También odio las artes decorativas, el folklore, la publicidad, la voz de los locutores, el aerodinamismo, los boy scouts, el olor de la nafta, la actualidad y la gente borracha.
Me gustan el humor subversivo, las pecas, las rodillas, el pelo largo de las mujer, las risas de los niños en libertad, una jovencita corriendo por la calle.
Deseo el amor que vive, lo imposible y lo quimérico. Temo conocer mis límites con precisión"
( R. Magritte)
Con esta declaración de principios sobre sí mismo, esa descripción de odios, amores y deseos, podría dibujarse, en esencia, la estructura de un concepto del arte y de la vida, de la función del arte con respecto a la sociedad y, sobre todo, el magnetismo de una personalidad artística que conformó una forma de Surrealismo con estilo propio.
La personalidad original de René Magritte, su fascinación por las imágenes y sus significados, su creación de nuevas lógicas de interpretación del lenguaje visual siempre será uno de esos motivos poderosos para viajar a la capital belga.
El recientemente inaugurado Museo dedicado al artista propone un recorrido, en tres plantas, por su vida y su obra, en un conjunto de materiales que logran transmitir su pensamiento y su contribución, no sólo al movimiento surrealista sino, en cuanto que uno de sus más singulares y valiosos exponentes, a la historia de las ideas.
" Ser surrealista es desterrar del pensamiento lo 'ya visto' y buscar lo 'todavía no visto'".
Ser surrealista será, pues, adoptar una actitud de búsqueda constante, de descubrimiento de los misterios de la vida y del mundo por conocer, ese, que, según Magritte, está bajo la primera capa de apariencia o fácil banalidad, comunmente asumida como real.
La subversión de lo convencional se convierte así en un ejercicio cotidiano que llevará al hallazgo de los misterios de la existencia humana ( "Todo en mis obras viene de la impresión de certeza de que formamos parte, de hecho, de un universo enigmático").
La realidad visible se nos aparece como un espejismo que impide la aprehensión de lo surreal, el trasfondo de la verdadera existencia. Hay mucho de rebeldía contra lo establecido en esa exaltación permamente de la libertad de pensamiento, en la necesidad de encontrar por nosotr@s mism@s, huyendo de 'lo debido', los significados propios, a través del Arte ( "el valor real del Arte viene en función de su poder de revelación liberadora").
Curiosamente, el estudio y descubrimiento del surrealismo y sus premisas siempre me pareció algo tan poco sorprendente, debido a la asombrosa comunidad de ideas propias que parecíamos compartir, que el paseo por este Museo ha sido tan ligero, agradable y cotidiano como si estuviera escuchando ciertos pensamientos propios dichos en voz alta por otras personas.
Siempre he tenido tan presente esa ligera "sospecha"( por no decir, el más absoluto convencimiento...) de que la vida, el mundo que nos rodea, es algo tan multidimensional, tan rico en la inabarcable heterogeneidad de sus interpretaciones, tan distinto para los unos y los otros, que, sinceramente, poca ha sido la sorpresa que me produjo la visita.
Desde luego, me gustó el recorrido hacia el acercamiento del hombre, hacia su vida cotidiana, a través de dibujos, fotografías, películas que giraban alrededor de la expresión de sus ideas, a modo de apasionado, didáctico manifiesto; además de ahondar en las líneas básicas del movimiento surrealista.
De hecho, en ocasiones, cuando atravieso por una de esas rachas (afortunadamente tan escasas como pasajeras) surgidas del empeño debidos hacia el orden y la clasificación pulcra de la cotidianeidad, y a esto que llego, entre el maremagnum de carpetas virtuales, a la titulada "viajes", curiosamente observo que, vaya a donde vaya, las fotos siempre parecen las mismas.
Quizá bajo los efectos de su magnetismo irresistible, haya sido el paseo por las tierras del artista, el origen de la reflexión y las tan evidentes como más que previsibles conclusiones, nada nada originales.
Las fotografías que hacemos muestran una mirada sobre las realidades que surgen delante, en primer plano, en el horizontes lejano, en la media distancia.
Cada un@ de nosotr@s mira y procesa de forma tan única como las visiones sobre un cuadro de Magritte, ese conjunto donde la imagen para nada está relacionada con el título de la obra; donde el pintor espera que cada espectador saque sus propias interpretaciones, adivinando enigmáticos significados bajo el prisma individual característico.
Pues para Magritte el arte debía facilitar ese descubrimiento de lo personal a través de las sugerentes preguntas que planteaba continuamente en su trabajo; conjuntos abiertos, ambiguos, indefinidos en cuanto a significados concretos, de imposible carácter unívoco.
Magritte juega con simbolismos visuales, con la lógica convencional del 'deber ser' para trasladarnos de forma verdaderamente fascinante la falsa parcialidad de la primera visión. Y la necesidad de ir más allá para descubrir el secreto de la vida, libre, y personalmente, de forma definitivamente inalienable.
Por eso se pueden aprender ciertas cosas al contemplar las fotografías repetidas de cada viaje. Hay una serie de contantes felices que surgen allá donde nos lleven los últimos caminos; entre ellas, esa irremediable curiosidad para mirar detrás de los espejos y observar el caleidoscopio de fragmentos que surgen en la confluencia de las dos imágenes.
Dónde está la verdad, delante o detrás, o más allá? Qué prevalece en la visión final del conjunto? Cómo encontrar las claves para aprehender la descomposición de la tradición en un mundo global?
Preguntas que ya estaban latentes en la destrucción cubista de la tradición visual. Y que, naturalmente, pueden ser aplicadas con matemática precisión a la propia cotidianeidad.
Así es que, como homenaje, perfectamente inconsciente e involuntario a la mirada de Magritte, hete aquí una serie de fotitos, que, bien podrían estar hechas a posta, como resultado de estas reflexiones, pero, que, en realidad, forman parte de un cierto enfoque que se repite como leiv motiv a lo largo de tantos viajes.
Sumergirnos en el mundo del artista, y ser capaces de contemplar las descompuestas realidades que surgen con los reflejos de un cristal, puede ser un ejercicio tan interesante como divertido.
Y los objtetivos y finalidades...bueno, desde el vuelo radiante de la imaginación en libertad, algo puramente deportivo, disfrutando de las imágenes excéntricas, sus formas caprichosas, los colores mezclados de forma arbitraria, los recuerdos o sensaciones que traen unos u otros fragmentos de la imagen o todo el conjunto en sí, las emociones que surgen al mirar una rosa tras el escaparate.....mil pensamientos, sensaciones o percepciones....hasta la llegada a un conocimiento más profundo del alma propia, cuando podemos descifrar las causas de emociones o atisbar, nuevamente, los matices de cierta idea, acaso levemente saboreada durante las soporíferas duermevelas de una sobremesas sureña, al calorcito....jajja, o calorazo de unos estupendos 40º (hay que ver lo que se echan de menos en aquellos "páramos norteños", nublaos,lloviendo y con frío...aunque sólo fuera durante dos días...)
1.- Esto?...no son bombones belgas
2.- Esto?...no son cervezas belgas
7.- Esto?...no es una librería belgaNota:
Por decir algo, véase la huella contemporánea del artista en la perfecta descripción de la institución matrimonial, o dícese de la fotito número 4 ( el antes y el después, el vestido de novia y el pájaro enjaulado...). Si Magritte levantara la cabeza, le daba un premio.

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Bonitas fotos. ¿Te acordaste del chocolate blanco? :-).
ResponderEliminarMu buenas.
ResponderEliminarNo hacía falta, el chocolate blanco también viene en las cajitas de Godiva, pero en menor cantidad, eso sí.
Saluditos