- ¡¡¡¡¡ VACACIONEEEESSSS !!!
El grito feliz de los estudiantes dio comienzo a la cuenta atrás. Sabía que tenía sólo dos días para salir corriendo. Sonaban las sevillanas, el tráfico había empeorado considerablemente y la tranquilidad habitual de su barrio, afortunadamente alejado del ferial, se había visto ya alterada por las hordas ávidas de alcohol,polvo y ruido.
Mientras los forasteros abarrotaban las calles del centro, los aborígenes, como suele ocurrir en cualquier "buena fiesta" que se precie, relajaban un poco más ( siempre es posible que las cosas empeoren, decía la ley de Murphy) los grados de civismo o dícese de la antigua urbanidad.
El alabado "carácter español", "mediterráneo," "caliente," especialmente "espontáneo" e insoportablemente ruidoso, resurgía, reforzado por el paréntesis festivo para campar a sus anchas durante siete días enteros, con sus siete noches, que a ella, sevillana de adopción, siempre le parecieron verdaderamente interminables.
Así es que, ahora que podía permitirse la huida, nada más llegaba el viernes, ya estaba haciendo las maletas para escapar de la oleada de vorágine que invadía la ciudad, robándo la paz y la tranquilidad que tanto necesitaba.
Hacía tiempo que l@s amig@s la habían advertido: "chica, vete al médico, porque ese recluirte en casa, ese molestarte tanto las voces y los ruídos son síntomas de una posible depresión. Anda y ve que te vean."
Verdaderamente, cada vez soportaba menos la vida social y cualquiera de esos eventos a los que la invitaban, por mucho que su madre se empeñara en que "había que cumplir".
- Y un cuerno!!, cumplir...habrase visto otra tontería igual....
Si para algo podia servirle su etiqueta de prestigioso ratón de biblioteca, era el momento de sacarle el máximo partido.
Que ya le deciá su abuela que para ser feliz, lo primero que había que hacer era perder la reputación.
-Ayss, abuela...cuánto te echo de menos....
Y ahora, cuando llegaba la marabunta de abril, si no podía irse a Jerez, pues a la playa.
Esta vez, la huída de la Feria, pero sobre todo, de sí misma, sería algo más intensa. Iría a visitar a unos amigos de Alicante que ya la habían invitado tantas veces. Pero desde que Esther le había dicho adios, se había resistido a volver a aquellas latitudes.
Aterrizó temprano. Y enseguida distinguió a Jose. Los recuerdos llegaban de sopetón. Jose consolándola aquel día que pasaron por la plaza del ayuntamiento y ella no pudo evitar dejar salir lágrimas traicioneras. Pasaron justo por el MacDonald, que seguía lleno de ensaladas y ella recordó la risa de Esther.
- Hoooolaaaaa, guapisima,cómo estás? ya era hora de que vinieras,eh.
-Hola, niño... estoy, que ya es bastante. Espera, que tengo que ir a recoger la maleta, que no me han dejao subirla a bordo, los muy cabrones........
-Ey, que estás de vacaciones, no empieces a despotricar y relájate. Ah, oye, dónde quieres comer? quieres que te llevemos a ese sitio que te encanta?
- ¿El del arroz con codorniz?
-Claro, es tu sitio preferido, no?
-Sí, bueno, quizá podríamos cambiar para variar, no?
Y mientras lo decía se enfadaba en silencio porque aún no había olvidado aquella invitación entusiasta de la primera Esther.
[ -Cada vez que vengas a verme, ya sabes que estás invitada para chuparte los dedos en Casa Paco.
-¿ en público? ¿ no podríamos chuparnos los dedos en otro sitio más recogidito, encanto?
- jajajjaja, me encanta cuando te sale el lado chuleta, pero anda, que ya sabes que me pongo roja y luego me da verguenza cuando te tengo delante.
-Jajaj, pero es que lo hago a posta, que sé que, en el fondo, te encanta, porque tú eres una chica muy caliente que va de témpano por la vida.
-¿qué dices? ¿caliente yo? pero si ya sabes que soy una reprimida en temas sexuales.
-Claro, claro, a mí me lo vas a contar. Tú y yo sabemos que de eso nada, monada.
-Bueno, y...¿ de postre? así cambiamos de tema.
- ¿de postre? pues a mí ya se me están ocurriendo varios, pero casi todos están hechos de ti....mmmmmmmm, que cosas más ricas se me están pasando por la cabezaaaaa, ajjjajja
-jajjaja, anda, cállate un poquito y no me digas esas cosas. Ya sabes que no soy una mujer libre y que estoy casada todavía.
- Pero no felizmente casada, verdad?
- Maca, por favor, no saques ese tema, que sabes que no me sienta bien.
- Vale, sólo quería justificarme un poco. Además, no puedo evitarlo. Cuando pienso en el tiempo de tu vida, de nuestra vida, que estás tirando por la borda, como si la vida fuera eterna......uffff, bueno, perdona, no he dicho ná. Es que hay veces en que me desespero y pierdo los papeles. ¿me perdonas?
-No hay nada que perdonar. No pasa nada.
- Sé que te pones en mi lugar y lo entiendes, verdad?
- No sólo eso. Te admiro. Porque creo que, sinceramente, yo no lo soportaría.
- Bueno, estoy segura de que el premio lo merece. Y que todos los esfuerzos valdrán la pena, no crees?
- Confías más en mí que yo misma. Y no veo de dónde sacas ese convencimiento.
- Pues porque, ya te lo he dicho, he visto tu alma y con eso tengo más que de sobras, para saber quíén eres y cómo eres.
- Ya. Bueno, lo siento pero voy a tener que dejarte. ]
La avenida de las Palmeras pasaba por la ventanilla.
Le encantaba aquel lugar, tan lleno de luz, con ese aire marino que la despertaba a la vida y ahuyentaba todos los terrores...Esther también era la típica persona que, como tantas, paseaba por la orilla cuando se sentía en baja forma.
- En los momentos clave, siempre vengo aquí a reponer energías..me quedo mirando al infinito y al azul y se me pasan las horas muertas...supongo que como a ti, no?
A veces se habían sentado juntas, mirando los barcos lejanos, soñando con andar de la mano por el mismo camino.
- Maquita, que estás muy callada, ¿te pasa algo?
- Eh, no, no, Jose... tranquilo. Sólo estaba recordando los mejores momentos con Esther.
- Deja a Esther. Esa mujer sólo te ha traído sufrimientos.
-Sabes que eso no es verdad. Si volviera a nacer, volvería a pasar por todo con tal de haberla conocido. Por muy cortos que hayan sido los momentos de felicidad, no los cambio por nada ni por nadie. Es más, me pasaría toda la vida repitiendo lo mismo, como en El día de la marmota, con tal de recuperarla.
-No tienes arreglo, verdad?
-jajaja, noooo, sabes que a cabezona no me gana nadie. Esta misma noche, nos vamos al barrio antiguo, ya sabes tú dónde, no?
Y fue justo el aire marino el que llegó para inundarla, como si fuera de nuevo Esther la que saliera a recibirla.
Una mezcla de nostalgia, tristeza y sabor salado penetró todos sus sentidos.
Por primera vez en mucho tiempo, volvía a respirar el mismo aire que ella. Quizá justo por eso se sintió algo más animada, como si la cercanía de su alma, o así lo creía M., pudiera revitalizar los senderos aletargados de un corazón vapuleado.
Respiró con todas sus fuerzas como si la respirase a ella, como si, de esa forma, pudiera recuperarla.
Miró al horizonte, claro, luminoso, con ciertas nubes que anunciaban lluvia.
- La lluvia....
Y se obligó a cerrar su memoria, aunque solo fuera para intentar tener unos días de descanso, alejados de recuerdos, rutinas....
Estaba decidida a intentarlo y a conseguirlo. Necesitaba recuperar fuerzas para seguir sobreviviendo.
Y no se le ocurrió forma mejor que enfrentarse a sus peores miedos, representados en aquella ciudad mediterránea que llevaba a Esther impresa en cada calle, cada recuerdo, allá donde fuera.
Pero Macarena Wilson, firme ejemplo de empecinamiento en las más imposibles causas, seguía luchando cuando otros hacía mucho tiempo que habían dado por perdida cualquier esperanza de éxito.
Quizá fuera una cuestión de principios aquella fidelidad extrema hacia alguien, aquel amor que no se agotaba ni contra vientos ni mareas; o quizá fuera el simple ejemplo de la ceguera y de la locura humanas, bastiones recurrentes de la incapacidad o la torpeza emocionales que incluso las más afamadas eminencias científicas podían ostentar en los terrenos emotivos, con la más absoluta impotencia para escapar de semejante estado de primitivismo sentimental.
En definitiva, quizá fuera una forma más de pasar por la vida, la de aquellos individuos que, incapaces de ver salida alguna a su situación, renuncian manifiesta o implícitamente, a cualquier posibilidad de felicidad.
Así es que ella, "firmemente convencida de cuál es mi papel en esta historia", no estaba dispuesta a rendirse a la primera de cambio.............
El grito feliz de los estudiantes dio comienzo a la cuenta atrás. Sabía que tenía sólo dos días para salir corriendo. Sonaban las sevillanas, el tráfico había empeorado considerablemente y la tranquilidad habitual de su barrio, afortunadamente alejado del ferial, se había visto ya alterada por las hordas ávidas de alcohol,polvo y ruido.
Mientras los forasteros abarrotaban las calles del centro, los aborígenes, como suele ocurrir en cualquier "buena fiesta" que se precie, relajaban un poco más ( siempre es posible que las cosas empeoren, decía la ley de Murphy) los grados de civismo o dícese de la antigua urbanidad.
El alabado "carácter español", "mediterráneo," "caliente," especialmente "espontáneo" e insoportablemente ruidoso, resurgía, reforzado por el paréntesis festivo para campar a sus anchas durante siete días enteros, con sus siete noches, que a ella, sevillana de adopción, siempre le parecieron verdaderamente interminables.
Así es que, ahora que podía permitirse la huida, nada más llegaba el viernes, ya estaba haciendo las maletas para escapar de la oleada de vorágine que invadía la ciudad, robándo la paz y la tranquilidad que tanto necesitaba.
Hacía tiempo que l@s amig@s la habían advertido: "chica, vete al médico, porque ese recluirte en casa, ese molestarte tanto las voces y los ruídos son síntomas de una posible depresión. Anda y ve que te vean."
Verdaderamente, cada vez soportaba menos la vida social y cualquiera de esos eventos a los que la invitaban, por mucho que su madre se empeñara en que "había que cumplir".
- Y un cuerno!!, cumplir...habrase visto otra tontería igual....
Si para algo podia servirle su etiqueta de prestigioso ratón de biblioteca, era el momento de sacarle el máximo partido.
Que ya le deciá su abuela que para ser feliz, lo primero que había que hacer era perder la reputación.
-Ayss, abuela...cuánto te echo de menos....
Y ahora, cuando llegaba la marabunta de abril, si no podía irse a Jerez, pues a la playa.
Esta vez, la huída de la Feria, pero sobre todo, de sí misma, sería algo más intensa. Iría a visitar a unos amigos de Alicante que ya la habían invitado tantas veces. Pero desde que Esther le había dicho adios, se había resistido a volver a aquellas latitudes.
Aterrizó temprano. Y enseguida distinguió a Jose. Los recuerdos llegaban de sopetón. Jose consolándola aquel día que pasaron por la plaza del ayuntamiento y ella no pudo evitar dejar salir lágrimas traicioneras. Pasaron justo por el MacDonald, que seguía lleno de ensaladas y ella recordó la risa de Esther.
- Hoooolaaaaa, guapisima,cómo estás? ya era hora de que vinieras,eh.
-Hola, niño... estoy, que ya es bastante. Espera, que tengo que ir a recoger la maleta, que no me han dejao subirla a bordo, los muy cabrones........
-Ey, que estás de vacaciones, no empieces a despotricar y relájate. Ah, oye, dónde quieres comer? quieres que te llevemos a ese sitio que te encanta?
- ¿El del arroz con codorniz?
-Claro, es tu sitio preferido, no?
-Sí, bueno, quizá podríamos cambiar para variar, no?
Y mientras lo decía se enfadaba en silencio porque aún no había olvidado aquella invitación entusiasta de la primera Esther.
[ -Cada vez que vengas a verme, ya sabes que estás invitada para chuparte los dedos en Casa Paco.
-¿ en público? ¿ no podríamos chuparnos los dedos en otro sitio más recogidito, encanto?
- jajajjaja, me encanta cuando te sale el lado chuleta, pero anda, que ya sabes que me pongo roja y luego me da verguenza cuando te tengo delante.
-Jajaj, pero es que lo hago a posta, que sé que, en el fondo, te encanta, porque tú eres una chica muy caliente que va de témpano por la vida.
-¿qué dices? ¿caliente yo? pero si ya sabes que soy una reprimida en temas sexuales.
-Claro, claro, a mí me lo vas a contar. Tú y yo sabemos que de eso nada, monada.
-Bueno, y...¿ de postre? así cambiamos de tema.
- ¿de postre? pues a mí ya se me están ocurriendo varios, pero casi todos están hechos de ti....mmmmmmmm, que cosas más ricas se me están pasando por la cabezaaaaa, ajjjajja
-jajjaja, anda, cállate un poquito y no me digas esas cosas. Ya sabes que no soy una mujer libre y que estoy casada todavía.
- Pero no felizmente casada, verdad?
- Maca, por favor, no saques ese tema, que sabes que no me sienta bien.
- Vale, sólo quería justificarme un poco. Además, no puedo evitarlo. Cuando pienso en el tiempo de tu vida, de nuestra vida, que estás tirando por la borda, como si la vida fuera eterna......uffff, bueno, perdona, no he dicho ná. Es que hay veces en que me desespero y pierdo los papeles. ¿me perdonas?
-No hay nada que perdonar. No pasa nada.
- Sé que te pones en mi lugar y lo entiendes, verdad?
- No sólo eso. Te admiro. Porque creo que, sinceramente, yo no lo soportaría.
- Bueno, estoy segura de que el premio lo merece. Y que todos los esfuerzos valdrán la pena, no crees?
- Confías más en mí que yo misma. Y no veo de dónde sacas ese convencimiento.
- Pues porque, ya te lo he dicho, he visto tu alma y con eso tengo más que de sobras, para saber quíén eres y cómo eres.
- Ya. Bueno, lo siento pero voy a tener que dejarte. ]
La avenida de las Palmeras pasaba por la ventanilla.
Le encantaba aquel lugar, tan lleno de luz, con ese aire marino que la despertaba a la vida y ahuyentaba todos los terrores...Esther también era la típica persona que, como tantas, paseaba por la orilla cuando se sentía en baja forma.
- En los momentos clave, siempre vengo aquí a reponer energías..me quedo mirando al infinito y al azul y se me pasan las horas muertas...supongo que como a ti, no?
A veces se habían sentado juntas, mirando los barcos lejanos, soñando con andar de la mano por el mismo camino.
- Maquita, que estás muy callada, ¿te pasa algo?
- Eh, no, no, Jose... tranquilo. Sólo estaba recordando los mejores momentos con Esther.
- Deja a Esther. Esa mujer sólo te ha traído sufrimientos.
-Sabes que eso no es verdad. Si volviera a nacer, volvería a pasar por todo con tal de haberla conocido. Por muy cortos que hayan sido los momentos de felicidad, no los cambio por nada ni por nadie. Es más, me pasaría toda la vida repitiendo lo mismo, como en El día de la marmota, con tal de recuperarla.
-No tienes arreglo, verdad?
-jajaja, noooo, sabes que a cabezona no me gana nadie. Esta misma noche, nos vamos al barrio antiguo, ya sabes tú dónde, no?
Y fue justo el aire marino el que llegó para inundarla, como si fuera de nuevo Esther la que saliera a recibirla.
Una mezcla de nostalgia, tristeza y sabor salado penetró todos sus sentidos.
Por primera vez en mucho tiempo, volvía a respirar el mismo aire que ella. Quizá justo por eso se sintió algo más animada, como si la cercanía de su alma, o así lo creía M., pudiera revitalizar los senderos aletargados de un corazón vapuleado.
Respiró con todas sus fuerzas como si la respirase a ella, como si, de esa forma, pudiera recuperarla.
Miró al horizonte, claro, luminoso, con ciertas nubes que anunciaban lluvia.
- La lluvia....
Y se obligó a cerrar su memoria, aunque solo fuera para intentar tener unos días de descanso, alejados de recuerdos, rutinas....
Estaba decidida a intentarlo y a conseguirlo. Necesitaba recuperar fuerzas para seguir sobreviviendo.
Y no se le ocurrió forma mejor que enfrentarse a sus peores miedos, representados en aquella ciudad mediterránea que llevaba a Esther impresa en cada calle, cada recuerdo, allá donde fuera.
Pero Macarena Wilson, firme ejemplo de empecinamiento en las más imposibles causas, seguía luchando cuando otros hacía mucho tiempo que habían dado por perdida cualquier esperanza de éxito.
Quizá fuera una cuestión de principios aquella fidelidad extrema hacia alguien, aquel amor que no se agotaba ni contra vientos ni mareas; o quizá fuera el simple ejemplo de la ceguera y de la locura humanas, bastiones recurrentes de la incapacidad o la torpeza emocionales que incluso las más afamadas eminencias científicas podían ostentar en los terrenos emotivos, con la más absoluta impotencia para escapar de semejante estado de primitivismo sentimental.
En definitiva, quizá fuera una forma más de pasar por la vida, la de aquellos individuos que, incapaces de ver salida alguna a su situación, renuncian manifiesta o implícitamente, a cualquier posibilidad de felicidad.
Así es que ella, "firmemente convencida de cuál es mi papel en esta historia", no estaba dispuesta a rendirse a la primera de cambio.............

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