Más de una vez, bastantes en realidad, he viajado en el AVE , en trayectos distintos, y he querido leer, mirar el paisaje en silencio, escribir o, sencillamente, cerrar los ojos, como relajo o descanso y pensar, con el murmullo lejano del zumbido veloz, en las mil y una cosas que pasan por la cabeza.
Por supuesto, tal como expresa este señor, en un artículo de hoy en El País, ha sido completamente imposible.
Y es que hay gente que, en su falta de respeto total por el otro (dícese de cualquiera de los que realizamos el mismo trayecto en un transporte público) no sólo va vociferando los más escabrosos detalles de su "interesante" vida, en todos y cada uno de los aspectos que la conforman, sin el más mínimo pudor o recato, sino que se comporta (deducible del tono y del detalle del relato) como si fuera una estrella mediática cuyos trapos sucios o limpios estuviéramos deseando conocer desde el primero al último habitante del, ya no vagón ,sino del tren entero, que si algunos pudieran lo dirían por la megafonía para que ni siquiera pudiéramos escaparnos los que, finalmente, nos ponemos los cascos para ver la película y procurar, así, aislarnos de tal cúmulo de "espontaneidad" ibérica.
Y es que hay un porcentaje elevado, demasiado diría yo, de especímenes patrios que se comporta en los lugares públicos como lo haría en el salón de su casa, sin la más mínima consideración o pensamiento hacia el resto de los que pululan por esos espacios.
En España la gente sigue hablando demasiado alto, en bares, donde no tienes más remedio que vociferar también para poder pedirle un café al camarero y que te entienda; en tiendas, donde la música ambiente suena tan alta porque así está todo "más animado", como reflejo de la mentalidad dominante; incluso en museos, que invitan a la contemplación silenciosa de la obra y en los que el gracioso de turno suelta lo primero que le parece mientras tú intentas disfrutar de tu visita, en tu tiempo libre.
Hay una tendencia muy "española" a confundir silencio y calma con aburrimiento, en lugar de con paz y relajación. Se equipara animación con decibelios más elevados de la cuenta, incluso con el ruido como ambiente de fondo. Y con semejante mentalidad, es fácil entender la proliferación despótica de los que avasallan al indefenso vecino con su "espontaneidad" o "naturalidad" "ibérica".
Así es que cada día que pasa se observa en mayor medida cómo sube el porcentaje de mala educación en unos y otros lugares, entendiendo por "mala educación" la falta de respeto al otro, la reiterada molestia al vecino, porque "ese es mi tono de voz, y al que le moleste que se tape los oídos"...
Somos, realmente, un país escandaloso, algo muy divertido para nuestros vecinos nórdicos, que, al fin y al cabo, sólo vienen de visita y lo contemplan como el espectáculo que resulta ser.
Somos, en fin, un país con abundancia de gente hortera y ordinaria que considera muy española la exhibición permanente y ruidosa de su vida privada, y no tan privada.
Lo del AVE, si quisiera RENFE, tendría muy fácil solución: antes había compartimentos para fumadores y no fumadores. Pues lo mismo. Ahora, pónganles ustedes el título a los vagones, que, con mi habitual "prudencia", jjajajaja, me callo.
Eso sí, luego dicen los fachas que cómo va a ser eso de cambiar la religión por la educación para la ciudadanía, que a dónde vamos a llegar adoctrinando a l@s niñ@s desde chiquititos ?? Tendrán poca vergüenza.....¿ acaso la religión que hemos padecido tod@s los de mi quinta no era puro adoctrinamiento pro-fascista ? ¿ no estábamos, "gracias a dios", por fin, en un país laico ????
Como siempre, sigo acordándome de mi abuela, santa y sabia: "aquí lo que hace falta es un poquito de Urbanidad, a ver si la gente aprende modales, leñe !"
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Por supuesto, tal como expresa este señor, en un artículo de hoy en El País, ha sido completamente imposible.
Y es que hay gente que, en su falta de respeto total por el otro (dícese de cualquiera de los que realizamos el mismo trayecto en un transporte público) no sólo va vociferando los más escabrosos detalles de su "interesante" vida, en todos y cada uno de los aspectos que la conforman, sin el más mínimo pudor o recato, sino que se comporta (deducible del tono y del detalle del relato) como si fuera una estrella mediática cuyos trapos sucios o limpios estuviéramos deseando conocer desde el primero al último habitante del, ya no vagón ,sino del tren entero, que si algunos pudieran lo dirían por la megafonía para que ni siquiera pudiéramos escaparnos los que, finalmente, nos ponemos los cascos para ver la película y procurar, así, aislarnos de tal cúmulo de "espontaneidad" ibérica.
Y es que hay un porcentaje elevado, demasiado diría yo, de especímenes patrios que se comporta en los lugares públicos como lo haría en el salón de su casa, sin la más mínima consideración o pensamiento hacia el resto de los que pululan por esos espacios.
En España la gente sigue hablando demasiado alto, en bares, donde no tienes más remedio que vociferar también para poder pedirle un café al camarero y que te entienda; en tiendas, donde la música ambiente suena tan alta porque así está todo "más animado", como reflejo de la mentalidad dominante; incluso en museos, que invitan a la contemplación silenciosa de la obra y en los que el gracioso de turno suelta lo primero que le parece mientras tú intentas disfrutar de tu visita, en tu tiempo libre.
Hay una tendencia muy "española" a confundir silencio y calma con aburrimiento, en lugar de con paz y relajación. Se equipara animación con decibelios más elevados de la cuenta, incluso con el ruido como ambiente de fondo. Y con semejante mentalidad, es fácil entender la proliferación despótica de los que avasallan al indefenso vecino con su "espontaneidad" o "naturalidad" "ibérica".
Así es que cada día que pasa se observa en mayor medida cómo sube el porcentaje de mala educación en unos y otros lugares, entendiendo por "mala educación" la falta de respeto al otro, la reiterada molestia al vecino, porque "ese es mi tono de voz, y al que le moleste que se tape los oídos"...
Somos, realmente, un país escandaloso, algo muy divertido para nuestros vecinos nórdicos, que, al fin y al cabo, sólo vienen de visita y lo contemplan como el espectáculo que resulta ser.
Somos, en fin, un país con abundancia de gente hortera y ordinaria que considera muy española la exhibición permanente y ruidosa de su vida privada, y no tan privada.
Lo del AVE, si quisiera RENFE, tendría muy fácil solución: antes había compartimentos para fumadores y no fumadores. Pues lo mismo. Ahora, pónganles ustedes el título a los vagones, que, con mi habitual "prudencia", jjajajaja, me callo.
Eso sí, luego dicen los fachas que cómo va a ser eso de cambiar la religión por la educación para la ciudadanía, que a dónde vamos a llegar adoctrinando a l@s niñ@s desde chiquititos ?? Tendrán poca vergüenza.....¿ acaso la religión que hemos padecido tod@s los de mi quinta no era puro adoctrinamiento pro-fascista ? ¿ no estábamos, "gracias a dios", por fin, en un país laico ????
Como siempre, sigo acordándome de mi abuela, santa y sabia: "aquí lo que hace falta es un poquito de Urbanidad, a ver si la gente aprende modales, leñe !"
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Yo soy de las que habla fuerte, no puedo evitarlo, me duele la garganta si tengo que bajar la voz pero sabiéndolo no voy contando mis chismes, mis teorías o mis trapos limpios/sucios en transportes públicos, lo mismo que si me suena el móvil en el autobús generalmente se queda en el bolso hasta que bajo. En el Ave he optado por ponerme los cascos con mi música nada más subir y perderme en la música y el paisaje o el libro de turno con tal de no oír a los demás. POr aquí se ha pueto de moda llevar al música del móvil como si fuera un radiocassette ¿por qué tengo que oír la música que le gusta a los demás y no poder oír la mía?¿tan caros son unos cascos con los que no se molesta a nadie y puedes poner la múscia que te apetezca y pasare adelante y atrás todas las veces que quieres?
ResponderEliminarD.
PD: Enlazaré tu blog si me lo permites
Si es que somos un país de gente exhibicionista, con poco sentido de la intimidad o el decoro y nos gusta hasta presumir de las músicas del móvil, como si las hubiéramos escrito nosotr@s, ayss,qué lastimita mare...y quizá sean las claves del éxito de los programas basura que destripan aquello que quieren l@s famos@s que sepamos de ell@s ( no todo, claro está y ni falta que hace).
ResponderEliminarEl plural de la primera persona se entiende que es pura cortesía, pues de ninguna de las maneras me incluyo en semejantes tipologías urbanas, "a dios gracias".
Será un placer que enlaces el blog, pues aprovecho para comentarte, como en otras ocasiones, que el tuyo me encanta. ¿ sabías que eres una estupenda divulgadora de los placeres de la/las cultura/s? leyendo tus comentarios dan ganas de irse corriendo a Barcelona, a disfrutar la última exposición o a la librería más cercana a leer el último libro. También me gusta ese otro apartado en que no sueles prodigarte tanto, el de las reflexiones más personales, no recuerdo el título de la etiqueta, pero, tú sabes a cuál me refiero. Si aceptaras una sugerencia de fiel lectora, creo que lo reforzaría con más apariciones; pues estoy segura de que tienes mucho que contar y que decir.
Gracias por tus palabras. Cuando sepa hacerlo espero que también me permitas enlazar tu blog.
Saluditos y expresiones
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