- A veeeerrr, haced el favor de escucharme, que os voy a mandar deberes pa que nos os emborrachéis mucho en la Feria.
El murmullo y las risas se escucharon por toda la clase, a pesar del estruendo que hacía la lluvia sobre los cristales y el golpetear del viento porque alguien se había dejado una puerta abierta en el patio inferior.
-Bueno... ¿ya? vale; os decía que os traigo uno de esos fragmentos maravillosos, lleno de riqueza psicológica, de crítica social, de precisión y realismo en la descripción de un mundo, más allá de la propia subjetividad de su autor.
Estas líneas son uno de esos ejemplos a los que siempre tendréis que aspirar, pues para criticar bien el Arte, hay que saber escribir mucho mejor.
Por un lado, cuando leáis el texto.... jajaja, me váis a decir que no es justo, que hay demasiada perfección en el conjunto. Y es la pura verdad. El ritmo de los clásicos, esa fluidez de las palabras, y, sobre todo, la cantidad de información que nos está dando con una expresión aparentemente sencilla.
Para resumir, no quiero que os deprimáis. Pero no tenéis más remedio que leer mucho y, sobre todo, leer a los grandes clásicos, no sólo los bestsellers esos que venden en los kioskos, ¿de acuerdo?
- siiiiiiiiiii, de acueeerrddooooo.
-Como introducción os diré por qué he escogido este trocito. Pertenece a la Regenta, la obra cumbre de Clarín, que estoy segura os habéis leído en el instituto, cierto?
Los síes y noes eran una amalgama disonante que le recordó a otras cosas.
-Pues si algun@ no se lo ha leído, ya va siendo hora. Creo que si prestáis atención y sois capaces de descubrir que es un libro muy actual, seguro seguro que, al final, os engancháis.
M. sabía que aquello sonaría a tontería de persona mayor y que la mayoría estaría mucho más interesado en irse de fiesta, como era lo normal.
- ( bueno, al menos tengo que intentarlo ) ¿seguimos? hoy estáis más revoltosos que de costumbre, eh
La protagonista de la novela es una mujer guapa, muy guapa, guapisima...jjajja, ya sabía yo que así os callábais; una pobre mujer prisionera de una época y una sociedad asfixiantes, donde las pasiones amorosas fuera del matrimonio eran algo tan espeluznante para la mentalidad común........¿qué ?... ¿qué habéis dicho?....
- ¡¡ Pues igual que hoy !!- se oyó a lo lejos.
- ¿Cómo hoy? que va, ni mucho menos, no os podéis ni imaginar el cambio que hemos dado en ese sentido. Ahora, puede verse incluso como un mérito, en algunos casos.
Bueno, intentaba decir que Ana, el personaje central, se nos aparece como alguien trágico, marcado por el peso del grupo, una mujer apasionada, llena de sueños y deseos que se ahoga en el mundo que le ha tocado vivir.
De alguna manera, podría ser también la expresión de las ansias de libertad de todo aquel que vive prisionero de cadenas, bien sean aquellas que nos imponen los demás, bien las que nos dejamos atar nosotros mismos.
Es la historia de una rebelde apasionada que, finalmente, no termina nada bien y el autor aprovecha para describirnos ese mundo sórdido y turbio que la rodea, con gran sentido crítico. En su época fue un escándalo.
Os digo esto porque como supongo que tendréis curiosidad por conocer los porqués pues así os entran ganas de releer el libro entero. Y, además, os servirá a todos aquellos interesados en aprender a escribir.
Os reparto las fotocopias y os dejo solitos durante un cuarto de hora. Lo que más me interesa del comentario es una descripción de las ideas románticas de ella y, por supuesto, vuestra opinión; si pensáis que los sentimientos que el autor expresa son algo vivo y actual o, por el contrario, sólo puede ser reducido a un momento y una época ya pasada.
Y si, casualmente, alguien de los presentes se sintiera identificado al recordar algún momento de su vida, pues también podéis comentarlo.
Ya sabéis que esta vez será algo anónimo, para facilitar la libertad de opinión y ese tradicional reparo (¿miedo quizá?) que tiene la gente a exponer sus ideas cuando tiene que hacerlo con nombre propio.
Como sois muy jóvenes y yo soy una profe chachi, me pongo en vuestro lugar y os echo una manita para que no me seais tímidos. Ahora no es lo que pega. Porque creo que todo el mundo está perfectamente capacitado para hablar del Amor, cierto?
Esta vez, sólo risas tímidas.
-Desde luego, parecéis niños de colegio, eh? por favor, que tenéis que aprovechar esta ocasión de explayaros delante de vuestros pretendientes, no os parece? que yo no sepa los nombres no significa que no lo sepan él o ella....... hala, ahí os dejo y ya me contaréis dentro de un rato....
" Ana se sentía caer en un pozo, según ahondaba, ahondaba en los ojos de aquel hombre que tenía allí debajo; le parecía que toda la sangre se le subía a la cabeza, que las ideas se mezclaban y confundían, que las nociones morales se deslucían, que los resortes de la voluntad se aflojaban; y viendo como veía un peligro, y desde luego una imprudencia en hablar así con don Álvaro, en mirarle con deleite que no se ocultaba, en alabarle y abrirle el arca secreta de los deseos y los gustos, no se arrepentía de nada de esto, y se dejaba resbalar, gozándose en caer, como si aquel placer fuese una venganza de antiguas injusticias sociales, de bromas pesadas de la suerte, y sobre todo de la estupidez vetustense que condenaba toda vida que no fuese la monótona, sosa y necia de los insípidos vecinos de la Encimada y la Colonia...
Ana sentía deshacerse el hielo, humedecerse la aridez; pasaba la crisis, pero no como otras veces, no se resolvería en lágrimas de ternura abstracta, ideal, en propósitos de vida santa, en anhelos de abnegación y sacrificios; no era la fortaleza, más o menos fantástica, de otras veces quien la sacaba del desierto de los pensamientos secos, fríos, desabridos, infecundos; era cosa nueva, era un relajamiento, algo que al dilacerar la voluntad, al vencerla, causaba en las entrañas placer, como un soplo fresco que recorriese las venas y la médula de los huesos.
«Si ese hombre no viniese a caballo, y pudiera subir, y se arrojara a mis pies, en este instante me vencía, me vencía». Pensaba esto y casi lo decía con los ojos. Se le secaba la boca y pasaba la lengua por los labios. Y como si al caballo le hiciese cosquillas aquel gesto de la señora del balcón, saltaba y azotaba las piedras con el hierro; mientras las miradas del jinete eran cohetes que se encaramaban a la barandilla en que descansaba el pecho fuerte y bien torneado de la Regenta.
Ahora, al sentir revolución repentina en las entrañas en presencia de un gallardo jinete, que venía a turbar con las corvetas de su caballo, el silencio triste de un día de marasmo, la Regenta no vaciló en creer lo que le decían voces interiores de independencia, amor, alegría, voluptuosidad pura, bella, digna de las almas grandes.
Sus horas de rebelión nunca habían sido tan seguidas.
Desde aquella tarde ningún momento había dejado de pensar lo mismo; que era absurdo que la vida pasase como una muerte, que el amor era un derecho de la juventud, que Vetusta era un lodazal de vulgaridades, que su marido era una especie de tutor muy respetable, a quien ella sólo debía la honra del cuerpo, no el fondo de su espíritu que era una especie de subsuelo, que él no sospechaba siquiera que existiese; de aquello que don Víctor llamaba los nervios, asesorado por el doctor don Robustiano Somoza, y que era el fondo de su ser, lo más suyo, lo que ella era, en suma, de aquello no tenía que darle cuenta.
(...)
«Amaré, lo amaré todo, lloraré de amor, soñaré como quiera y con quien quiera; no pecará mi cuerpo, pero el alma la tendré anegada en el placer de sentir esas cosas prohibidas por quien no es capaz de comprenderlas». "
(Nota: los nombres de los personajes son un homenaje a la serie Hospital Central, de la cual proceden)

A este lado del Paraíso by noviembres is licensed under a Creative Commons Atribución-No Comercial-Sin Obras Derivadas 3.0 España License.
«Amaré, lo amaré todo, lloraré de amor, soñaré como quiera y con quien quiera; no pecará mi cuerpo, pero el alma la tendré anegada en el placer de sentir esas cosas prohibidas por quien no es capaz de comprenderlas». "
(Nota: los nombres de los personajes son un homenaje a la serie Hospital Central, de la cual proceden)

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Debo confesar mi ignorancia, no he leído la Regenta, no me siento capaz... aunque estoy convencida de que me gustaría pero hay un miedo escénico terrible a fracasar con uno de los grandes clásicos de la literatura... me ha gustado el trozo escogido... el amor romántico, el deseo por la otra persona... las mariposas en el estómago aisss, la primavera
ResponderEliminarD.
Estimada D., si me permites la observación, creo que quizá la "ignorancia" pudiera definirse como esa creencia de considerarnos obligados, que "debemos haber leído" los que se consideran "clásicos" reconocidos por otr@s. Lo que sí está claro es que podemos, y debemos, decidir qué leemos y qué no, a nuestro antojo y en total libertad, pues parte indisoluble de cierta sabiduría resulta ser la libertad de elección en nuestras cotidianeidades.
ResponderEliminarNo llego a entender mu bien qué es eso del miedo escénico, pues creo que, más allá de su localización en un tiempo concreto, el autor realiza una crítica certera de situaciones aún muy vigentes en nuestras "modernas" "civilizaciones".
Hay cosas que, para bien y para mal, no cambian de la noche a la mañana y traspasan generaciones y generaciones.
Quizá la definicion de lo "clásico" esté en parte definida por su capacidad para evocar o manifestar las intemporales características de la condición humana. Así es que no creo que fueras a "fracasar", porque estoy segura de que los paralelismos surgirían de forma tan clara como instantánea, especialmente en éste nuestro particular y preferido terreno de las emociones.
Saluditos y expresiones