Subió a la azotea. Era un día cualquiera de agosto. No podía dormir, como casi habitualmente, en el calor del verano sevillano. Había demasiada gente en la casa de Jerez y ella no estaba para fiestas.
La tele recordó que era el día de las estrellas. Que nadie debía perderse aquella maravillosa lluvia de estrellas.
Pero ella no necesitaba estrellas que distrajeran su tristeza. Lo único que necesitaba parecía, cada día más, un imposible como otro cualquiera.
De todas formas, no tenía nada mejor que hacer. Las 3 de la madrugada. Silencio casi absoluto. Se tumbó en su hamaca portátil. Corria una brisa fresca, casi un tesoro que aliviaba los tórridos días sureños. Estaba tan cansada que no comprendía por qué no le llegaba el sueño. La inquietud del cuerpo se le traducía en esas pequeñas urticarias nerviosas que iban y venían por las piernas, casi como algo propio.
Poco a poco los ojos iban cerrándose, se iba abandonando al relajo y su cuerpo, acariciado por la dulzura del aire nocturno, llegaba a ese estado de rendición que, ni siquiera las almas doloridas pueden superar.
El paso de un coche lejano, estridente en la paz de todos los agostos urbanos, la devolvió a la vigilia. Miró, de nuevo, al cielo y, súbita, rápidamente, ocurrió lo previsible.
Naturalmente, la única palabra que su pensamiento pudo dibujar al paso maravilloso de las Perseidas fue, como la más perenne de las letanías, un solo nombre, casi gastado por los recuerdos y los anhelos, una palabra de 6 letras que pervivía, como si fuera la noche de su declaracíon, grabada en su alma, de arriba abajo, de norte a sur y de este a oeste.
-¿ dónde estás, Amor ? ¿ acaso compartes esta noche con tu soledad perpétua? ¿ acaso el tiempo secó tu corazón y tu memoria y ya no sientes la seducción de las cosas especiales? quizá sólo pueda imaginarte como la estrella fugaz que fuiste, en la maravilla de las cosas breves que nos arrebatan cuerpo y alma, más allá de esta tierra demasiado cotidiana para tus miedos y tus desprecios. Sé que llegará ese día en que apenas me importe, sino como el más leve de los recuerdos de felicidad.
Mientras, seguiré soñando, déjame que siga soñando, al ritmo del cielo, que los días del Amor ya están más cercanos, porque cada vez que contemplo las bellezas de la naturaleza, todo eso me hace sentirte tan cerca como si fuéramos, de nuevo, integrantes de esas estelas veloces, pasando al ritmo de infinitas y extrañas, lejanas claridades, más allá del universo conocido.
La tele recordó que era el día de las estrellas. Que nadie debía perderse aquella maravillosa lluvia de estrellas.
Pero ella no necesitaba estrellas que distrajeran su tristeza. Lo único que necesitaba parecía, cada día más, un imposible como otro cualquiera.
De todas formas, no tenía nada mejor que hacer. Las 3 de la madrugada. Silencio casi absoluto. Se tumbó en su hamaca portátil. Corria una brisa fresca, casi un tesoro que aliviaba los tórridos días sureños. Estaba tan cansada que no comprendía por qué no le llegaba el sueño. La inquietud del cuerpo se le traducía en esas pequeñas urticarias nerviosas que iban y venían por las piernas, casi como algo propio.
Poco a poco los ojos iban cerrándose, se iba abandonando al relajo y su cuerpo, acariciado por la dulzura del aire nocturno, llegaba a ese estado de rendición que, ni siquiera las almas doloridas pueden superar.
El paso de un coche lejano, estridente en la paz de todos los agostos urbanos, la devolvió a la vigilia. Miró, de nuevo, al cielo y, súbita, rápidamente, ocurrió lo previsible.
Naturalmente, la única palabra que su pensamiento pudo dibujar al paso maravilloso de las Perseidas fue, como la más perenne de las letanías, un solo nombre, casi gastado por los recuerdos y los anhelos, una palabra de 6 letras que pervivía, como si fuera la noche de su declaracíon, grabada en su alma, de arriba abajo, de norte a sur y de este a oeste.
-¿ dónde estás, Amor ? ¿ acaso compartes esta noche con tu soledad perpétua? ¿ acaso el tiempo secó tu corazón y tu memoria y ya no sientes la seducción de las cosas especiales? quizá sólo pueda imaginarte como la estrella fugaz que fuiste, en la maravilla de las cosas breves que nos arrebatan cuerpo y alma, más allá de esta tierra demasiado cotidiana para tus miedos y tus desprecios. Sé que llegará ese día en que apenas me importe, sino como el más leve de los recuerdos de felicidad.
Mientras, seguiré soñando, déjame que siga soñando, al ritmo del cielo, que los días del Amor ya están más cercanos, porque cada vez que contemplo las bellezas de la naturaleza, todo eso me hace sentirte tan cerca como si fuéramos, de nuevo, integrantes de esas estelas veloces, pasando al ritmo de infinitas y extrañas, lejanas claridades, más allá del universo conocido.
Beatles: Hey Jude
Hey Jude, don't make it bad
Take a sad song and make it better
Remember to let her into your heart
Then you can start to make it better
Hey Jude, don't be afraid
You were made to go out and get her
The minute you let her under your skin
Then you begin to make it better
And anytime you feel the pain
Hey Jude, refrain
Don't carry the world upon your shoulders
For well you know that it's a fool
Who plays it cool
By making his world a little colder
Hey Jude, don't let me down
You have found her, now go and get her
Remember to let her into your heart
Then you can start to make it better
So let it out and let it in
Hey Jude, begin
You're waiting for someone to perform with
And don't you know that it's just you
Hey Jude, you'll do
The movement you need is on your shoulder
Hey Jude, don't make it bad
Take a sad song and make it better
Remember to let her under your skin
Then you'll begin to make it better.
| Oye, Jude, no lo estropees Coge una canción triste y mejórala Recuerda que has de hacerle un sitio en tu corazón Sólo así podrán irte mejor las cosas Oye, Jude, no tengas miedo Naciste para hacerla tuya En cuanto la metas en tu piel Podrán empezar a irte mejor las cosas Y cada vez que sientas dolor Oye, Jude, déjalo No cargues con el mundo a tus espaldas Porque sabes muy bien que es de idiotas Ir de chulo Haciendo tu mundo un poco más frío Oye, Jude, no me falles Ahora que la has encontrado, hazla tuya Recuerda, oye, Jude, que has de hacerle un sitio en tu corazón Sólo así podrán irte mejor las cosas Así pues, déjala a su aire Oye, Jude, empieza ya Estás buscando a alguien con quien tocar ¿Y no sabes que eres precisamente tú? Oye, Jude, lo harás El movimiento que necesitas está en tus hombros Oye, Jude, no lo estropees Coge una canción triste y mejórala Recuerda que has de meterla en tu piel Sólo así podrán irte mejor las cosas. | |

A este lado del Paraíso by noviembres is licensed under a Creative Commons Atribución-No Comercial-Sin Obras Derivadas 3.0 España License.

Jo. Me perdí la lluvia de estrellas.
ResponderEliminarY mira que tenía un deseo pendiente!.
Hola.No tengo mi blog puesto para cuando alguien hace un comentario me avise. Por eso es que el tuyo del cuestionario me lo encontré hoy I´sorry.
ResponderEliminarMi blog se lee como cada cual prefiera.(para qué voy a poner normas,jeje).
Creo que sólo hay una historia que tiene segunda parte.
Pero aparte de eso, el orden de los factores no altera el producto.
Buena tarde.