Querida...
Ya sabes que volver de las vacaciones casi siempre produce ese sentimiento de nostalgia de las bellezas experimentadas. No hace falta ir a lejanos países o remotas regiones de nuestro planeta.
Para los que vivimos en el interior, en tórridos lugares donde el verano puede ser insufrible si eres caluros@, podrás imaginar que llegar al mar resulta ser uno de esos placeres que no tienen precio.
Andar por la orilla, respirando el aire salado, sentir el frescor o el frío casi habitual de algunas playas atlánticas, mirar sin descanso esa inmensidad que viene y va, como la representación de casi todo lo maravilloso ( sí, siempre será "casi", mientras me sigas faltando tú ), quedarte ensimismada, observando y escuchando ese rumor cadencioso que suena a eco permanente; calcular las horas de las mareas y saber que mañana a la misma hora ya no estará tan baja y la lengua de tierra dejará poco margen al paseo.
Intentar descubrir por qué se forma una ola y otra y otra, aunque digan que es por la luna, pero cómo y de qué manera.
Y de noche, ya en el descanso, seguir oyendo ese ronroneo del agua marina, como un arrullo para los sueños...Y respirar, cada día, frente al mar, profunda y lentamente, y de pie, como si fuera la última vez.
Bueno, tú y yo sabemos cuál es el grado de maravilla que sentimos a la orilla de casi todas las playas. Y no hace falta que te explique lo que ya sabes. Sobre todo porque mirar al infinito, la vista casi perdida en las lejanías, nos sumerge en las profundidades de memorias, fantasías y anhelos. La imaginación se dispara y todo resulta posible, tal como te contaba en otras ocasiones.
Junto a los pescaos a la plancha o fritos, mmmmmm, qué bueno que está el adobo o los boquerones, junto a las noches en los pueblos pesqueros, siempre en fiesta, y ese poder sentarse a escribir sin prisas, sin agobios, sin nada ni nadie que te achuche, quiero compartir contigo estas estupendas vacaciones, breves pero intensas en sus contenidos. Por ahora sólo podrás disfrutarlas en algunas de estas fotitos.
Pero ya sabes que estás invitada para el próximo verano, que, espero, hayas regresado a este país que nos alberga ( ¿ te he dicho que te echo de menos y te llevo allá donde voy ? vale, era sólo para que no lo olvidaras y las estrellas nocturnas te hicieran llegar el mensaje, que dice algo así: no tardes demasiado en volver, que la vida se nos acaba, Amor...
Ya sabes que volver de las vacaciones casi siempre produce ese sentimiento de nostalgia de las bellezas experimentadas. No hace falta ir a lejanos países o remotas regiones de nuestro planeta.
Para los que vivimos en el interior, en tórridos lugares donde el verano puede ser insufrible si eres caluros@, podrás imaginar que llegar al mar resulta ser uno de esos placeres que no tienen precio.
Andar por la orilla, respirando el aire salado, sentir el frescor o el frío casi habitual de algunas playas atlánticas, mirar sin descanso esa inmensidad que viene y va, como la representación de casi todo lo maravilloso ( sí, siempre será "casi", mientras me sigas faltando tú ), quedarte ensimismada, observando y escuchando ese rumor cadencioso que suena a eco permanente; calcular las horas de las mareas y saber que mañana a la misma hora ya no estará tan baja y la lengua de tierra dejará poco margen al paseo.
Intentar descubrir por qué se forma una ola y otra y otra, aunque digan que es por la luna, pero cómo y de qué manera.
Y de noche, ya en el descanso, seguir oyendo ese ronroneo del agua marina, como un arrullo para los sueños...Y respirar, cada día, frente al mar, profunda y lentamente, y de pie, como si fuera la última vez.
Bueno, tú y yo sabemos cuál es el grado de maravilla que sentimos a la orilla de casi todas las playas. Y no hace falta que te explique lo que ya sabes. Sobre todo porque mirar al infinito, la vista casi perdida en las lejanías, nos sumerge en las profundidades de memorias, fantasías y anhelos. La imaginación se dispara y todo resulta posible, tal como te contaba en otras ocasiones.
Junto a los pescaos a la plancha o fritos, mmmmmm, qué bueno que está el adobo o los boquerones, junto a las noches en los pueblos pesqueros, siempre en fiesta, y ese poder sentarse a escribir sin prisas, sin agobios, sin nada ni nadie que te achuche, quiero compartir contigo estas estupendas vacaciones, breves pero intensas en sus contenidos. Por ahora sólo podrás disfrutarlas en algunas de estas fotitos.
Pero ya sabes que estás invitada para el próximo verano, que, espero, hayas regresado a este país que nos alberga ( ¿ te he dicho que te echo de menos y te llevo allá donde voy ? vale, era sólo para que no lo olvidaras y las estrellas nocturnas te hicieran llegar el mensaje, que dice algo así: no tardes demasiado en volver, que la vida se nos acaba, Amor...

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Guauuaauaaaaaaaaaaauuuuuuuuuuuu!!!
ResponderEliminarQuién es la afortunada de ese mensaje?!!!!????.
aysss que no había visto este comentario. Bueno, a ti...qué te parece? qué imaginas cuando lees algo así? qué harías tú si fueras la destinataria de un mensaje así?
ResponderEliminarMe interesa conocer otras opiniones y espero, por tanto, que tu respuesta sea la más sincera posible.
Gracias por anticipado.
saluditos
Pues imagino un amor que me extraña y que anhela mi regreso..
ResponderEliminarSi yo fuera la destinataria d eun mensaje así?( me ha spedido sinceridad,no?,)
primero me pellizcaría para no creerme en un sueño,jeje. Y luego me sentiría afortunada,es
bonito que te extrañen,es buena señal.
Hola, Alas, gracias por tu sinceridad..... ¿ un sueño ? me resulta curioso, pues no es la primera vez que mis escritos provocan esa sensación de irrealidad. ¿ será que mis lector@s están muy apegados a cierta "realidad" ? ¿ será que no conciben una realidad como la que parecen evocar "mis sueños" ??? aysss, perdona chica,que tanto preguntar seguro que no puede ser ná bueno...no he dicho ná ( o...sí? jajaja)
ResponderEliminarGracias por tus palabras.
Saluditos