Este fin de semana he podido leer un artículo bastante interesante sobre dos síndromes complementarios que podemos ver en ciertas relaciones de pareja, algo que no resultaría nada nada extraño si pudiéramos contemplar con detalle los distintos caracteres de sus integrantes.
El Semanal publica, “No quiero hacerme mayor”, en el que realiza una breve descripción de las relaciones Peter Pan-Wendy, comentando la, al parecer, cada vez mayor proliferación en nuestra sociedad. El síndrome, tal cual deduzco de varias lecturas sobre el tema podría definirse así:
El miedo a ser mayor, a crecer, en todos los sentidos, resulta, entre otras cosas, en el miedo al compromiso sentimental, que nos lleva a entablar relaciones en las que, de una u otra forma, escapamos de una relación madura. El/la aspirante a Peter Pan, caracterizado por una inseguridad que simula con habilidad, con una fachada completamente distinta ante los demás, no se siente internamente capaz de afrontar las consecuencias de ese “ estar ahí para lo bueno y para lo malo”. Como resultado, hay quien se deja sobreproteger por su pareja, que hace el papel de madre-Wendy, por la inmadurez del otr@. Y así pueden formarse uniones que parecen felices, incluso a sus protagonistas, tal es, con frecuencia, el grado de inconsciencia o de ceguera con que preferimos sobrevivir, que no vivir realmente, durante años.
Hay quien no se decide nunca por compartir la vida cotidiana, de forma real en espacio físico y espiritual, alegando un miedo a "perder la libertad", ese no tener que responder ante nadie, no depender de nadie; esa excusa cómoda del no renunciar a los espacios propios para no tener que dar nada a nadie. Dicen los psicólogos ( corríjanme si no estuviera acertada en la expresión ) que hay aquí un pánico profundo, casi visceral, a la propia incapacidad para darse al/la otr@; hay un sentimiento de incapacidad, un temor a no poder, no saber, no servir para hacer feliz al/la otr@. El miedo de los que no han recibido una educación positiva y constructora de la persona, sino más bien, aniquiladora de voluntades y autoafirmaciones. El miedo que transmiten los padres miedosos.
Hay quien, no por casualidad, siempre se relaciona sentimentalmente con personas mucho mayores; es lo que los psicólogos llaman “ a la búsqueda de la madre ausente, la que no supo o no pudo satisfacer nuestras demandas como persona en formación”.
Dependiendo de los individuos se pueden o no reunir todas estas circunstancias, siendo el denominador común una huída permanente de las responsabilidades de la edad adulta.
Tendencia a la Imaginación y la creatividad, las fantasías infantiles; vitalidad y fuerza aparentes, apariencia más joven de la que correspondería por su edad biológica, características propias de un niño, casi siempre también presentes en el/la adolescente, suelen ser rasgos de nuestr@ particular y encantador Peter Pan.
Y con él, inevitablemente surge el otro personaje, Wendy, esa figura, hombre o mujer, puro derroche de cariño y atenciones, que se encuentra detrás, la que se encarga de hacer todo aquello que no hace el primero, “cuidando”, “apoyando”, perpetuando, en definitiva la “inutilidad” pregonada, consentida, y alentada, de quien se reconoce a sí mismo como “desastre” o inútil para la vida cotidiana, entre risas o bromas, alentadas permanentemente por Wendy, que encuentra así, en el papel de cuidador, una especie de autorrealización, un darle sentido a una vida sin demasiado rumbo.
Ante esto, sólo es posible recordar lo más sencillo, también lo más profundo. Esos versos intensos de nuestro Machado, hoy, cuando sus palabras aún siguen estando de rabiosa actualidad, en el 70 aniversario de su muerte en el exilio, “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”.
Por eso, si algun@ de vosotr@s también tuviera tentaciones de ser un Peter Pan más, que lea a Machado. Para aprender, para saber que es necesario seguir caminando. Pues no es recomendable perder tantos años de una existencia real, sumidos en el País de Nunca Jamás. No te pares en la infancia o la juventud, ni mires atrás más de lo debido, pues todo lo llevamos en la memoria y en el corazón. Y sólo al andar, amig@, se hace camino, sea cual sea y como sea, pero es ley de nuestra vida seguir siempre adelante, como podamos, contra viento y marea, pues siempre encontraremos ayuda si tenemos esperanza, voluntad y tesón para hacer caminos sobre la mar.
Enlaces relacionados:
Artículo de El País: “No quiero hacerme mayor ¡!”: Pincha Aqui
Noticia sobre el aniversario de Machado: Pincha Aqui
Y, como homenaje al poeta, siempre universal, siempre nuestro, no podía faltar otro artista, Joan Manuel:
El Semanal publica, “No quiero hacerme mayor”, en el que realiza una breve descripción de las relaciones Peter Pan-Wendy, comentando la, al parecer, cada vez mayor proliferación en nuestra sociedad. El síndrome, tal cual deduzco de varias lecturas sobre el tema podría definirse así:
El miedo a ser mayor, a crecer, en todos los sentidos, resulta, entre otras cosas, en el miedo al compromiso sentimental, que nos lleva a entablar relaciones en las que, de una u otra forma, escapamos de una relación madura. El/la aspirante a Peter Pan, caracterizado por una inseguridad que simula con habilidad, con una fachada completamente distinta ante los demás, no se siente internamente capaz de afrontar las consecuencias de ese “ estar ahí para lo bueno y para lo malo”. Como resultado, hay quien se deja sobreproteger por su pareja, que hace el papel de madre-Wendy, por la inmadurez del otr@. Y así pueden formarse uniones que parecen felices, incluso a sus protagonistas, tal es, con frecuencia, el grado de inconsciencia o de ceguera con que preferimos sobrevivir, que no vivir realmente, durante años.
Hay quien no se decide nunca por compartir la vida cotidiana, de forma real en espacio físico y espiritual, alegando un miedo a "perder la libertad", ese no tener que responder ante nadie, no depender de nadie; esa excusa cómoda del no renunciar a los espacios propios para no tener que dar nada a nadie. Dicen los psicólogos ( corríjanme si no estuviera acertada en la expresión ) que hay aquí un pánico profundo, casi visceral, a la propia incapacidad para darse al/la otr@; hay un sentimiento de incapacidad, un temor a no poder, no saber, no servir para hacer feliz al/la otr@. El miedo de los que no han recibido una educación positiva y constructora de la persona, sino más bien, aniquiladora de voluntades y autoafirmaciones. El miedo que transmiten los padres miedosos.
Hay quien, no por casualidad, siempre se relaciona sentimentalmente con personas mucho mayores; es lo que los psicólogos llaman “ a la búsqueda de la madre ausente, la que no supo o no pudo satisfacer nuestras demandas como persona en formación”.
Dependiendo de los individuos se pueden o no reunir todas estas circunstancias, siendo el denominador común una huída permanente de las responsabilidades de la edad adulta.
Tendencia a la Imaginación y la creatividad, las fantasías infantiles; vitalidad y fuerza aparentes, apariencia más joven de la que correspondería por su edad biológica, características propias de un niño, casi siempre también presentes en el/la adolescente, suelen ser rasgos de nuestr@ particular y encantador Peter Pan.
Y con él, inevitablemente surge el otro personaje, Wendy, esa figura, hombre o mujer, puro derroche de cariño y atenciones, que se encuentra detrás, la que se encarga de hacer todo aquello que no hace el primero, “cuidando”, “apoyando”, perpetuando, en definitiva la “inutilidad” pregonada, consentida, y alentada, de quien se reconoce a sí mismo como “desastre” o inútil para la vida cotidiana, entre risas o bromas, alentadas permanentemente por Wendy, que encuentra así, en el papel de cuidador, una especie de autorrealización, un darle sentido a una vida sin demasiado rumbo.
Ante esto, sólo es posible recordar lo más sencillo, también lo más profundo. Esos versos intensos de nuestro Machado, hoy, cuando sus palabras aún siguen estando de rabiosa actualidad, en el 70 aniversario de su muerte en el exilio, “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”.
Por eso, si algun@ de vosotr@s también tuviera tentaciones de ser un Peter Pan más, que lea a Machado. Para aprender, para saber que es necesario seguir caminando. Pues no es recomendable perder tantos años de una existencia real, sumidos en el País de Nunca Jamás. No te pares en la infancia o la juventud, ni mires atrás más de lo debido, pues todo lo llevamos en la memoria y en el corazón. Y sólo al andar, amig@, se hace camino, sea cual sea y como sea, pero es ley de nuestra vida seguir siempre adelante, como podamos, contra viento y marea, pues siempre encontraremos ayuda si tenemos esperanza, voluntad y tesón para hacer caminos sobre la mar.
Enlaces relacionados:
Artículo de El País: “No quiero hacerme mayor ¡!”: Pincha Aqui
Noticia sobre el aniversario de Machado: Pincha Aqui
Y, como homenaje al poeta, siempre universal, siempre nuestro, no podía faltar otro artista, Joan Manuel:

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