sábado, 29 de mayo de 2010

Sueños de mayo...sueños de Amor (IV)

Las jacarandas ofrecían una perspectiva preciosa, camino de la Fábrica de Tabacos.
Los colores de las flores, dibujando las copas de los árboles, jugaban con el azul esplendoroso del cielo.
El aire ya no destilaba el perfume de cada primavera. Ahora era seco y caliente.
Los naranjos ya estaban, de nuevo, vacíos.
A los azahares se los llevó abril y las naranjas, como habitualmente, fueron recogidas para ser trasladadas al Mediterráneo, donde, también habitualmente, la idea generalizada del resto del planeta era "qué ricas las naranjas"...
Era curioso- pensaba M.- cómo el desconocimiento de los hechos perpetuaba los clichés sobre unas y otras realidades. Pero, aún más curioso- le parecía a ella - solía ser el apego de la gente a asumir, respetar e incluso disfrutar, con absoluta despreocupación e indolencia, el hecho de formar parte de un cierto etiquetado tan convecional como castizo.
Era como si pertenecer a un grupo, un entorno, un conjunto cerrado y definido, ciertamente "definido" (???), otorgara a sus participantes una seguridad o estabilidad, indispensables para la autoestima o la creencia de que todo, en un mundo caracterizado por la convulsión y el cambio permanente, "estaba controlado"....
Cuando alguna vez sus parientes valencianos la habían visitado, "lógicamente" le habían traído "unas estupendas naranjas valencianas".
- ah, vale, muy bien, muchas gracias. A ver si luego nos la comemos de postre, no?- había respondido ella con corrección.
-Claro, pero, ya que estamos, pues también podíamos probar esas de ahí. Tienen una pinta....
-Sí, la verdad es que están buenas, sí. Las he comprao en el mercao del barrio.
- Mira, pues yo no me aguanto. Empiezo con esta que tiene una cara más buena.......
mmmmmm, pero si está buenísimaaaaaaa, jajajaj, más rica que la mía, jajajjaa, mmmm.
-No será tanto, so exagerao, anda yá.
Recordando aquella conversación, recordó también sus viajes al Mediterráneo. Tan llenos de aquella luz distinta. Aquella playa imborrable en la que ella le contó cuatro o cinco cosas. Aquellos días, tan llenos de la felicidad y del dolor. Tan necesarios para su memoria, por mucho que doliera, por mucho que la desesperase...
Miró el almanaque y casi se arrepintió. 29 de mayo.........aquel día en el que se rompieron tantas cosas....entre ellas, su corazón....
Llegó al puente. Pensó, con todo el peso que le aplastaba el alma, que quizá fuera mejor no seguir viviendo.
En realidad, salvo algunos momentos en los que era capaz de recuperar tibias esperanzas de volver a verla, M. no encontraba ninguna razón de peso para seguir viviendo.
Aunque siempre había pensado que los suicidas eran simplemente gente que había perdido todos los recursos, gente digna de toda la solidaridad o ayuda, desde aquel primer 29 de mayo su capacidad de empatía se engrandeció considerablemte: fue capaz de entender hasta dónde podían llegar la desolación y el desconsuelo infinito de un suicida.
Muchas veces pensó que ésa, y sólo esa, sería la única solución posible.
Pero había algo que siempre la hacía reaccionar, algo por lo que - pensaba, inocentemente, M. - todos los infiernos valdrían la pena. Aún albergaba la esperanza de volver a verla. De volver a sentir sus miradas. De volver a escuchar su voz. De disfrutar, una vez más ( sin que ella se diera cuenta, para no ponerla roja) de su pelo rubio, su cuerpazo delgado, al que nada le sobrara o le faltara....pero, sobre todo, necesitaba volver a sentir la cercanía de su alma, aquella ráfaga a presión que le desbarataba todas las razones, como si sólo ella importara. Aquel todo que sólo ella podía ser en el corazón prisionero de M.
El caso es que siempre le habló de la libertad. De la necesidad de romper todas las cadenas para vivir una vida plena y feliz.
Y, ahora, la esclava era ella. Los caprichos de la existencia la habían convertido en alguien a merced del Amor. M. era presa de una fuerza contra la que no podía, ni quería, luchar. Algo parecido a las fuerzas de un volcán en erupción. Algo...sencillamente...incontrolable.
Sabía, con toda esa clarividencia implacable, que mientras le quedara un solo atisbo de vida, de energía o de capacidad de lucha, seguiría esperándola, seguiría anhelándola y deseándola; como se espera el amanecer después de una noche de pesadillas.

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4 comentarios:

  1. Sentado junto a la ventana,
    A través de los cristales, empañados por la nieve,
    Veo su adorable imagen, la de ella, mientras
    Pasa... pasa... pasa de largo...

    Sobre mí, la aflicción ha arrojado su velo.
    Una criatura menos en este mundo
    Y un ángel más en el cielo.

    Sentado junto a la Ventana,
    A través de los cristales, empañados por la nieve,
    Pienso que Veo su imagen, la de ella,
    Que no pasa ahora... que no pasa de largo...

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  2. Mu buenas Alas, me alegro de leerte. Aunque, eso sí, ¿no es un poema muy triste?
    Gracias por tus palabras.
    Saluditos, expresiones, dulces sueños...

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  3. Que no pasa ahora... que no pasa de largo...
    Esto es triste????.
    Es ... la recompensa, el premio,... el trocito de felicidad que al fin llega.

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  4. Mu buenas Alas, la verdad que no lo había interpretado así. Tal como lo comentas, bueno, puede ser.... sí.
    Gracias de nuevo

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