cuelan por todas las rendijas; cuando, día a día, seguía descubriendo a aquella extraña que apareció en su vida, de repente; sin esperarlo, sin saberlo, sin poder hacer nada por evitarlo, pues el Amor, encanto- le decía M. - ocurre como un vuelo imaginado de peces de colores. Cuando quieres darte cuenta, ya no puedes vivir sin el aire fragante de su estela o la luz deslumbrante de sus esencias.
Aysss, qué voy a hacer contigo, Maca, qué voy a hacer para no quererte, cuando me dices esas cosas......ufff, si al menos pudiera rezar, si al menos pudiera creer en dios, creer que alguien puede ayudarme....
Al poco tiempo, Esther se trasladaba a vivir a Galicia, a petición de su marido ,cuyos negocios exigían casi una presencia constante en la region. Al menos estarían más tiempo juntos y eso ayudaría a reforzar su matrimonio. Que ya lo decían las abuelas, el roce hace el cariño.
Esther, en su desesperación, renunció a su egoísmo y decidió trasladar su taller a las frías tierras norteñas, con el firme propósito de lograr aquello que más le importaba - al menos así lo creía en aquel momento- la inaplazable y urgente tarea de conservar su matrimonio.
Estaba convencida de su amor por Andrés. Y, sobre todo, se animaba porque...al fin y al cabo, todas las parejas atraviesan baches que después fortalecen la unión.
Estaba segura de poder retomar su relación de antaño, aquellos primeros años de radiante felicidad, como habían hecho otras parejas que conocía.
Después de todo, lo suyo con M. había sido una simple aventura, algo tan matizado que estaba deseosa de poder borrar por completo de su mente y de su corazón cualquier rastro de su existencia.
Sí, había soñado locuras, había sido feliz pensándola, recordándola, imaginándola o disfrutando sus travesuras.
Pero no podía dejar que algo así arruinara una relación de tanto tiempo. Esther creía que las cosas que duran no lo hacen por casualidad y que, justo por ello, merecían, como lo merecía su matrimonio, todos los esfuerzos para ser conservadas.
- No lo creo. Yo creo más en otras cosas. Quizá la clave - le decía M. - no esté en el tiempo, sino en las esencias. La gente va evolucionando y si no lo hacen de forma más o menos paralela o compatible, eso da lugar primero a los problemas; y después a la muerte del Amor.
Cuando M. pensaba en la decisión de Esther, y analizaba sus sentimientos, mientras escuchaba los consejos de Ana y sus barbaridades, sólo encontraba Amor; ni siquiera podía imaginar cómo sería eso de odiar a quien tanto quería; no entendía muchas de las actitudes que veía en unas y otras parejas que se rompían; esa falta de respeto por alguien que lo había sido todo. Tanto despecho, o toda esa inquina que a veces sí podía terminar en un odio incluso criminal.
Para ella, los extremos a los que podia llegar el ser humano en sus peores horas no estaban justificados ni con la desesperación, siquiera con el más profundo de los dolores amorosos.
Si ella no se había muerto en el empeño, por qué l@s demás no iban a poder soportar lo mismo que ella.
No, nunca podría odiar a Esther, porque los acontecimientos de su vida habían sido tan usuales como los de cualquiera de tantas y tantas personas que prefirieron dejar de luchar.
Y a pesar de toda su tristeza, sabía que el ejemplo de Esther era uno más en la larga lista de historias de Amor que el miedo se encargó de destrozar.
Sólo en sus peores momentos, cuando se despertaba entre sueños agitados, hacía preguntas al aire, como si Esther pudiera oírla.
- Dime por qué, dímelo, Amor, aunque sólo puedas confesar que, realmente, nunca me quisiste....(ufff, otra pesadilla. No ha sido nada. Es todo mentira. Yo sé que me quieres, como te quiero yo a ti).
Y se escuchaba a sí misma y se daba cuenta de aquel desequilibrio que no le permitía relajarse ni siquiera de noche. Qué hacer con aquello para poder llevar una vida medianamente "normal", como esa gente....que no se come tanto el coco como tú. Deja de pensar en ella. Déjalo ya, si no quieres terminar mal - le decía Ana, absolutamente indignada con un comportamiento que, desde luego, tanto estudiar, tanto estudiar, y luego no te sirve absolutamente de nada, mi alma, uff, me sacas de quicio eh.
- Pero, a ver, dime, chica lista, qué quieres que haga, que me tire por el puente? ¿cómo puedo dejar de pensar en ella si estoy enamorada ?
- Ya te he dicho mil veces que eso es completamente imposible. Realmente no has tenido ocasión de confirmarlo durante el tiempo necesario.
- ¿ crees sinceramente en lo que me estás diciendo? no puedo tener una amiga tan burra.
- Lo único que sé es que quiero que recuperes tu alegría, tus ganas de vivir, tu entusiasmo por las cosas que te gustan, todo eso por lo que ella te "quería", según tú, claro.....Desde luego, si viniera a verte por sorpresa, lo que sí es seguro es que iba a salir huyendo otra vez para Galicia, eh, jajaja, ayss, que estás hecha un cromo, guapa, jaajaja
-jajaja, anda que....estoy yo aviá contigo, eh. Tenga usted amigas pa esto, pa que te pongan verde y no te comprendan. Desde luego.......
Ana sabía, de antemano, que tenía la batalla perdida. Pero tenía que intentarlo, como fuera. No podía abandonarla a su suerte, desde aquella certeza que le helaba el corazón: M. nunca renunciaría a Esther. Nadie que hablara de alguien como lo hacía ella de Esther; y tuviera esa capacidad de transmisión de lo que era el Amor podría abandonar ilusiones, esperanzas o simples quimeras... (al menos..que no sea para siempre, Dios mío...) - suplicaba Ana al dios de los cristianos.
Recordó aquel cumpleaños reciente. Ella le había regalado, por fin, aquel libro de la generación perdida. Y esperaba que, como Amory Blaine, M. pudiera sentir toda la desesperanza, todo el desengaño que experimentan las almas sensibles cuando sufren la peor de las derrotas posibles.
Ana creía que, quizá leyendo las tribulaciones de alquien en similares circunstancias, M. abriría finalmente los ojos y podría recuperarse poco a poco - yo estaré siempre contigo, cariño, siempre a su lado - de tan larga pesadilla.
Noviembre pasó rápido, lleno de actividades y preparativos para cerrar el año. Y antes de que la Navidad la dejara en baja forma, algo ya acostumbrado en M. , decidió hacerle una visita sorpresa.
M. se habia quedado dormida al sol, sentada en el jardín de su casa materna. El día estaba precioso; la luz inundaba las veredas que daban al bosque.
Por la sonrisa de M. imaginó que habría estado maquinando de cara al horizonte, más allá de los pinares, tal como hacía cuando eran pequeñas. M. inventaba historias sobre los gnomos que habitaban en los troncos y juntas iban hasta los confines de la Tierra Conocida rebosando la fascinación de un universo por descubrir, más allá del sonriente río y la misteriosa orilla, tan lejana como las Tierras del Anillo o el País de Nunca Jamás.
Cuando escuchaba hablar a M. en ciertas ocasiones de la infancia, se daba cuenta de qué poco había sufrido su imaginación el embate de la edad adulta.
De hecho, se reían juntas a carcajadas cuando M. decía:
- Pues hoy me han echao 10 años menos, tú sabes.....digo yo que sólo puede tener una explicación y es....ta-chán !!, el absoluto grado de inmadurez de Macarena Wilson, que ya lo decía mi padre, jajajaja
- jajja, anda y no me seas payasa, que no me creo ni una palabra, que tú eres una cuentista nata.
- Pues mira sí, eso sí es verdad. Lo admito. Sobre todo porque es uno de mis encantos más arrebatadores......jajaaja, menuda carita has puesto, jajja
- Si es que.......
Se acercó un poco hasta el mullido butacón donde M. descansaba completamente estirada, con las piernas sobre la mesa, la cabeza, engullida casi por el sillón y la melena, al aire cálido de aquel día que no parecía invernal. El libro estaba sobre la mesa y eso la alegró. Percibió una pequeña señal que indicaba que casi lo había leído entero. Suspiró, mientras en silencio, esbozaba la misma plegaria de siempre , sí, a ese dios que tan poca cuenta parecía echarle a la felicidad de su amiga del alma. Las cuartillas bajo el libro estaban escritas con esa letra farragosa, casi imposible de entender, que le había procurado más de un suspenso.
- (No me digas que has tomado notas para ponerlas en la nevera......¿tanto te ha impactado el libro? bueno, me alegro mucho por ti, cariño....)
En uno de sus habituales cambios de postura, volvió a quedarse tan relajada como "nada nada modosita", que diría tu madre, jajjaaja - y Ana creyó percibir cierto esbozo de ronquido que le confirmó - estás como un tronco, guapa. Con lo cual aprovechó para leer algo de lo que había escrito.
Y ahí estaba de nuevo. Era 14 de febrero, ese día que para M. , hiciera lo que hiciera por evitarlo, terminaba siempre llorando, a ratos o por horas, de día o de noche, con aquella intensidad que le era propia, con esa pena inconsolable que sólo el Amor puede eternizar.
Y mientras las lágrimas de Ana caían silenciosas, de nuevo comprendía y sonreía, porque las letras brillaban en su corazón, porque su querida amiga, una vez más, tan obstinada, tan generosa, tan poco inteligente...- dime, por su bien, Esther, dime que volverás algún día..- toda ella se derramaba como un regalo para Esther, como sólo las almas enamoradadas pueden ofrecer mutuamente, mientras Ana esperaba, como si rezara una plegaria, que la respuesta fuera un sí rotundo:
....porque ya sabrás, Amor, que A este lado del paraíso no es sólo un título bonito, lleno de encanto, o de todo ese misterio que se presiente más allá del propio yo; sí, justamente la propia orilla, la búsqueda de nuestra personalidad, junto a la inexorable demolición de los valores ilusorios que refleja la novela.
Es, realmente, una metáfora de esa distancia que nos separa, con las dos orillas que conforman nuestro río de la vida.
Dos lienzos de tierra, que se miran eternamente, incluso en sueños; que se sienten y se presienten, pero parecen destinados a no tocarse sino en aquellas contadas ocasiones de la Eternidad, cuando a lo largo de su discurrir, el río baja sus aguas y les permite ser una sola tierra.
Uno de esos momentos mágicos tuvo lugar, - sólo tú y yo sabemos cómo ocurrió y cómo fue la maravilla de aquel tiempo- cuando el influjo de los planetas y las estrellas hechizó al río para que fuera generoso y ayudara al florecimiento del Amor, sí, este Amor que siempre soñamos, al alcance de la mano; entre dos almas que se encontraron, venturosa, casi milagrosamente, como dos gotas de agua en la inmensidad del infinito.
Durante días, el anhelo de toda una vida se hizo realidad ante los alucinados ojos de sus protagonistas, demostrando, encanto, que la vida sí puede hacer reales los sueños más maravillosos.
Así es que no entiendo ese pesimismo cuando dices que todo es una mierda.
Mientras tú sigas respirando, siempre creeré que algunos milagros sí ocurren y que, sólo por eso, la vida será un incomparable devenir de aventuras por experimentar, de tesoros que descubrir, de mundos por vivir.
Una vez, Amor mío, me dijiste, con otras palabras más poéticas, pero de forma muy semejante, casi sin poder respirar por el dolor profundo que sólo el Amor nos provoca; emergiendo entre las vorágines de tu complicada cotidianeidad: "... pero tampoco quiero dejar de leerte, de sentirte, de imaginarte... de anhelarte y esperarte..."
Sabes que nunca dejarás de leeerme, porque, sencillamente, yo no podría dejar de sentirte, a cada instante de esta soledad; de imaginarte...de anhelarte...de esperarte siempre.
Aunque así me lo propusiera, sería tan imposible como dejar de amarte. Y yo no sé, ni quiero, hacer milagros que borren el pasado, no quiero borrarte, porque tu Amor es el aire que ilumina mi vida desde aquel entonces.
Mientras tanto, espero poder seguir viviendo con dignidad, pues, aunque sin ti la vida sea una carga demasiado pesada, hay tanto por lo que seguir respirando, tanto por lo que debemos luchar, tanto por lo que seguir buscando.
Ya sé que no es fácil. Pero quienes pretenden experimentar las verdades de la existencia, rara vez lo tienen fácil....ya lo sabes, verdad? se que llegará ese día en que vuelvas a decirme, "sí, lo sé, siempre lo supe"...
Cada un@ de nosotr@s debiera ser capaz de conocer su meta, propia e irremplazable.
Esa por la que, finalmente, ya no es ella misma sino el camino, o la forma en que atravesemos el sendero, el objetivo en sí mismo.
Ese camino que aspira a utopías o a las más bellas quimeras.
Por eso, Amor, a este lado del paraíso y más allá de cualquier aniversario banal, de nuevo te doy las gracias, pues allá, a lo lejos, quizá en las más cercanas líneas del horizonte, flotará siempre, como permanente imán de todos los deseos, ese anhelo, dulce, peligroso e irresistible, por alcanzar, una vez más, el imposible mar de tus miradas.
A lo lejos, entre los pinos, los pájaros ya habían iniciado esa conversación diaria para despedir el día. El cielo se dibujaba teñido de ráfagas iridiscentes que atravesaban las nubes oscuras, cargadas de agua; y el viento anunciaba la proximidad de la tormenta.
Secándose las lágrimas, Ana entró en la casa buscando alguna manta para el relente, pero cuando salió al jardín de nuevo, el estruendo del trueno ya había despertado a una soñolienta y feliz Maca.
- He soñado con ella. ¡ He soñado que ella volvía a casa !!!
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Tiempo De Vals Es El Tiempo Hacia Atrás
Donde Hacer Lo De Siempre Es Volver A Empezar
Donde El Mundo Se Para Y Te Observa Girar
Es Tiempo Para Amar
Tiempo De Vals Tiempo Para Sentir
Y Decir Sin Hablar Y Escuchar Sin Oir
Un Silencio Que Rompe En El Aire Un Violin
Es Tiempo De Vivir
Bésame En Tiempo De Vals
Un Dos Tres Un Dos Tres
Sin Parar De Bailar
Haz Que Este Tiempo De Vals
Un Dos Tres Un Dos Tres
No Termine Jamás
Tiempo De Vals Tiempo Para Viajar
Por Encima Del Sol Por Debajo Del Mar
Sin Saber Si Te Llevo O Me Dejo Llevar
No Es Tiempo De Verdad
Tiempo De Vals Tiempo Para Abrazar
La Pasión Que Prefieres Y Hacerla Girar
Y Elevarse Violenta Como Un Huracán
Es Tiempo En Espiral
Bésame En Tiempo De Vals…
Tiempo De Vals Que Empleamos Los Dos
Dibujando En El Suelo De Un Viejo Salón
Con Tres Pasos De Baile Una Historia De Amor
Es Tiempo Y Es En Fin
Mi Tiempo Para Ti.
(Nota: los nombres de los personajes son un homenaje a la serie Hospital Central, de la cual proceden)

A este lado del Paraíso by noviembres is licensed under a Creative Commons Atribución-No Comercial-Sin Obras Derivadas 3.0 España License.
Donde Hacer Lo De Siempre Es Volver A Empezar
Donde El Mundo Se Para Y Te Observa Girar
Es Tiempo Para Amar
Tiempo De Vals Tiempo Para Sentir
Y Decir Sin Hablar Y Escuchar Sin Oir
Un Silencio Que Rompe En El Aire Un Violin
Es Tiempo De Vivir
Bésame En Tiempo De Vals
Un Dos Tres Un Dos Tres
Sin Parar De Bailar
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Un Dos Tres Un Dos Tres
No Termine Jamás
Tiempo De Vals Tiempo Para Viajar
Por Encima Del Sol Por Debajo Del Mar
Sin Saber Si Te Llevo O Me Dejo Llevar
No Es Tiempo De Verdad
Tiempo De Vals Tiempo Para Abrazar
La Pasión Que Prefieres Y Hacerla Girar
Y Elevarse Violenta Como Un Huracán
Es Tiempo En Espiral
Bésame En Tiempo De Vals…
Tiempo De Vals Que Empleamos Los Dos
Dibujando En El Suelo De Un Viejo Salón
Con Tres Pasos De Baile Una Historia De Amor
Es Tiempo Y Es En Fin
Mi Tiempo Para Ti.
(Nota: los nombres de los personajes son un homenaje a la serie Hospital Central, de la cual proceden)

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Me ha gustado más que nada lo que Maca ha escrito y Ana ha leido.Un verdadero canto a la esperanza.
ResponderEliminarUna cosita , por qué algunas "T" de parte del texto aparecen en verde ??.
Bueno, Alas, ante todo mis más calurosas felicitaciones porque, ante tu amable comentario, no queda otra que pensar que eres una auténtica optimista.Y eso merece felicitarse todos los días de la vida. Sin embargo, ¿seguro que es "esperanza" lo que surge de un personaje como el de Maca en su situación actual?
ResponderEliminarComo la naturaleza humana puede ser muy muy predecible, a veces en situaciones de desesperación total la respuesta más usual puede ser la del autoengaño, la de vivir en un mundo irreal, lleno de sueños, ante la imposibilidad del personaje de aceptar la verdad que tiene delante de sus ojos.
Sin embargo, también es cierto que ciertas personas como Maca quizá estén tan convencidas de lograr sus objetivos, por muy difíciles que parezcan, que, al final, contra viento y marea, ocurre lo que los cristianos llamarían, con toda la pomposidad del término "milagro" y James Redfield lo denomina "la sinergia del Universo" para hacer que todas las personas consigan aquello que más desean y/o por lo que emplean todas las energías de su vida, incluso hasta la muerte, sin saber a ciencia cierta si será precisamente ese empeño el que les llevará a la tumba.
Dime, tú, ¿ qué crees?, por resumir de forma fácil: ¿conseguirá M. que vuelva Esther? ¿lo conseguirá con su "esperanza" o con su "desesperación"? o, por el contrario, ¿se pasaría toda la vida esperando algo que jamás le llegaría mientras Esther seguiría viviendo completamente ajena a su realidad? ¿seguirá queriéndola aunque Esther no quisiera saber más de ella? las mil preguntas que plantean las historias de este tipo no sólo no podrían resumirse aquí sino que, mira por dónde, como cúmulo de interesantes interrogantes, se presenta como una de esas hipótesis que darían lugar a una entrada o, incluso, a un libro entero.
Saluditos, expresiones y dulces sueños
P.d. ¿ letras verdes? pues no sé, yo no las veo. ¿será que el verde es el color de la esperanza?...quién sabe.....
Preciosa esta canción, no la conocía, espero que no se te acabe nunca ese tiempo de vals.
ResponderEliminarPor fin conocemos como se conocieron las protagonistas y como de una casualidad nació algo muy profundo que cambió la vida de dos personas... deseos muy poderosos los que describe Maca, miedo muy profundo el que destila Esther... pero en la vida hay que ser valiente... sino no vives.
ResponderEliminarD.
PD: Con la mano a medio gas...
Bueno ,bueno,cuántas preguntas hay?,espera que voy a volver a leerlas(ahora vengo,jeje). A la pregunta de si conseguirá M. que Esther vuelva,tengo que decirte que a mí me encantaría,pero como no depende de mí, tendré que esperar acontencimientos.La esperanza es más positiva que la desesperación para conseguir los fines, claro que la esperanza que no llega se convierte en desesperación.
ResponderEliminarTambién la desesperación mata la esperanza.
Lo de pasarse toda la vida esperando algo que jamás llegará, pues decirte que los jamás no me gusta utilizarlos, lo que sí diría es que si Maca sabe que Esther es el AMOR de su vida, que sin ella no es ella, ahí no le quedaría más que hacer eterna la esperanza como última tabla para sobrevivir los días sin ella.Si cree que otros amores que pudieran llegar, sólo pudieran ser sucedaneos del Amor, pues seguramente la mujer prefiera alimentarse de recuerdos y confiar en un mañana en sus ojos.
Porque digamos lo que digamos hay personas incapaces de superar un amor perdido.
Que queremos encontrar mil razones para decir que la vida es demasiado corta para desperdiciarla llorando un amor perdido,pues las hay, también es verdad.
Pero hay casos en que el corazón no atiende a tales razones y si el corazón de Maca es uno de ellos, Quién puede cambiar eso?.
Y sí,definitivamente la va a querer aunque Esther no quiera saber nada de ella.
Porque el AMOR más grande precisamente sea el que a pesar de no ser correspondido se entrega sin reservas.
Buenas tardes a las comentaristas,
ResponderEliminar- Sobrevivir: los valses me encantan, gracias por tus buenos deseos.
- D.: gracias por tus comentarios con la mano izquierda, mucho más de agradecer por ese motivo. Poco más sino alguna pregunta traviesa a lo que comentas: ¿crees que resulta fácil vencer el miedo cuando éste supone un leiv motiv en la vida de gente como Esther? O ¿quizá pudiera ocurrir que, realmente, nunca quiso a M. ? pues, si su enamoramiento por ella hubiera sido o fuese real, ¿podría renunciar a ella toda su vida? Quizá M., a pesar de su entrega total, nunca llegó a conocer a Esther en toda su dimensión. ¿Quizá los sentimientos de Esther fueran algo "poco consistente"?¿ algo que estalla como fuegos artificiales en un momento concreto de su vida, para dejar de existir en la brevedad de un soplo?. La complejidad del alma humana da lugar a momentos del devenir en los que ni siquiera sabemos a ciencia cierta, de forma consciente qué habita en nuestro interior; ¿ quizá la verdad o consistencia de Esther no fueran más allá del capricho o de la fabulación alrededor de un "simple deslumbramiento"? o, efectivamente, ¿su pánico resultará ser más poderoso que el más profundo y definitivo de sus amores renunciando a ella durante el resto de la eternidad? .....aysss, jjajaaja ( me encantan los misterios...)
- Alas: verdaderas tus observaciones sobre la naturaleza del Amor y sus circunstancias. Quizá, para no dar pistas, sólo pueda decirse que, como en casos semejantes, el de Maca y Esther será resuelto por el tiempo, para bien, o para mal, de una u otra forma. Ni siquiera M., con todo ese despliegue de emociones, podría decir realmente qué habrá ocurrido dentro de 20 años, si es que sobrevive, por mucho que le duela el desamor, no sólo en intensidad sino en duración, o muy grande que sea su desesperación. Curiosa la relación semántica de esta última palabra con “desesperanza”.Dicen las abuelas que, efectivamente, el tiempo todo lo cura. A veces ni siquiera cura, sino que, en el mejor de los casos, fosiliza, como bien dices. Quién sabe lo que Maca hará (o simplemente se dejará hacer) con su vida. Lo veremos….
saluditos y expresiones. Muchas gracias por vuestros inspiradores comentarios, chicas
Desdemona,tienes tarea,eh? jajjajajajajaa.
ResponderEliminarDios, cuántas preguntas hay háí?!?!?!.
Yo creo que para nadie es fácil vencer el miedo, hacia lo que sea, y mucho más en personas como Esther que necesitan la seguridad para vivir pero estas personas necesitan un empujoncito, y creo que Maca es el empujoncito que necesitaba Esther. Si la conoce, y Esther si la quiere, sus sentimientos son consistentes pues creo que sino ni siquiera se hubiera planteado la duda entre su marido y Maca.
ResponderEliminarPero como tú misma dices, te encantan los misterios y hasta que no tengamos toda la historia entera y en su orden correcto me parece que no vamos a descubrir nada más.
D.
PD: Alas, muchas preguntas, algunas respuestas... seguro que me he dejado cosas en el tintero
jajja, qué gracia y qué divertido ver que no soy la única que gusta de jugar
ResponderEliminar- Alas, veo que hoy tienes el día guasón, jajja, y por eso quizá no recuerdes que a l@s impacientes curiosones nos va eso de ser como un @ niñ@ feliz que no puede esperar para conseguir aquello tan aburrido de "saber sin preguntar"...uffff, menuda trabajera más grande no? dicen que eso es para la gente inteligentemente calmada, serena, quizá incluso un poco fría de espíritu, algo distante, algo más mental de lo preciso.....luego......OTRA PREGUNTA PARA ALAS ( la última, palabrita de niño jesús....JJAJAAJAJ): estás de acuerdo con esto?
- D.: veo que la mano no frena tus buenas respuestas. Me alegro. Sólo una matización: tengo que recordarte que las personas como nuestra Esther no se dejan "empujar" ( o convencer) fácilmente. Su fragilidad impulsa precisamente su necesidad de aparentar al exterior fortaleza de decisión y/o de carácter. Luego podemos encontrarnos con más frecuencia de lo que quisiéramos ante ese tipo de carácter que en las aludidas circunstancias, dice, con algo de arrogancia: " lo tengo clarísimo, sé muy bien lo que quiero y no voy a dejar que nadie haga algo por impedirlo"; y todo eso puede ocurrir, tan "naturalmente", mientras, subida en lo alto del mástil principal, ve cómo el barco, el de su propia vida, se va a pique, irremediable y certeramente.
Así somos l@s human@s en la frecuente ignorancia emocional que rige nuestra naturaleza, tan maravillosos en la energía que nos impulsa como entrañablemente patéticos en la ceguera que nos frena.
Por cierto, me ha encantado eso de...." en su orden correcto"....jajja, claro, cómo no, será por proponérselo..jajja, que no se diga, que sepas que tomo nota y tendré en cuenta la directa directísima, en la medida de lo posible, por el buen orden mental de l@s lector@s, sean anónim@s (saluditos a tutti), sean muy bien conocid@s....
Gracias y dulces sueños para tod@s