Finalmente, llegó la hora y empezó a recoger los materiales de la clase.
-Si, dime... háblame mientras recojo, que te escucho.
-Quería hablar un momento con usted.
-Vale, dime...de qué se trata.
-Pues...
M. levantó la vista y vio por primera vez la expresión de la chica.
-¿Te pasa algo?
-La verdad es que sí.
-Termino enseguida y nos vamos al despacho, vale?
Era la típica cara de alguien que había estado llorando. Empezó a imaginar, después de hacer un repaso rápido sobre las conclusiones que habían ido apareciendo, vibrantes, cálidas, intensas, incluso eróticas, como los fuegos de las pasiones vetustenses, de dónde venía aquella descomposición de rostro pálido y miserable.
-Sí, prefiero esperar y hablar en un sitio tranquilo, si no le importa.
-Para nada. Entonces...a ver... ya podemos irnos. Ya que estás, ¿te importa ayudarme con esta carpeta?
-Claro.
Los pasillos estaban casi despoblados. El murmullo de la cafetería y el resonar de platos, vasos y sillas se acompañaba de ese olor a rancho estudiantil y risas de alto volumen, completamente ajenas a la calidad de la comida.
-Qué hambre, no?
-La verdad es que no tengo nada de hambre.
-Ya....bueno, aquí estamos. Ufff, olvidé que estaba preparando un trabajo...espera un segundo y recojo todo esto....a ver......ya! menos mal! perdona el desorden, pero, bueno, es uno de mis problemas irresolubles.
Finalmente se sentó y empezó a mirar directamente a la chica, que había esbozado una sonrisa tenue.
-¿te llamas? perdona pero tengo varios cursos de la misma asignatura y todavía no he conseguido aprenderme todos los nombres.
-Esther. Me llamo Esther - dijo la chica en un tono casi solemne.
- (..la hostia...¿será posible?...me cago en....)...Bueno, Esther, dime en qué puedo ayudarte - se recompuso rápida y profesionalmente mientras se acordaba, como estaba mandao, de todos los muertos del cementerio.
-Había pensado que quizá usted, que parece saber tanto de estos temas, los que hemos tratado en clase, quizá podría ayudarme.
-¿ Tienes, por casualidad, un novio infiel?
-Nooo, jajajjaja, bueno sí.... no... no sé....estoy hecha un lío.
-Soy toda oídos. Pero sería mejor que empezaras por el principio, no te parece?
-Él está casado. Pero estamos enamorados. Nos queremos. En realidad, sólo nos conocemos desde hace tres meses...pero los dos sentimos que ya no podríamos vivir uno sin el otro y...
M. esbozó una sonrisa triste y trató de elegir las mejores palabras para no herir a la chica.
- ¿ Sabes? casi todos pensamos eso.... antes, durante e incluso cuando perdemos a ese alguien tan importante. Ese alguien que se ha convertido en el centro de nuestro Universo porque el Amor se apodera de nuestra alma. Pero, realmente, el tiempo nos demuestra que nadie muere de Amor...
-Pero...
- Al menos de forma física o material. Tú eres muy joven y hablas y sientes con inocencia adolescente; con ese cúmulo casi de película de Hollywood, que la mayoría llevamos impreso en las células, para bien y para mal...
Nos enseñaron a creer en príncipes azules que rescatarían nuestro corazón de una existencia anodina, príncipes que nos llevarían en una emocionante, mágica carroza hacia el País de las Maravillas, ¿entiendes que esto es así?
-Pero es que yo me siento así con él. Cuando estoy a su lado es como si flotara y cuando estoy lejos siento un vacío interior que me inunda y...
-Pero, por lo que has dicho, supongo que el problema es que él no se decide a coger las riendas de la carroza, verdad?
-Qué quiere decir?
-Tú estás esperando a que él tome una decisión que nunca llega, no es así?
-Exacto, pero el problema no es él, él dice que quiere hacerlo pero que no sabe cómo. Creo que tiene demasiado miedo a las consecuencias.
-Ya. Perdona que sea quizá demasiado sincera, pero no puedo engañarte sobre lo que pienso.
-Claro.
- ¿No se te ha ocurrido pensar que quizá él se escude en el miedo porque no está seguro del cambio, a pesar de lo mucho que hable de necesitarte para su vida? podría ser una posibilidad.
-¡ Claro que no!
- Entonces, ¿ por qué sigue sufriendo y, sobre todo, por qué sigue haciéndote sufrir a ti? o, acaso, ¿prefiere conservar la seguridad de lo conocido para no luchar por la aventura incierta hacia lo maravilloso? hay mucha gente que siente así, aunque luego diga otras cosas.......
-Ya, y tú, ¿qué piensas hacer?
-Pues por eso estoy hablando con usted. No sé qué hacer. No aguanto la situación; pero soy incapaz de imaginarme la vida sin él. No soportaría decirle adios....lo quiero demasiado.
-En estos casos nadie puede decirte lo que debes hacer. Pero, desde mi propia experiencia, sí puedo animarte a que hagas una valoración, a que trates de examinar los pros y los contras de esta situación. Quizá tendrías que decidir qué es lo que te conviene antes de que él te abandone definitivamente. De hecho, lo está haciendo lentamente, quizá sin saberlo ni proponérselo, pero ¿no crees que, de alguna manera, su actitud ambigua ya supone una prueba de sus verdaderos deseos?
- Él no piensa abandonarme NUNCA- dijo visiblemente molesta la chica. Me ha dicho que va a hablar con su mujer cuando encuentre el momento oportuno y yo lo creo, sé que me está diciendo la verdad, lo siento en sus palabras....... Pero...
-Qué?
- Siempre dice que no soporta verla llorar. Que, por eso, piensa que sería capaz de quedarse así toda la vida y sufrir él para no hacerla sufrir a ella.
- Ufff, lo único que puedo decirte es que lo pienses detenidamente. No quiero desilusionarte, pero ¿merece la pena tanto sufrimiento por alguien?
-Claro que sí. Sé que él no va a traicionarme. Una vez me dijo que si, en el peor de los casos no pudiéramos ser novios, siempre seríamos amigos, siempre. Y creo que eso dice mucho de él, ¿no le parece?
-Ya. En ese caso, espero que las cosas salgan lo mejor posible.
-Le agradezco mucho su ayuda, aunque no sé si me servirá de algo. Cuando pienso en él, es como si ninguna de mis razones tuviera importancia.
- Bueno, en el peor de los casos, ya sabes que el tiempo recompone el corazón, ¿verdad?
- Eso dicen, pero yo soy incapaz de creerlo en este momento porque los dos pensamos que hemos encontrado a nuestra media naranja, algo así como nuestro otro yo... ¿me comprende?
-Perfectamente. Pero hazme caso y piénsatelo. Sé que es muy difícil. Pero ya que me has preguntado...
-Sí. Le estoy muy agradecida, de verdad. Y perdone si le he hecho perder el tiempo.
-No te preocupes, me gusta ser útil en estas cosas tan importantes. Aunque en este caso, sé que da casi igual lo que te diga yo, o tu madre, o tus amigas. Eres tú quien deber ver, sentir y decidir.
-Vale, tengo que irme.
-Sí. Supongo que será lo mejor. Entonces, hasta luego.
El aire dio un portazo y M. se quedó quieta. Sólo entonces lanzó aquel suspiro liberador. Y aquella única lágrima traicionera surgió libre mientras ella se apoyaba en la mesa, sujetándose la frente, como si así pudiera apelar a su inteligencia intelectual, recordarse a sí misma que no era el momento de dejar salir el dolor, ahora no, no podía, no debía caer en la tentación de abandonarse a las verdades de su alma, de dejar que el corazón venciera de nuevo sus mil razones perfectas.
Le parecía mentira que la vida pudiera ser tan cruel, pues aunque los temas de la clase habían supuesto un nuevo reto para su capacidad de autocontrol, no estaba preparada para algo tan emocional; aquella conversación había sido el ejemplo clásico del hurgar en la herida, profunda e insistentemente, sin previo aviso, sin filtros de amortiguación ni suaves medidas antichoque que frenaran los afilados punzones del dolor.
Cada una de las palabras de la muchacha la había trasladado a su propia pesadilla interna, mientras se sentía una hipócrita defendiendo actitudes racionales delante de alguien que no tenía ni la mitad de recursos que ella para actuar de forma, si no madura, al menos un poco más consecuentemente con la propia sanidad mental.
Sabía de sobras de qué forma las pasiones se apoderaban del entendimiento para dejarlo completamente anulado. De qué forma los consejos serían como la retahila del agua en los cristales. Y lo peor, sabía cuál sería el camino y cuánto le quedaba por sufrir a alguien tan joven.
En cuanto a ella misma, contaba, además, con el agravante de que era, precisamente aquella herencia de idealismos y utopías, la que todavía, después de años, la mantenía en la posición de una auténtica adolescente.
Las imágenes, las de su propia vida, fueron reproduciéndose mientras repasaba la conversación y el disgusto por lo poco que había podido ayudarla, en aquel estado de absoluta indefensión, en esa escandalosa ceguera que sólo los Amores pasionales podían provocar.
El aire de primavera volvía a abrirle los balcones, como si la naturaleza entera se empeñara en echarle una mano, invadiéndola, junto al frescor característico de la época, de fragancias sabrosas que la hicieron volver la vista.


Incluso las plantas crasas de la terraza, más allá de las limitaciones de su condición, no sólo seguían viviendo en las más extremas circunstancias climáticas, sino que producían ese milagro de la floración.
La primavera, con toda su belleza, la aturdía, la maravillaba, la avergonzaba una vez más. Los árboles se mecían con los atardeceres, las nubes dibujaban mil y una formas, jugando con los azules, formando caprichitos para admirar a los niños. El silencio se cubría de trinos., todo restallaba con la fuerza de la vida.
Pero M. no podía disfrutar de semejante espectáculo sino en la milésma parte que le permitía su estado de enajenación, pues la magia de la primavera era, precisamente, una de las cosas que más desataba el sentimiento profundo de nostalgia y orfandad, aquella soledad de no poder compartir con ella las esencias de la vida.
Cerró los ojos porque todo volvía de nuevo, con el mismo escalofrío, con el vértigo de aquellos días, sucediéndose unos a otros, como nuevos pesos que se le acumulaban dentro; aumentando día a día la fogosa impaciencia de los enamorados, aquella maravillosa y terrorífica locura de Amor; sus mil arrebatos contenidos y sofocados para no salir corriendo hacia Alicante, sus lágrimas de secreta impotencia en los momentos en los que no sabía o no podía consolar a Esther, su Esther.
Recordó una de esas conversaciones difíciles en las que apenas se puede hacer algo por quien se desahoga; nada que no sea escuchar, con toda la empatía, su tristeza, su rabia, su impotencia.
M. recordó haber llegado a esos extremos que para ella eran pura irracionalidad, en aquellas noches sin dormir, en tantos momentos de días sin sol, cuando no sabía cómo sacudirse aquel dolor que se colaba, como un bisturí fino, hasta lo más hondo; cuando escuchaba a Esther y era capaz de saber, con la angustia de un presentimiento, que ya le estaba diciendo adios, que, por ahora, no sería capaz de sacudirse el miedo.
Porque, asombrosamente para ella misma, a M. la vida le traía esos fogonazos repentinos, sabias visiones intuitivas sobre los procesos de la experiencia humana.
Se recordó, una vez más, de rodillas, cansada de llorar, mirando al cielo de las noches, suspirando y hablando sola: "dime que sí, dime que vas a ser capaz....ayúdala, dios mío, si es que estás en algún sitio.... y haz que no se rinda...porque si no.. Amor mío....sé que me moriré...porque yo ya no tengo fuerzas para vivir sin ti, ahora que te he encontrado..."
Las palabras de la chica... eran las mismas palabras desesperadas de su propia historia, las palabras de quien se encuentra en una encrucijada tremendamente díficil; tanto como suelen serlo las decisiones que afectan al Amor.
Pues reconocer que el Amor nace, se desarrolla y muere resulta tan difícil.....que, simplemente, nos resistimos a perder la maravilla que nos alumbró en los primeros tiempos.
Curiosamente, vemos el paso de la edad en los rasgos físicos, en la mayor flacidez de la carne o en los kilos de más; incluso percibimos ese dibujo implacable que el tiempo imprime en el propio rostro, cuando el diseño del alma ya aparece nítidamente manifiesto en la expresión del conjunto.
- ¿Sabes que a los 40 ya tenemos la cara que nos merecemos?
- ¿ Síiiii? jajjaa, no me digas.
Ella se había reído con la sorpresa de la frase. Pero, ahora que miraba al espejo prestándose más atención, para aceptar que se lo debía a sí misma, podía apreciar fácilmente la insoslayable realidad de algo que podría ser una tontería como otra cualquiera.
La tristeza de la mirada, la seriedad casi permanente, la imposibilidad casi absoluta para recuperar la ilusión por las cosas amadas, ese pequeño rictus casi amargo que empezaba a surgir bajo las comisuras finales, sólo iluminado pasajeramente por momentos de pequeñas satisfacciones, leves sensaciones que su carácter inquieto y juguetón conseguía arrancar siempre que el ánimo se lo permitía.
No, no había que ser demasiado agud@ para saber leer desde fuera cuál era el grado de infelicidad de M.
Y sólo cuando conseguía recuperar la ilusión o la esperanza de volver a ver a Esther, se sentía capaz de seguir soportando la pesadez de la rutina. La soledad enmedio de multitudes. El sentimiento de vacío que nada ni nadie conseguía aliviar.
Pues habitualmente tenemos agallas para contemplar nuestra propia decadencia pero quizá seamos incapaces de admitir la de una historia de Amor. Y de esta generalizada insuficiencia allende el común de los mortales surge, como una fuente inagotable, una completa parálisis para digerir la evolución de las cosas y sus procesos.
La Historia se repetía desde los distintos ángulos del caleidoscopio; los hechos eran los mismos; pues la condición humana, más allá de leves diferencias individuales, repite, eternamente, los mismos errores, especialmente si éstos reflejan los pantanosos terrenos de la emoción.
- Entonces que tal?...como estás?... menos agobiada?
- Ufff, no me hables,que estoy fatal, que no doy abasto...llevo noches sin dormir bien.
-De verdad no te agobies. Intenta tomártelo con mas tranquilidad por favor...aunque desde luego sé que no soy la más indicada para decirte esto. Pero te comprendo perfectamente.. sé que tu situación no es nada fácil...estás ahí?
-Claro, te escucho...tienes razon, no lo es para nada.
-y... ¿has pensao algo nuevo?
-No, nada, sólo que no soy capaz de hablar con él. No puedo siquiera imaginarme el momento de hablarle..ufff, veo cómo me trata...
-Ya, puedo imaginarlo.
Y pensaba en cuánto sería el dolor de Andrés cuando supiera que el amor de Esther ya no era algo exclusivamente destinado a él.Casi tuvo la tentación de sentirse culpable, como sería de esperar en una situación así y de huir de Esther. También M. sufría por él porque no necesitaba imaginar lo que sería perder a Esther.
-Sé cuánto me quiere...y él, él sigue siendo aquel hombre encantador que me enamoró. Sin embargo, ahora...
M. creyó haber escuchado un gemido, pero no fue tal. Esther no era capaz de llorar porque la tensión y el sufrimiento la dejaban en un estado casi de ausencia de su propia alma. Sólo era capaz de pensar en sobrevivir, como fuera, a aquel cúmulo de desesperación y de angustia que la envolvía.
-¿"sin embargo ahora"? si él no ha cambiado, tendrás que averiguar qué pasa, y, sobre todo, quizá debieras hablar con él para que te ayude a resolver cualquier problema, ¿no te parece?
- No lo sé, ya no siento esa fuerza indestructible que me unía a él. Ni siquiera sé cuándo ni cómo empezó....Ufff.... no sé, no sé si podré hacerlo algún día, si es eso lo que esperas escuchar.
-Lo entiendo...y no quiero que te sientas presionada. Pero me duele tu tono, sabes de sobras qué es lo que yo espero, espero poder hacer realidad tantas cosas de las que hemos hablado.... Y claro que te entiendo.
-No estoy segura de que nadie pueda entenderme. Acaso...¿has pasado por algo así alguna vez?
-Bueno, ya sabes que no soy precisamente una persona insensible, no?
-Lo sé, al contrario, perdóname, no quería decir eso.
-Quiza necesites tiempo para darte cuenta de lo que realmente sientes. O qué es lo que quieres hacer con nuestra vida, que son dos cosas distintas... podríamos dejar de hablar durante un paréntesis, si crees que eso puede ayudarte...
-No, por favor, no digas eso, sabes que no es eso lo que quiero. Pero no me siento capaz de hacerle ese daño enorme. No puedo, no puedo, de verdad que no.
- Precisamente por eso te lo digo.Si quieres a Andrés no tienes más que decírmelo.Estoy segura de que te quiere con locura, de que podríais ser felices, si es eso lo que de verdad quieres...
- No....no...ufff, no sé lo que quiero...estoy cansada de pensar, de sufrir, de no dormir....y sí, claro que lo quiero, lo quiero mucho...pero...
- Por eso te lo digo, guapa, porque creo que sería lo mejor. Que pensaras con tranquilidad, sin interferencias mías, no crees?
-No, no quiero que te alejes de mí. Sabes que necesito oírte, cada día, sabes que eres la única alegría de mi vida en este momento. Y sé que para ti debe ser muy difícil, pero necesito tu ayuda. Si tú me ayudas, creo que podré salir adelante...
- Y a mí me costaría la misma vida decirte adios, aunque sólo fuera por un día. Cuando te vas a montar instalaciones por ahí y no hablamos...uffff, te echo tanto de menos...los días se me hacen interminables.Ni siquiera puedo imaginar ya mi vida sin ti. Pero te aseguro que me alejaría si es lo que, de verdad, quieres. Pídemelo. Y no volveré a molestarte...
-¿ Molestarme? tú no me molestas para nada. Al contrario, me haces la vida más feliz. Me haces reir y llorar, ya lo sabes. Me haces pensar. Me haces vivir a través de tus palabras, en formas hasta ahora desconocidas para mí...
-Anda por favor no te agobies....que me estás poniendo triste, sólo con imaginar...¿damos un bandazo?
- jajjaja, vale
- Cómo va el trabajo?
- Bueno, estos dias ni siquiera se me ocurren ideas para el nuevo proyecto alemán. Estoy apatica, falta de ilusion...no sé...
- Es normal, con este sinvivir que te traes, si es que pareces un ministro.
- Tengo que dejarte, he recordado algo.
- ¿Ya te vas? ¿así de sopetón? qué barbaridad...siempre igual.....
- Ya sabes que me faltan horas para tanto trabajo. Precisamente ahora tengo más encargos que nunca. Hoy he recibido uno de Holanda. Me encantaría ir a Amsterdam, los tulipanes, los canales, Van Gogh....
- Ya...vale....pues nada.
- Bueno, guapisima, me voy, que me esta esperando F en el taller
-Vale guapa, no corras que luego se te olvidan las ideas, jajajaja
-jajaja como lo sabes...anda...hablamos mañana? estarás por aquí?
-"ya te echo de menos"... jajaja y sí, sabes que puedes llamarme cuando quieras. Sigo teniendo el mismo número, eh
- jajajaja....no me hagas reir que no me dejas irme..aunque, pensándolo bien, me encanta que me hagas reir.....siempre lo consigues....gracias
- valeeeeeeeeee......que me vas a poner rojita como un tomate
[¿sabes, Amor? no quiero que cuelgues, no quiero que te vayas....te quiero...si pudiera decirte cuánto...si supieras cuánto......]
Hala, andando, que es mu tarde, no sea que luego me eches la culpa de ser menos millonaria.
- Besos, muchos besitos para ti.
- Ya sabes tú cómo, no?
- Siiiiiiiiiii, jajajajajajajaja...adioooooossss
- Adios....-
Pero ella ya había colgado, y sólo pudo escuchar el pitido del comunicando.
[Uffff, Amor, como sigas mandándome esos besos.....no aguantaré y tendré que mudarme a Alicante para que me los des en persona....uffff, me pones a mil....]
Unos besos que, de ninguna de las maneras se dibujaban como serenos en el pensamiento de las dos enamoradas. Unos besos que a M. le alteraban los últimos rincones de las células y desbarataban sus proposiciones de paciencia, racionalidad y "buen hacer" [quiero verte. Amor mío.. necesito verte, y tocarte, y mirarte... ver tu sonrisa en directo, amarte en directo, sin barreras ni obstáculos........cuánto más debo esperar, Amor, cuántas eternidades más.....te espero, sé que estás en ello, me lo has dicho hoy otra vez y yo te creo.....sé que no podrías engañarme nunca.....verdad que no, Amor?....]
Las dos sabían que no podrían seguir así mucho más tiempo. Ni Esther, que sufría lo indecible, incapaz de salir de aquel pozo asfixiante, ni ella, que contaba los días para volver a verla.
Sintió, una vez más, todo el peso del vacío.
El mundo ya no le parecía un lugar habitable si no escuchaba sus risas y sus batallitas.
Y las palabras de otra gente le sabían a silencio cuando procuraba sacudirse aquella pasión urgente, hambrienta y sedienta, de día y de noche, tan repentina pero tan profunda; una pasión que sólo ella podía desatar. Pues Esther era, justa y milagrosamente, esa persona que siempre había buscado, por los cielos, los mares y las tierras de su mundo ideal.
Y lo sentía con tanta intensidad, con tanta rotundidad, incluso ahora, cuando el calendario seguía consumiento, implacable, el tiempo de esta única vida. Cuando todavía sabía, en lo más profundo y en la distancia, que el olvido no sería posible, porque Esther sentía, exactamente, las mismas cosas que ella....y, ¿ había algo más maravilloso que encontrar las esencias en las inmensidades del infinito? ¿descubrir, por fin, que la búsqueda había llegado al tesoro, después de toda una vida?
Pero M. sabía que no podía ni debía presionarla. Confiaba en ella, de una forma tan poderosa, tan convencida. Estaba tan segura de lo que Esther ..."sólo espero que no dejes de hablarme, hay tanto que necesito saber de ti...tanto por lo que necesito tus despedidas, tu presencia en mí, tus palabras de Amor..Sólo así podré seguir adelante"
Y Esther le había pedido paciencia, desde la vorágine del naúfrago. Le había pedido su apoyo con aquellas palabras dulces, intensas, rebosantes de Amor y ella andaba feliz por los pasillos de la Facultad, como si fuera la primera vez que se enamoraba. Y el corazón....el corazón se le aceleraba, radiante, feliz, vibrando y temblando, como el de una adolescente, pensando, casi incrédula, que aquello no podía ser verdad. Que quizá imaginaba. Que quizá estaba dejándose arrastrar por aquel torrente de Amor, sin reparos, sin contención, sin prevención. Y quién le decía que aquello era real... quién le decía que Esther sintiera lo mismo que ella....
La cabeza la avisaba. Su miedo ancestral a confiar el alma le soltaba retahilas de abuela. Pero M. siempre había sido un huracán de emociones, intensa y pasional, como la había definido su psicóloga, y bastaba una sola palabra de Esther, una de sus sonrisas o sus suspiros para encender la chispa que alborotaba aquel mar de amor, aquella corriente que permanecía inalterable, a pesar de la implacable dureza de sus días y sus noches.
Escrito está en mi alma vuestro gesto
y cuanto yo escribir de vos deseo
vos sola lo escribisteis; yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.
En esto estoy y estaré siempre puesto,
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.
Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero.
Cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir y por vos muero.
Su corazón de princesa, dormido, sepultado y apartado en los sótanos de la negación, volvía a encenderse, y toda su alma resucitaba, como hacen las bellas durmientes al primer roce de unos labios temblorosos.
Entonces entraba por aquella puerta, casi secreta, que daba al foso. Subía por la escalera de caracol y la despertaba de su pesadilla con un beso azul, ese azul luminoso y profundo que ellas compartían, más allá de los mapas y las excusas.
Porque ahora, mucho tiempo después de su huída, cuando M. apenas se había recuperado un ápice del naufragio, en momentos como aquel, cuando abría los ojos y sólo encontraba soledad, el aire volvía a ser tan escaso.... como si se ahogara.
Entonces empezaban las autorrecriminaciones:
Debussy: Claro de luna.
(Nota: los nombres de los personajes son un homenaje a la serie Hospital Central, de la cual proceden. Las fotos están extraídas de internet. El poema es de Garcilaso )

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Sin fuerza vital se siente M.
ResponderEliminarY M siente que Esther la quiere como la quiere ella.
Entonces irremediablemente surge la pregunta ¿ Por qué Esther no quiere también recuperar su fuerza vital?.
Aunque tal vez por mínima diferencia los grados de amor no son los mismos en ambas,no?.
Por que en caso contrario seguría M huyendo de sus sentimientos?.
Tiene mucho valor M en esperar quizá lo inesperable.
El obstáculo parece ser el marido de Esther, imaginemos que tal obstáculo no existe, por causas ajenas a Esther, tendría el mismo sentido el retorno a los brazos de M.?.
Bueno, Alas, veo que no soy la única preguntona de estos lares, jajaja.
ResponderEliminarA ver, primera pregunta: El personaje de Esther, podríamos decir que tiene en su vida una serie de circunstancias que provocan distintas razones, quizá excusas, según se mire, por las cuales actua de semejante manera. Su situación no es cómoda. La pregunta que se deriva sería la siguiente:¿ se puede arruinar una vida entera por salvaguardad la "comodidad"? y no estoy hablando de tirarse en el sofá en vez de hacer la compra.
Pregunta número 2: los grados de Amor dífícilmente pueden ser medidos, porque, que se sepa, hasta ahora nadie ha determinado escalas "objetivas" de medición. A veces, un simple gesto en alguien con problemas para hacerlos indica un grado superlativo de Amor. Mientras puede ocurrir justo lo contrario. ¿quién quiere más? ¿quien siempre lo demuestra de forma ostensible? o ¿ quien lo hace calladamente, con más hechos que palabras? por decir algo, claro.
La tercera pregunta no la entiendo. Creo que la que huye de sus sentimientos es Esther, no Maca.
Maca no es que tenga valor de una forma premeditada o inteligente, simplemente no se siente capaz de hacer otra cosa que no sea amarla durante el resto de su vida.
Y la cuarta pregunta, tampoco la capto bien. ¿preguntas si M. aceptaría a Esther cuando el marido ya no estuviera por medio?
Creo que Maca aceptaría a Esther siempre, pasara lo que pasara. Quizá ahí radique su desgracia, en que ni siquiera es capaz de odiarla por tanto sufrimiento. Sigue queriéndola, quizá incluso más aún que en sus primeros tiempos. Ni el tiempo, ni las penas, ni la soledad pueden borrar lo que siente por Esther. Está definitiva, loca, perdidamente enamorada de ella, hasta las trancas, como suele decirse.
¿más preguntas? jaaja
a tu disposición.
Saluditos y expresiones