Dice Juan Cruz:
[ Carlos Castilla del Pino
Cuando muere alguien de esta edad, y de esta experiencia, profesional, humana, intelectual, puede decirse que en efecto muere un tiempo, una manera de afrontar la realidad, de vivirla y de sufrirla, con todas las contradicciones, frustraciones y esperanzas que tuvieron en España las personas de su edad y de su actitud. Carlos Castilla del Pino fue un hombre de muchas facetas, entre las cuales sobresalió últimamente la faceta del hombre que recuerda. Su libro de memorias, La casa del olvido, le dio oportunidad de ordenar su experiencia al tiempo que ordenaba su tiempo, que era el de mucha gente que, como él, había sufrido la intolerancia religiosa, la intolerancia política, e incluso la intolerancia académica. La larga etapa del franquismo marcó a quienes habían estudiado o aprendido bajo un régimen que marcaba a los jóvenes con la posibilidad de hacer con su libertad lo que estimaran oportuno; la dictadura cerró esa posibilidad, y causó la larga frustración que él narra en ese libro, y que estaba presente también en su mirada, irónica o huidiza, juvenil o desesperanzada. Conocí muy bien a un paralelo suyo, y amigo suyo, Eduardo Haro Tecglen, que inventó un modo sincopado de hacer memorias; los dos las hicieron, los dos vivieron experiencias (dolorosas) parecidas, pero ambos afrontaron esa memoria (las que les hicieron felices, las que les dolieron) desde perspectivas literarias distintas: Haro escribió como si estuviera rehaciendo el tiempo hasta convertirlo en una sombra de ficción, pero Castilla tenía una voluntad barojiana, omnicomprensiva, se quería acordar de todo. Fijarlo todo para que quedara no exactamente en el olvido, pero sí en el archivo del tiempo. Recomiendo volver a sus memorias, son circulares y centrales, ayudan a entender una figura que ahora se hace insustituible para reconstruir el pasado tachado de España. Su manera de ver fue esquinado e independiente; vamos a echar mucho de menos estas perspectivas. ]
http://blogs.elpais.com/juan_cruz/ (entrada 15 mayo, 2009 - 07:27 )
Pues sí, estoy muy de acuerdo con lo que dice el articulista, sobre todo con esa frase final que tanto cuesta encontrar, la ausencia siempre omnipresente de la mirada independiente, esa que sólo busca la verdad, lo más objetiva posible, sin casarse con nadie, tal como dicen nuestros sabios refranes.
[ Carlos Castilla del Pino
Cuando muere alguien de esta edad, y de esta experiencia, profesional, humana, intelectual, puede decirse que en efecto muere un tiempo, una manera de afrontar la realidad, de vivirla y de sufrirla, con todas las contradicciones, frustraciones y esperanzas que tuvieron en España las personas de su edad y de su actitud. Carlos Castilla del Pino fue un hombre de muchas facetas, entre las cuales sobresalió últimamente la faceta del hombre que recuerda. Su libro de memorias, La casa del olvido, le dio oportunidad de ordenar su experiencia al tiempo que ordenaba su tiempo, que era el de mucha gente que, como él, había sufrido la intolerancia religiosa, la intolerancia política, e incluso la intolerancia académica. La larga etapa del franquismo marcó a quienes habían estudiado o aprendido bajo un régimen que marcaba a los jóvenes con la posibilidad de hacer con su libertad lo que estimaran oportuno; la dictadura cerró esa posibilidad, y causó la larga frustración que él narra en ese libro, y que estaba presente también en su mirada, irónica o huidiza, juvenil o desesperanzada. Conocí muy bien a un paralelo suyo, y amigo suyo, Eduardo Haro Tecglen, que inventó un modo sincopado de hacer memorias; los dos las hicieron, los dos vivieron experiencias (dolorosas) parecidas, pero ambos afrontaron esa memoria (las que les hicieron felices, las que les dolieron) desde perspectivas literarias distintas: Haro escribió como si estuviera rehaciendo el tiempo hasta convertirlo en una sombra de ficción, pero Castilla tenía una voluntad barojiana, omnicomprensiva, se quería acordar de todo. Fijarlo todo para que quedara no exactamente en el olvido, pero sí en el archivo del tiempo. Recomiendo volver a sus memorias, son circulares y centrales, ayudan a entender una figura que ahora se hace insustituible para reconstruir el pasado tachado de España. Su manera de ver fue esquinado e independiente; vamos a echar mucho de menos estas perspectivas. ]
Pues sí, estoy muy de acuerdo con lo que dice el articulista, sobre todo con esa frase final que tanto cuesta encontrar, la ausencia siempre omnipresente de la mirada independiente, esa que sólo busca la verdad, lo más objetiva posible, sin casarse con nadie, tal como dicen nuestros sabios refranes.
Hoy nos reíamos de la noticia sobre el Papa, que yo vi ayer como un buen gesto, a pesar de esa clásica desconfianza que suelo tener hacia los representantes de la "santa" iglesia católica.
Cuando escuchaba algo que me parecía tan inusual viniendo del habitual conservadurismo retrógrado del Vaticano, lo que dijo el Papa sobre el derecho palestino a una patria en paz, por un lado me quedé alucinada, por otro pensé " aquí hay gato encerrado", pues, claro, lo que no es cotidiano suele resultarnos, primero, sorpresivo, después quizá sospechoso, digno de dejarse en cuarentena, independientemente de que pueda maravillarnos o resultarnos agradable.
Hoy me reía porque la noticia siguiente era que ya se escuchaban voces que insistían en la necesidad de visitar aquellos lugares, como efecto positivo de las palabras del pontífice y alguien decía, de pronto, pura espontaneidad, "total, que han sido las agencias de viaje las que lo han sobornao para que diga lo de ayer......" claro, en un contexto de gente guasona que no tiene una opinión demasiado buena sobre los efectos generales, valgan las honrosas excepciones, de las instituciones católicas en las sociedades contemporáneas, por correr un tupido velo sobre otras épocas, aquello ha sido germen de risas o carcajadas.
Pues, a estas alturas, ¿ hay alguien que aun siga confiando en la inmaculada pureza de ciertas organizaciones que tanto poder tienen, aun, de forma escandalosa, en autoproclamadas sociedades "laicas"?
Pensé igualmente, "bueno, quizá pueda redundar en algo bueno, quizá tenga algún efecto positivo en los que se dejan guiar por la opinión de "ilustres personalidades" , independientemente de que no es la gente normal la que tiene poder para parar la política terrorista de Israel en Palestina.
Sigo esperando, quizá con ilusa esperanza por confirmar, que el nuevo presidente americano, si no se lo cargan antes los lobbies judíos, pueda hacer algo a este respecto, como en muchas otras injusticias donde los poderosos capitales mundiales y la política del Imperio tienen tanto que decir.
La sospecha, la culpa, la envidia, el silencio o la extravagancia, esas cosas tan tan humanas, que tanto tienen que ver con nuestra Historia, en la que se incluyen papas, políticos o cualesquiera de nosotr@s, son algunos de los temas que estudió e investigó el fallecido psiquiatra.
Con una postura definida e independiente, fiel a su trayectoria y más allá de los relativismos de nuestro tiempo o del "todo vale", dicen que Castilla del Pino fue uno de esos hombre de formación humanista, más allá de su disciplina y comprometido en la lucha contra la injusticia. Esa gente que cuando muere deja un vacío enorme no sólo para sus colegas, familiares o amigos, sino para cierta forma de pensamiento que pregona la independencia, más allá de modas, abalorios o intereses creados.
Esa gente que realmente no muere porque permanece en todas y cada una de sus valiosas palabras escritas, mucho después del irremediable olvido humano.
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Cuando escuchaba algo que me parecía tan inusual viniendo del habitual conservadurismo retrógrado del Vaticano, lo que dijo el Papa sobre el derecho palestino a una patria en paz, por un lado me quedé alucinada, por otro pensé " aquí hay gato encerrado", pues, claro, lo que no es cotidiano suele resultarnos, primero, sorpresivo, después quizá sospechoso, digno de dejarse en cuarentena, independientemente de que pueda maravillarnos o resultarnos agradable.
Hoy me reía porque la noticia siguiente era que ya se escuchaban voces que insistían en la necesidad de visitar aquellos lugares, como efecto positivo de las palabras del pontífice y alguien decía, de pronto, pura espontaneidad, "total, que han sido las agencias de viaje las que lo han sobornao para que diga lo de ayer......" claro, en un contexto de gente guasona que no tiene una opinión demasiado buena sobre los efectos generales, valgan las honrosas excepciones, de las instituciones católicas en las sociedades contemporáneas, por correr un tupido velo sobre otras épocas, aquello ha sido germen de risas o carcajadas.
Pues, a estas alturas, ¿ hay alguien que aun siga confiando en la inmaculada pureza de ciertas organizaciones que tanto poder tienen, aun, de forma escandalosa, en autoproclamadas sociedades "laicas"?
Pensé igualmente, "bueno, quizá pueda redundar en algo bueno, quizá tenga algún efecto positivo en los que se dejan guiar por la opinión de "ilustres personalidades" , independientemente de que no es la gente normal la que tiene poder para parar la política terrorista de Israel en Palestina.
Sigo esperando, quizá con ilusa esperanza por confirmar, que el nuevo presidente americano, si no se lo cargan antes los lobbies judíos, pueda hacer algo a este respecto, como en muchas otras injusticias donde los poderosos capitales mundiales y la política del Imperio tienen tanto que decir.
La sospecha, la culpa, la envidia, el silencio o la extravagancia, esas cosas tan tan humanas, que tanto tienen que ver con nuestra Historia, en la que se incluyen papas, políticos o cualesquiera de nosotr@s, son algunos de los temas que estudió e investigó el fallecido psiquiatra.
Con una postura definida e independiente, fiel a su trayectoria y más allá de los relativismos de nuestro tiempo o del "todo vale", dicen que Castilla del Pino fue uno de esos hombre de formación humanista, más allá de su disciplina y comprometido en la lucha contra la injusticia. Esa gente que cuando muere deja un vacío enorme no sólo para sus colegas, familiares o amigos, sino para cierta forma de pensamiento que pregona la independencia, más allá de modas, abalorios o intereses creados.
Esa gente que realmente no muere porque permanece en todas y cada una de sus valiosas palabras escritas, mucho después del irremediable olvido humano.


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