Hace aproximadamente una semana veo un titular que, no sé si era porque estaba en la hora de la siesta, leí como "camino donante".
Bueno, pues, efectivamente, el tema era una especie de poupourri en el que se mezclaban comentarios sobre la cirujía, la investigación, la "reparación" en suma, del ser humano, por decir algo.
Así es que también, de camino, quiso referirse el articulista al tema de la donación. Y para ello no se le ocurre otra cosa que poner el ejemplo, admirable, eso sí, de alguien de mentalidad conservadora, que, sin embargo, se hace donante.
Y nos cuenta la especie de testamento que hizo un señor al que las gloriosas pompas del mundo y buenas habilidades para escribir, quizá algunas más que sus méritos personales, hicieron un personaje famoso, que no ejemplar, al menos desde mi punto de vista.
Pues para ser alguien admirable no basta con saber escribir. También hay que dar ejemplo, desde la posición pública de la fama, de defensa de ciertos valores esenciales, entre ellos la no discriminación por motivos sexuales, o, en su defecto, callarse la boquita y no hacer apología de la homofobia.
Lo que dice este señor en su testamento de donación sobre aquellas únicas partes del cuerpo que no autoriza a donar, incluyendo, en tono pretendidamente cómico, sus motivos es, como diríamos en andalú del pueblo, "paecharle de comé aparte"
Siempre pensé que Cela escribía bien. Pero nunca fue de mis favoritos, porque es uno de esos casos que demuestran a la perfección la imposibilidad de valorar el arte, en base sólo a sus contenidos, sin tener en cuenta el mensaje, casi contrario en ocasiones, que emite el "artista" cada vez que habla en público.
Cuando el autor se desdice continuamente de su arte en su vida personal y pública, de una forma tan vulgar y grosera como la que llevaba a gala el susodicho, a mí que me dejen de tonterías, no sólo se me quitan las ganas de seguir leyéndolo, sino que ya no me creo nada de lo que dice ni cómo lo dice.
El artista realmente comprometido con su arte también debiera comprometerse en la vida propia de forma paralela, si no quiere parecer patético.
Pues en caso contrario su obra puede resentirse en gran medida por el absurdo del contraste.
Si en lugar de ser un artista de su propia cotidianeidad se dedica a lanzar mensajes soeces, maleducados y, encima, homófobos, como si él y su arte fueran cosas completamente distintas, pues el cuadro resultante provoca apabullantes dosis de desconfianza, poca o nula credibilidad y, consecuentemente, falta de valoración de lo que podría ser una obra estupenda.
Y es que el arte puede ser simple y puro disfrute, pero cuando en el instituto te encumbran al autor como un genio, o un tal o un cual y te obligan a leer la familia de Pascual Duarte, (por cierto, ejemplo de crítica de una España negra total, cuya herencia aún llevamos dentro) y después, al cabo de los años descubres ciertas lindezas como las que dice el "artista", pues la verdad, mejor reciclar el apretado y escaso espacio de la biblioteca para otro tipo de literatura.
Como lo de echar un libro al fuego todavía nos da cierto reparo a los amantes de Farenheit, bueno, siempre se puede donar a una ONG de estas que enseñan a leer y escribir por esos mundos lejanos, sin meterse en demasiadas honduras.
Analizando más pormenorizadamente lo que dice nuestro personaje, entre otros especímenes por el estilo, da la impresión de que, ciertamente, debe existir una variedad de la raza humana en la que podemos apreciar a simple vista esa conexión de orificios del cuerpo, pues pareciera que los contenidos que se expulsan por uno, en forma de matéricos desechos, son directamente paralelos a los que se escupen "espiritualmente", por otro teóricamente mucho más noble.
Asombroso, para la ciencia, pero cierto. Al ejemplo me remito.
En cuanto a esa palabra tan fatídica, tan relacionada con la moral judeocristina, "perdón", ( dice el articulista "perdonemos sus excesos homófobos" ) pues no creo que haya nada que "perdonar", en todo caso habría que realizar una especie de carta-respuesta, diciéndole a este señor (que a buen seguro estará en la gloria de su dios ) lo que le diría un amigo mío en cuatro palabras: "no sabe usted lo que se ha perdido..mmmm, qué cosa más buena, mare míaaaaaaaaa" ( que él es mu plumas y mu mari...jajaja).
El caso de este artículo que cita a alguien que lleva muerto bastante tiempo, me da que pensar. Pues, aunque pienso que de todo o casi todo podemos reirnos en la vida para hacerla más liviana, cuando nos encontramos con estos ejemplos que atacan directamente a la dignidad de las personas, creo que las risas están de más, y es imposible pasar de largo como si no fuera con nosotr@s, y, como poco, sólo nos queda responder con toda la educación, con la más negra de las ironías y el temple más inteligente. Ese es el sentido de la respuesta de esta entrada.
No sigo porque, de repente me he puesto fúnebre, y me estoy acordando de un caso verídico que ocurrió en un hospital, mejor no dar nombres. Un caso escabroso que terminó en final feliz, pues a alguien en el mortuorio no se le ocurrió otra cosa que abusar de una chica a la que habían dado por muerta, con la consecuencia de que "resucitó" con el trajín del "amor".
Y es que el amor, no éste de arriba sino el verdadero, hacer milagros.
Según Woody Allen, en su última pelicula, es posible que aparezca en cualquier momento, incluyendo la posibilidad de que el más recalcitrante de los homófobos descubra que es absolutamente homosexual, si es que las preferencias sexuales pudieran medirse por grados.
Ya decía mi abuela, con toda la sabiduría de los refranes, "de lo que se critica, se gusta", digamos....casi siempre.
Bueno, pues, efectivamente, el tema era una especie de poupourri en el que se mezclaban comentarios sobre la cirujía, la investigación, la "reparación" en suma, del ser humano, por decir algo.
Así es que también, de camino, quiso referirse el articulista al tema de la donación. Y para ello no se le ocurre otra cosa que poner el ejemplo, admirable, eso sí, de alguien de mentalidad conservadora, que, sin embargo, se hace donante.
Y nos cuenta la especie de testamento que hizo un señor al que las gloriosas pompas del mundo y buenas habilidades para escribir, quizá algunas más que sus méritos personales, hicieron un personaje famoso, que no ejemplar, al menos desde mi punto de vista.
Pues para ser alguien admirable no basta con saber escribir. También hay que dar ejemplo, desde la posición pública de la fama, de defensa de ciertos valores esenciales, entre ellos la no discriminación por motivos sexuales, o, en su defecto, callarse la boquita y no hacer apología de la homofobia.
Lo que dice este señor en su testamento de donación sobre aquellas únicas partes del cuerpo que no autoriza a donar, incluyendo, en tono pretendidamente cómico, sus motivos es, como diríamos en andalú del pueblo, "paecharle de comé aparte"
Siempre pensé que Cela escribía bien. Pero nunca fue de mis favoritos, porque es uno de esos casos que demuestran a la perfección la imposibilidad de valorar el arte, en base sólo a sus contenidos, sin tener en cuenta el mensaje, casi contrario en ocasiones, que emite el "artista" cada vez que habla en público.
Cuando el autor se desdice continuamente de su arte en su vida personal y pública, de una forma tan vulgar y grosera como la que llevaba a gala el susodicho, a mí que me dejen de tonterías, no sólo se me quitan las ganas de seguir leyéndolo, sino que ya no me creo nada de lo que dice ni cómo lo dice.
El artista realmente comprometido con su arte también debiera comprometerse en la vida propia de forma paralela, si no quiere parecer patético.
Pues en caso contrario su obra puede resentirse en gran medida por el absurdo del contraste.
Si en lugar de ser un artista de su propia cotidianeidad se dedica a lanzar mensajes soeces, maleducados y, encima, homófobos, como si él y su arte fueran cosas completamente distintas, pues el cuadro resultante provoca apabullantes dosis de desconfianza, poca o nula credibilidad y, consecuentemente, falta de valoración de lo que podría ser una obra estupenda.
Y es que el arte puede ser simple y puro disfrute, pero cuando en el instituto te encumbran al autor como un genio, o un tal o un cual y te obligan a leer la familia de Pascual Duarte, (por cierto, ejemplo de crítica de una España negra total, cuya herencia aún llevamos dentro) y después, al cabo de los años descubres ciertas lindezas como las que dice el "artista", pues la verdad, mejor reciclar el apretado y escaso espacio de la biblioteca para otro tipo de literatura.
Como lo de echar un libro al fuego todavía nos da cierto reparo a los amantes de Farenheit, bueno, siempre se puede donar a una ONG de estas que enseñan a leer y escribir por esos mundos lejanos, sin meterse en demasiadas honduras.
Analizando más pormenorizadamente lo que dice nuestro personaje, entre otros especímenes por el estilo, da la impresión de que, ciertamente, debe existir una variedad de la raza humana en la que podemos apreciar a simple vista esa conexión de orificios del cuerpo, pues pareciera que los contenidos que se expulsan por uno, en forma de matéricos desechos, son directamente paralelos a los que se escupen "espiritualmente", por otro teóricamente mucho más noble.
Asombroso, para la ciencia, pero cierto. Al ejemplo me remito.
En cuanto a esa palabra tan fatídica, tan relacionada con la moral judeocristina, "perdón", ( dice el articulista "perdonemos sus excesos homófobos" ) pues no creo que haya nada que "perdonar", en todo caso habría que realizar una especie de carta-respuesta, diciéndole a este señor (que a buen seguro estará en la gloria de su dios ) lo que le diría un amigo mío en cuatro palabras: "no sabe usted lo que se ha perdido..mmmm, qué cosa más buena, mare míaaaaaaaaa" ( que él es mu plumas y mu mari...jajaja).
El caso de este artículo que cita a alguien que lleva muerto bastante tiempo, me da que pensar. Pues, aunque pienso que de todo o casi todo podemos reirnos en la vida para hacerla más liviana, cuando nos encontramos con estos ejemplos que atacan directamente a la dignidad de las personas, creo que las risas están de más, y es imposible pasar de largo como si no fuera con nosotr@s, y, como poco, sólo nos queda responder con toda la educación, con la más negra de las ironías y el temple más inteligente. Ese es el sentido de la respuesta de esta entrada.
No sigo porque, de repente me he puesto fúnebre, y me estoy acordando de un caso verídico que ocurrió en un hospital, mejor no dar nombres. Un caso escabroso que terminó en final feliz, pues a alguien en el mortuorio no se le ocurrió otra cosa que abusar de una chica a la que habían dado por muerta, con la consecuencia de que "resucitó" con el trajín del "amor".
Y es que el amor, no éste de arriba sino el verdadero, hacer milagros.
Según Woody Allen, en su última pelicula, es posible que aparezca en cualquier momento, incluyendo la posibilidad de que el más recalcitrante de los homófobos descubra que es absolutamente homosexual, si es que las preferencias sexuales pudieran medirse por grados.
Ya decía mi abuela, con toda la sabiduría de los refranes, "de lo que se critica, se gusta", digamos....casi siempre.
http://www.elmundo.es/papel/2009/09/25/ultima/19462038.html

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No me gusta Cela. Intenté una vez leer un libro porque me lo regalaron, pero no pude,se me atrancaba de tal manera, que creo que este año ha terminado en la tómbola de Cáritas.
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