El aire soplaba fresco, algo húmedo, penetrante, casi afrodisíaco, con ese perfume de azahares que impregnaba el despacho cada vez que llegaba por la mañana y abría las puertas de par en par, respirando a pleno pulmón, recibiendo la luz distinta y los sutiles cambios que anunciaban los últimos días de marzo.
La dulzura de los verdes, casi desvaídos por el rosa claro de las primeras flores, se dibujaba más allá de los árboles del amor.
Los jardines de San Telmo la invitaban de forma coqueta a ese disfrute del simple respirar, de la contemplación de los pájaros dando saltitos al borde de la fuente, del silencio casi monacal que presidía aquel paraíso de retiro, en el palomar de la vieja Fábrica de Tabacos, interrumpido sólamente por el murmullo lejano del frenesí urbanícola.
Como cada primavera, M. volvía a entender a la perfección cuál era el origen de ese fenómeno estadístico tan sobrecogedor, el aumento significativo de los suicidios de temporada.
No, no había que ser un lince. La alegría de recibir la maravilla de las cosas de la naturaleza, ese eterno retorno a los cortejos de la reproducción, como ejemplo sencillo de la fortalezas de la vida; cualquiera de sus bellezas, contrastaba de forma atronadora con la tristeza de no poder compartir nada de aquello con el Amor de su vida.
Y le parecía que quizá nunca consiguiera encontrar el consuelo o el descanso para aquella pena, que la envolvía como una tela de araña, una malla cuyos hilos se trenzaban cada vez más tupidos, con menor resquicio a los rayos del sol o a las energías vitales.
La ausencia de Esther era demasiado escandalosa en primavera, era esa losa que hundía su alma hasta las más profundas simas de la desolación cada 26 de marzo.
Pues, de todas las fechas de su ajetreada existencia, de todos y cada uno de sus momentos de felicidad, ninguno podía hacer siquiera algo de sombra al día en que Esther le dijo que sí, que estaría encantada de andar con ella, a pesar de todo y de tod@s.
Aquel día fue el principio de su primavera, de aquel resurgir, como un torrente irreprimible, frente a sus tragedias principales; pero también fue el comienzo de la nada más absoluta.
Como cada primavera, cada 26 de marzo M. se sentía más muerta aún, porque no podía compartir con ella ninguna de aquellas dulzuras.
Porque sabía que la vida se le escapaba y Esther seguía sin dar señales de vida.
Cada día era otro día más sin ella, otra eternidad de sombras y sinsentidos, tan interminable como si, finalmente, hubiera descendido a los infiernos.
Pero el aire seguía urgando la herida secreta, con ese perfume de gloria, mezcla de flores, de incienso y de azules. Ese aire de su infancia, tan lleno de música pachanguera con pretensiones de santidad, rancias imágenes de ilustres personajillos; de interminables caminatas por el centro de la ciudad, cuando sus padres la llevaban de visita a ver la Semana Santa, fieles a la cita, como un clavo, entre empujones y bolas de cera.
Quizá fuera aquella letanía de sus más tiernos días el origen de su traslado a Sevilla, donde sus padres la habían enviado, a regañadientes, para estudiar una carrera que no tenía nada que ver con el campo, los vinos o ...
- ¡¡los muertos de Jerez !!! he dicho que no y es que no, pienso estudiar lo que a mí me guste y no hay más que hablar, rehostias !!!
- Ya hablaremos tú y yo, Macarena - le había dicho su padre inútilmente.
Entonces, recordó que tenía muy atrasados sus escritos. La psicóloga le había dado el alta obligatoria porque - decía - estaba perfectamente.
- Lo único que tienes es una tristeza infinita, pero eso no se cura si tú no pones de tu parte, entendido?
Como resultado, había conservado la necesidad de escribir aquella historia que le recomendó, como parte de la terapia.
Debía relatar lo que sentía con el mayor de los detalles, sin hurtar sentimientos o percepciones hacia Esther.
Debía ser implacablemente sincera, sin interponer los parapetos de la censura o la verguenza.
La realidad era que la imaginación barroca de M. había construído una historia que apenas se asemejaba al original, sino en ciertas condiciones ineludibles de las relaciones humanas.
Su carácter analítico gustaba de diseccionar acontecimientos y detalles del conjunto como si fuera un científico, en sus afanes por llegar hasta los últimos confines de la verdad.
Y así dibujó un mundo de personajes demasiado complejos como para ser traducidos al papel en condiciones.
Cuando alguna vez le había leído a la psicóloga algún que otro fragmento, no se le había ocurrido otra cosa que preguntarle:
- A ver, ¿ puedes decirme qué tiene esto que ver con todo lo que me has contado hasta ahora? o es que, ¿ no me lo has contado todo?
M., de todas formas, seguía relatando su particular visión. Le parecía algo constructivo independientemente de que ella tuviera razón.
Y así, antes de empezar la clase de la una, empezó a escribir con toda esa energía nueva, como si sólo la posibilidad de crear algo significativo la alejara momentáneamente de sus miserias....
[ - ¿ A Galiciaaaaaa? ¡¡ tú estás loco!!! vamos, hombre
- Pero cariño, déjame que te hable.
- ¡¡ Yo no me muevo de aquí ni por todo el oro del mundo !! Menuda forma de arreglar nada...
- Sabes que estoy preocupado por lo nuestro.Te noto distinta, ausente, incluso cuando...hay algo diferente. Es como si no fueras tú o no estuvieras aquí.
- Pero, ¿ eso qué tiene que ver con Galicia? ya sabes que necesito sol, que los lugares lluviosos me deprimen. Acaso, ¿quieres eso?
- Pero cómo puedes decir esa tontería tan grande? estoy pensando en ti y en mí, en poner remedio a tu estado. Sé que no estás bien, a ti te pasa algo, no hay más que ver tu cara, esa falta de vida y de entusiasmo.
A lo mejor ni siquiera tú misma sabes qué ocurre, pero he pensado que si estamos más tiempo juntos, podremos averiguarlo.
- (....)
La cara de Elena era pura incertidumbre, casi miedo al saber que nada de todo aquello había pasado desapercibido por Alberto.
Dime, amor, ¿qué te pasa? ¿qué tienes? dime qué puedo hacer para que vuelvas a ser tú.
-Tampoco creo que sea para tanto. Tengo una racha de seriedad. Sabes que no estoy muy así desde....
Aún le pesaba repetir aquella palabra fatídica. El accidente de sus hermanos había sido una de esas palizas que la vida procura a traición, sin avisar.
Y todavía estaba recuperándose de aquellas dos pérdidas que la dejaron completamente sola. Y lo peor. Nadie de esta tierra, nadie salvo M., había conseguido conocerla y comprenderla, como hacía Fernando, con esa facilidad que tanto la molestaba o que, simplemente, la asustaba más de la cuenta. Con Héctor se llevaba bien, pero no era lo mismo.
Con una sola mirada, Fernando sabía si había dormido bien, si había tenido una bronca con su tía o si había discutido con su ayudante en el trabajo, en sus diferentes grados o cualidades de importancia.
Y, sin que ella nunca lo supiera, percibió al instante el brillo de sus ojos cuando se enamoró de Alberto. Sin decirle nada, le daba más bromas que de costumbre, cuando esos pequeños matices apenas visibles sino en su mayor hermetismo, manifestaban un terremoto interno de 4,5, escala Richter, que sólo el amor profundo podía adivinar.
-¡ Elenaaaaaa, andaaaaaa, !!, que no me seas buho y baja a comer, que echamos de menos tus bufidos. ¡¡ Elenaaaaaa, que se ha roto la radioooooooo,!! que no hay músicaaaaaa, andaaaaaaaa!!!
- Jajja, que ya voy, pesao, que no me dejáis dibujar ni medio personaje. Ufff, que ganas tengo de casarme ya, para perderos de vista, eh.
Lo de ser un libro abierto para alguien no le había gustado nunca. La hacía sentir como si estuviera absolutamente desnuda delante de otra persona, clara y peligrosamene a su merced.
Siguió el viaje hacia los recónditos surcos del tiempo. Tenían 6 y 10 años.
Recordó a su hermano, sonriéndole cuando la pillaba in fraganti en uno de sus habituales trucos para esconderse de todos los demás habitantes del planeta Tierra.
-Eleeenaaaaa, dónde estas?....ajá!! estás aquíiiiii, te pillé bandida !!, anda, ven, sal de ahí, enana, tienes que venir a saludar a estos amigos. Venga...
Recordó su sonrisa, llena de dulzura, simpatía y amor eternos. Recordó que ya no lo vería nunca más...Sintió de nuevo ese frío que se cuela muy profundo, hasta más allá del alma, y, de nuevo, sus grandes ojos se oscurecieron, empapados por esa soledad implacable que aún, incluso entre los amorosos brazos de Alberto o la cercanía emocionante de M., seguía martilleando sus peores momentos.
Cuando M. le había preguntado cómo estaba, cómo se sentía, ella, simplemente, le decía,
- Como la protagonista de Tomates verdes fritos, cuando el tren mata a su hermano. En realidad, creo que estoy peor que ella....a mí se me han muerto dos...
Sí, claro que sí, sabía que siempre podría contar con Alberto como ahora, con sus grandes brazos, cálidos y tiernos, sus abrazos de gran Rey Mago, repartiéndole a manos llenas toda su maravillosa paciencia, con esa inteligencia calmada que brillaba de amor cuando la miraba...
- ( sin embargo....no, no puedo, no puedo pensar en eso ahora....) ...
No sé, Alberto. No sé si sería capaz...ufff, vivir fuera de Alicante. Sabes que tengo aquí mi taller, mis contactos...mi familia...
- Pero cariño, sólo sería una temporada. Seis meses pasan volando.Yo, yo estaría contigo todos los días, después del trabajo. Recuperaríamos nuestras charlas diarias. Echo de menos tus batallitas.
Pero lo mejor de todo, ¿sabes? sería que saldríamos más a menudo a cenar, a pasear, a charlar , como en nuestros tiempos de novios, ¿te acuerdas? mirándonos a los ojos, embobaditos.
¿ Te acuerdas? entonces estabas empezando tu carrera y me decías que sólo me querías a mí, no tus instalaciones, jajajaja, qué gracia. Siempre supe que tendría que competir con tus muñecotes, pero nunca me importó. Te quería y te quiero demasiado como para rendirme tan fácilmente... ¿qué me dices?
Pero Elena recordó también aquellos tiempos y supo, con la claridad implacable de ciertas verdades, que nunca más podría volver a recuperar aquel estado de completo enamoramiento, aquella felicidad que la vida había ido erosionando, silenciosa y traicioneramente. De nuevo, la mirada se le aguó.
- sssssss, anda, guapa, ven aquí, qué te pasa, por qué me lloras?
Y el cuerpo de Alberto la cobijó de nuevo, como tantas y tantas veces en las que ella se había sentido un pequeño punto perdido en el Universo.
Sin embargo, esta vez no pudo experimentar el alivio y la calma habituales; casi el agradecimiento feliz que desprendemos hacia la seguridad de las buenas costumbres.
- Perdóname, tú sabes que te quiero. Que te quiero muchisimo, ¿ verdad que lo sabes? no quiero preocuparte con mis cosas, pero es que llevo una racha que no soy yo. Como siempre, tienes razón.
- ¿me cuentas qué te pasa, por favor? sabes que no hay nada que no pudiera entender y nada que yo no hiciera por ti. Soy todo oídos para ti, mi niña.
- Nada, de verdad, no me pasa nada serio...
( uffff, joder, joder, joder.....ojalá, ojalá pudiera contártelo; sé que precisamente tú lo entenderías perfectamente, por mucha que fuera tu desolación. Pero no puedo hacerte algo así... no. No podría contarte la verdad...nunca...)
Recordó aquella película antigua que, casi como una intuición, había llegado a sus manos. Aprovechando unas rebajas de la Fnac, la encontró en el "rincón del cine clásico", esas maravillas que ya no se hacían hoy en día.
Le gustó el título - ( Y siendo de David Lean...seguro que estará bien, y, además, sólo tres euros. Total, no pierdo nada, no? )
Recordó aquella escena absolutamente desgarradora, cuando ella, sentada en el salón de su casa, frente a su marido, se debate entre su desesperado enamoramiento de aquel hombre que llegó a su vida, como un apasionado huracán y el amor profundo que la unía a su marido y a sus hijos.
De pronto, su mente voló aun más lejos. M. le había hablado de cierta película antigua que quería regalarle, que era una obra maestra de toda la historia del cine porque...
- mira, es que, es que de verdad, está tan bien contada, ufff, no sólo te va a gustar sino que ya verás, es una de esas veces en las que nadie se queda indiferente, porque cualquier espectador se ve impulsado hacia ese eterno debate que surge sobre el bien y el mal, lo que debemos o no debemos hacer en la vida, en determinadas circunstancias.
Ya me contarás...
M. le había dicho que,
- a ver si la encuentro un día de estos y te la regalo, creo que te va a encantar.
En aquel momento,la visión de la historia la había dejado absolutamente afectada porque el dilema que planteaba el director era, efectivamente, tan duro como difícil de juzgar.
De alguna manera, sin saber muy bien por qué, se sintió incómoda; había ciertas cosas de la protagonista que le recordaban demasiado a sí misma. Su lucha interna, su amor por su marido, su miedo al qué dirán....Y aquella historia.......hablaba del Amor y sus distintas versiones. Acaso, ¿ había que elegir siempre?
Había hablado con M. tantas veces de lo que significaba para ella el Amor, con mayúsculas.
Y de pronto, la visión de absoluta tristeza de aquella mujer le provocó un repentino palpitar del corazón, un escalofrío revelador que fue como un fogonazo. Aquella mujer le estaba hablado a ella. Elena sintió que le estaba contando toda su historia para algo, por algo...
"Nos divertimos tanto. Me sentí alegre y contenta, y libre. Eso era lo vergonzoso. Eso era lo que te habría herido, si lo hubieras sabido... que fuera capaz de sentir tan intensamente... lejos de ti... con un desconocido..."
Como en un acto reflejo, abrazó aun más a su marido, que sabía respetar esos silencios repentinos, tan suyos.
Seguía recordando justo....- aquella escena final, cuando él ya se ha ido..ufff, mare mía, todavía se me ponen los pelos de punta...
"No durará. Esta tristeza no durará. Debo recordarlo e intentar controlarme. Nada dura en realidad. Ni la felicidad ni la desesperación. Ni siquiera la vida dura mucho... Llegará un momento en que esto ya no me importará. Miraré atrás y pensaré...Qué tonta fui...
No quiero que llegue nunca ese momento... Quiero recordar cada minuto... siempre... siempre, hasta que me muera..."
Cuando apareció el The End casi lo agradeció. Aún estaba secándose las lágrimas con toda la rabia que sintió en aquel momento.
- Te odiooooooo !!!! - había dicho en voz alta, mientras arrojaba el estuche con toda su fuerza, y su mejor amigo le decía,
-Pero chica, qué pasa, qué tienes, ¿no te ha gustado la peli?
Si lo llego a saber, que no te invito, más eh, anda, dime qué pasa. Que me tienes en ascuas.
Pero Elena seguía llorando sobre la otra parte del sofá.
- Nada, no me pasa nada.
- ¿ seguro? anda, toma, que nunca llevas pañuelos encima, so desastre, jajajja....¿seguro que no te pasa nada? a mí no me engañas... y está claro que un poco más y me rompes mi tele de plasma, que ya tendría delito la cosa, eh, - le sonreía aquel chico estupendo que tanto la quería.
- No, digo sí, ufff...la quiero, sólo eso. La quiero y por más que me empeño no puedo dejar de hacerlo. y ella lo sabe, lo sabe como si pudiera ver dentro de mi corazón. ¡¡ No hay derecho, rehostias!!
- Pues si yo fuera tú, me lo tomaría con calma. Así no vas a conseguir nada en absoluto.
- Claro, qué fácil es hablar cuando no se está en la situación, verdad? ¿no te das cuenta que lo ha hecho a posta? ¿ es que no ves que lo ha hecho todo sabiendo cómo me iba a sentar ver la dichosa película? - soltó como un chispazo lo primero que se le ocurrió, dejándose llevar por la portentosa imaginación de los artistas.
De pronto sintió verguenza por aquel arrebato. Cayó en la cuenta de que en realidad M. nunca le había dicho cómo se llamaba la película de la que hablaba ni de lo que iba. Sólo que,
-"Mira, el otro día vi una peli estupenda, de esas antiguas de llorar, ufff, es una maravilla, a ver si...."
- Lo único que veo es que esa mujer está tan absolutamente desesperada, que te hace unos regalos de lo más......porque se supone que ¿te la habrá regalao ella, no?
- Claro que no, ¿por qué iba a hacer algo así? lo he dicho por decir, ella no pudo regalarme nada porque, al poco tiempo de aquella conversación, le dije que yo no podía seguir así.
Yo no tenía ni idea de qué iba y la he comprado por casualidad en la Fnac, sólo por el director. Pero....
Pensó que lo mejor era dejar el asunto y no dar más explicaciones. Sobre todo porque su obsesión por M. le había vuelto a jugar una mala pasada.
- Eso sí, la chica será una maravilla, pero, por otra parte, digo yo que debe ser una auténtica carroza. Mira que recomendarte semejante antigualla....y en blanco y negro , por favor..... en fin, que....no digo que......
La mirada de Elena había cambiado por completo. Ahora casi echaba chispas. Cuando iba a soltar lo primero que se le estaba ocurriendo, recordó que era su amigo del alma y se contuvo.
- Parece mentira que seamos amigos. La película es preciosa. Y está tan llena de romanticismo, de esa búsqueda del Amor en su sentido más profundo, un ejemplo de su....
da igual...prefiero cambiar de tema.
Elena sabía que había cosas que sólo dos almas enamoradas podían comprender, con una sola mirada, con esa sincronía que ciertos codecs permitían en las complejidades de algunos sistemas informáticos, o que sólo aquella casualidad había provocado, aquel día de lágrimas, pañuelos y comparaciones entre las lechugas del McDonald.
Y aunque ni siquiera tenía prueba alguna de que M. le hablara de la misma historia, algo en su interior le decía que sí, que era tan propia del romanticismo pasional de M. que, finalmente, la guardó en sus recuerdos como el mejor ejemplo que pudo encontrar en su atormentado corazón, como la huella flagrante de todo aquello que había desechado de un plumazo.
Y es que a veces, cuando la recordaba, en su salsa, hablándole de las maravillas de la naturaleza o de sus mil tonterías, el pinchazo interno era de dolor y de....
- ¿ te estás escuchando? hay que ver cómo la defiendes. Y decías hace un momento que la odiabas, jajaja.
- Sí, la odio y la quiero. La odio por alterar mi tranquilidad. Pero, al mismo tiempo, no sé si alguna vez podré abandonar por completo su recuerdo.
Y es que con nadie había experimentado Elena semejante cercanía en la forma de entender las esencias de la vida, especialmente en lo que se refería al Amor, esa visión romántico-idealista que M. desprendía a su alrededor, cuando hablaba a sus alumnos, cuando le contaba sus cosas cotidianas, o cuando la había admirado, despistada, haciendo fotos de las palmeras, en una de sus frecuentes visitas alicantinas.
- ¿ la quieres? ¿ no decías que querías a Alberto?
- Yo....- Y empezó a llorar de nuevo con todo el desconsuelo del mundo.
- Ven, cariño, ven, anda, cariño, déjalo estar. No puedes querer a dos personas a la vez. La vida es ya lo suficientemente complicada como para que eso sea posible. Has hecho bien en tomar una decisión. Es lo mejor que podías hacer. Y lo sabes.
- No creas que lo tengo tan claro, eh. Me ha costado bastante renunciar a ella. Pero, al final, ufff, sí... tuve el valor para hacerlo ( eso espero)
El valor que no era otra cosa que la cobardía de renunciar a otra vida, quizá demasiado atrevida para ella. Quizá demasiado complicada, por sus numerosas implicaciones. Sobre todo, el valor de aceptar, que, efectivamente, tal como le había dicho M., aún no estaba preparada para ser realmente amada, amada hasta el último suspiro, en esa utopía feliz que sólo M. podría hacer real.
En el fondo de su alma, Elena sabía que M. era su sueño. Pero....aún no....
( ¿lo estaré algún día? ..de verdad... ¿ puedo renunciar a ella para siempre? uffff)
-Anda, perdóname, estoy demasiado cansada. Hoy he tenido que cargar con todo el peso de las figuras grandes, yo sola.
F. no estaba y estoy hecha polvo.
- Claro que sí, guapa. - Y se acercó a darle un beso de abuela, de esos llenos de cariño y de saliva
- Vámonos a dormir. Mañana será otro día.
- No. Me voy a casa. Quiero estar cuando Alberto llegue. Hoy lo he notado mal por teléfono. Había huelga de controladores en París y el vuelo se retrasaba hasta las 12. Imagínate, debe estar molido.
- Como quieras, pero es tardísimo. Y para cuando él llegue...tú estás en el séptimo sueño, no?
- Ya, pero así estoy allí, y se encuentra la cama calentita..pobre, después del día que lleva... eso es una de las cosas bonitas que tiene el vivir en pareja, no te parece?
- Sí. Y muy tierno. Está claro que lo sigues queriendo mucho, verdad?
- Por supuesto que lo quiero. Muchisimo. Además, lo echo de menos. Hace una semana que no nos vemos, entre una cosa y otra.
- Valeeee, que, desde luego, contigo no se puede.
Venga, si te vas a ir, decídete, que yo estoy que me caigo. Hala, andando que es para hoy. Ufff, y mañana a madrugar.....
- Jaajja, mira que eres rápido, eh, ayssss, menos mal que sé que me quieres, que si no.....jajjaja
- Jajjaja
- Un beso, que me voy.
- Nos vemos pronto, vale? que anda que no es dificil pillarte, que parece que vives en Madrid y no en Alicante.
- Sí. Descuida. Te llamo pronto.
- Ten cuidado y no te vayas por las calles oscuras, vale? que tú eres más chula que un ocho, que te conozco.
- Que síiiiiii, so pelmazo. Si con esta pinta de hippy quién se va a fijar en mí? jajaja
-Ah, oye, que al final no me has contao ná de ná. ¿no era hoy cuando ibas a decirme desde cuándo te gustan las mujeres? a mí me dejas de piedra, eh...
- Pero si no me gustan las mujeres. Me gusta ella, nada más.
- Venga, vale, lo que tú digas.... Otro día hablamos.
-Vale guapo. Chao.
-Chao. Ten cuidaíto.
El aire fresco de la noche seguía hablándole de aquella primavera que descubrió con M..
Recordó ese gesto tan normal, ese respirar profundamente, aquella sensación de alivio, que volvía a aligerar el peso de su conciencia, aunque sólo fuera de forma momentánea.....pues los diálogos de la película continuaron retumbando en su cabeza, como si todas y cada una de sus proposiciones fueran inútiles, durante mucho tiempo después.
"- ¿Cuántas veces tomaste la resolución de no volver a verme?
- Varias veces al día.
-Yo también.
- Oh, Alec
- Te quiero. Me encantan tus ojos sorprendidos, la forma en que sonríes, tu timidez, el modo con que te ríes mis bromas...
¡Por favor, no!
- Te quiero, te quiero. Y tú me quieres, es inútil pretender que no ha pasado nada porque sí ha pasado."
Pero Elena no estaba de acuerdo. Miraba la expresión preocupada de Alberto y eso la reafirmaba aún más en su retahila interna...(tengo clarísimo que no, no ha pasado nada, no tengo nada que ocultar ...todo va a salir bien....estoy segura...)
- Cariño, déjame que lo piense un poco, vale? ].......
-Toc, toc......¿ se puede? Dra. Wilson? ah, está usted aquí. Pensábamos que le había ocurrido algo. Sus alumnos andan alborotados hace media hora...
- Uffff, disculpe, me había dormido. Gracias, enseguida voy.
(cualquier día me descubren la mentira y me abren un expediente. Esto no puede seguir así )....
Mientras, el tiempo revoltoso de la primavera le abría los ventanales de nuevo y le regalaba, una vez más, el recordatorio de que la vida seguía... los ritos seguían....más allá de las negruras del alma.
Y la lejanía le traía sones de aires populares, aquella mezcla de pasodoble levantino, incienso y pasión que M. asociaba con los días azules de la infancia, los naranjos en flor, la atmósfera etérea, pasajera y luminosa, de las cosas que nunca vuelven.
(Nota: los nombres de los personajes son un homenaje a la serie Hospital Central, de la cual proceden)
La dulzura de los verdes, casi desvaídos por el rosa claro de las primeras flores, se dibujaba más allá de los árboles del amor.
Los jardines de San Telmo la invitaban de forma coqueta a ese disfrute del simple respirar, de la contemplación de los pájaros dando saltitos al borde de la fuente, del silencio casi monacal que presidía aquel paraíso de retiro, en el palomar de la vieja Fábrica de Tabacos, interrumpido sólamente por el murmullo lejano del frenesí urbanícola.
Como cada primavera, M. volvía a entender a la perfección cuál era el origen de ese fenómeno estadístico tan sobrecogedor, el aumento significativo de los suicidios de temporada.
No, no había que ser un lince. La alegría de recibir la maravilla de las cosas de la naturaleza, ese eterno retorno a los cortejos de la reproducción, como ejemplo sencillo de la fortalezas de la vida; cualquiera de sus bellezas, contrastaba de forma atronadora con la tristeza de no poder compartir nada de aquello con el Amor de su vida.
Y le parecía que quizá nunca consiguiera encontrar el consuelo o el descanso para aquella pena, que la envolvía como una tela de araña, una malla cuyos hilos se trenzaban cada vez más tupidos, con menor resquicio a los rayos del sol o a las energías vitales.
La ausencia de Esther era demasiado escandalosa en primavera, era esa losa que hundía su alma hasta las más profundas simas de la desolación cada 26 de marzo.
Pues, de todas las fechas de su ajetreada existencia, de todos y cada uno de sus momentos de felicidad, ninguno podía hacer siquiera algo de sombra al día en que Esther le dijo que sí, que estaría encantada de andar con ella, a pesar de todo y de tod@s.
Aquel día fue el principio de su primavera, de aquel resurgir, como un torrente irreprimible, frente a sus tragedias principales; pero también fue el comienzo de la nada más absoluta.
Como cada primavera, cada 26 de marzo M. se sentía más muerta aún, porque no podía compartir con ella ninguna de aquellas dulzuras.
Porque sabía que la vida se le escapaba y Esther seguía sin dar señales de vida.
Cada día era otro día más sin ella, otra eternidad de sombras y sinsentidos, tan interminable como si, finalmente, hubiera descendido a los infiernos.
Pero el aire seguía urgando la herida secreta, con ese perfume de gloria, mezcla de flores, de incienso y de azules. Ese aire de su infancia, tan lleno de música pachanguera con pretensiones de santidad, rancias imágenes de ilustres personajillos; de interminables caminatas por el centro de la ciudad, cuando sus padres la llevaban de visita a ver la Semana Santa, fieles a la cita, como un clavo, entre empujones y bolas de cera.
Quizá fuera aquella letanía de sus más tiernos días el origen de su traslado a Sevilla, donde sus padres la habían enviado, a regañadientes, para estudiar una carrera que no tenía nada que ver con el campo, los vinos o ...
- ¡¡los muertos de Jerez !!! he dicho que no y es que no, pienso estudiar lo que a mí me guste y no hay más que hablar, rehostias !!!
- Ya hablaremos tú y yo, Macarena - le había dicho su padre inútilmente.
Entonces, recordó que tenía muy atrasados sus escritos. La psicóloga le había dado el alta obligatoria porque - decía - estaba perfectamente.
- Lo único que tienes es una tristeza infinita, pero eso no se cura si tú no pones de tu parte, entendido?
Como resultado, había conservado la necesidad de escribir aquella historia que le recomendó, como parte de la terapia.
Debía relatar lo que sentía con el mayor de los detalles, sin hurtar sentimientos o percepciones hacia Esther.
Debía ser implacablemente sincera, sin interponer los parapetos de la censura o la verguenza.
La realidad era que la imaginación barroca de M. había construído una historia que apenas se asemejaba al original, sino en ciertas condiciones ineludibles de las relaciones humanas.
Su carácter analítico gustaba de diseccionar acontecimientos y detalles del conjunto como si fuera un científico, en sus afanes por llegar hasta los últimos confines de la verdad.
Y así dibujó un mundo de personajes demasiado complejos como para ser traducidos al papel en condiciones.
Cuando alguna vez le había leído a la psicóloga algún que otro fragmento, no se le había ocurrido otra cosa que preguntarle:
- A ver, ¿ puedes decirme qué tiene esto que ver con todo lo que me has contado hasta ahora? o es que, ¿ no me lo has contado todo?
M., de todas formas, seguía relatando su particular visión. Le parecía algo constructivo independientemente de que ella tuviera razón.
Y así, antes de empezar la clase de la una, empezó a escribir con toda esa energía nueva, como si sólo la posibilidad de crear algo significativo la alejara momentáneamente de sus miserias....
[ - ¿ A Galiciaaaaaa? ¡¡ tú estás loco!!! vamos, hombre
- Pero cariño, déjame que te hable.
- ¡¡ Yo no me muevo de aquí ni por todo el oro del mundo !! Menuda forma de arreglar nada...
- Sabes que estoy preocupado por lo nuestro.Te noto distinta, ausente, incluso cuando...hay algo diferente. Es como si no fueras tú o no estuvieras aquí.
- Pero, ¿ eso qué tiene que ver con Galicia? ya sabes que necesito sol, que los lugares lluviosos me deprimen. Acaso, ¿quieres eso?
- Pero cómo puedes decir esa tontería tan grande? estoy pensando en ti y en mí, en poner remedio a tu estado. Sé que no estás bien, a ti te pasa algo, no hay más que ver tu cara, esa falta de vida y de entusiasmo.
A lo mejor ni siquiera tú misma sabes qué ocurre, pero he pensado que si estamos más tiempo juntos, podremos averiguarlo.
- (....)
La cara de Elena era pura incertidumbre, casi miedo al saber que nada de todo aquello había pasado desapercibido por Alberto.
Dime, amor, ¿qué te pasa? ¿qué tienes? dime qué puedo hacer para que vuelvas a ser tú.
-Tampoco creo que sea para tanto. Tengo una racha de seriedad. Sabes que no estoy muy así desde....
Aún le pesaba repetir aquella palabra fatídica. El accidente de sus hermanos había sido una de esas palizas que la vida procura a traición, sin avisar.
Y todavía estaba recuperándose de aquellas dos pérdidas que la dejaron completamente sola. Y lo peor. Nadie de esta tierra, nadie salvo M., había conseguido conocerla y comprenderla, como hacía Fernando, con esa facilidad que tanto la molestaba o que, simplemente, la asustaba más de la cuenta. Con Héctor se llevaba bien, pero no era lo mismo.
Con una sola mirada, Fernando sabía si había dormido bien, si había tenido una bronca con su tía o si había discutido con su ayudante en el trabajo, en sus diferentes grados o cualidades de importancia.
Y, sin que ella nunca lo supiera, percibió al instante el brillo de sus ojos cuando se enamoró de Alberto. Sin decirle nada, le daba más bromas que de costumbre, cuando esos pequeños matices apenas visibles sino en su mayor hermetismo, manifestaban un terremoto interno de 4,5, escala Richter, que sólo el amor profundo podía adivinar.
-¡ Elenaaaaaa, andaaaaaa, !!, que no me seas buho y baja a comer, que echamos de menos tus bufidos. ¡¡ Elenaaaaaa, que se ha roto la radioooooooo,!! que no hay músicaaaaaa, andaaaaaaaa!!!
- Jajja, que ya voy, pesao, que no me dejáis dibujar ni medio personaje. Ufff, que ganas tengo de casarme ya, para perderos de vista, eh.
Lo de ser un libro abierto para alguien no le había gustado nunca. La hacía sentir como si estuviera absolutamente desnuda delante de otra persona, clara y peligrosamene a su merced.
Siguió el viaje hacia los recónditos surcos del tiempo. Tenían 6 y 10 años.
Recordó a su hermano, sonriéndole cuando la pillaba in fraganti en uno de sus habituales trucos para esconderse de todos los demás habitantes del planeta Tierra.
-Eleeenaaaaa, dónde estas?....ajá!! estás aquíiiiii, te pillé bandida !!, anda, ven, sal de ahí, enana, tienes que venir a saludar a estos amigos. Venga...
Recordó su sonrisa, llena de dulzura, simpatía y amor eternos. Recordó que ya no lo vería nunca más...Sintió de nuevo ese frío que se cuela muy profundo, hasta más allá del alma, y, de nuevo, sus grandes ojos se oscurecieron, empapados por esa soledad implacable que aún, incluso entre los amorosos brazos de Alberto o la cercanía emocionante de M., seguía martilleando sus peores momentos.
Cuando M. le había preguntado cómo estaba, cómo se sentía, ella, simplemente, le decía,
- Como la protagonista de Tomates verdes fritos, cuando el tren mata a su hermano. En realidad, creo que estoy peor que ella....a mí se me han muerto dos...
Sí, claro que sí, sabía que siempre podría contar con Alberto como ahora, con sus grandes brazos, cálidos y tiernos, sus abrazos de gran Rey Mago, repartiéndole a manos llenas toda su maravillosa paciencia, con esa inteligencia calmada que brillaba de amor cuando la miraba...
- ( sin embargo....no, no puedo, no puedo pensar en eso ahora....) ...
No sé, Alberto. No sé si sería capaz...ufff, vivir fuera de Alicante. Sabes que tengo aquí mi taller, mis contactos...mi familia...
- Pero cariño, sólo sería una temporada. Seis meses pasan volando.Yo, yo estaría contigo todos los días, después del trabajo. Recuperaríamos nuestras charlas diarias. Echo de menos tus batallitas.
Pero lo mejor de todo, ¿sabes? sería que saldríamos más a menudo a cenar, a pasear, a charlar , como en nuestros tiempos de novios, ¿te acuerdas? mirándonos a los ojos, embobaditos.
¿ Te acuerdas? entonces estabas empezando tu carrera y me decías que sólo me querías a mí, no tus instalaciones, jajajaja, qué gracia. Siempre supe que tendría que competir con tus muñecotes, pero nunca me importó. Te quería y te quiero demasiado como para rendirme tan fácilmente... ¿qué me dices?
Pero Elena recordó también aquellos tiempos y supo, con la claridad implacable de ciertas verdades, que nunca más podría volver a recuperar aquel estado de completo enamoramiento, aquella felicidad que la vida había ido erosionando, silenciosa y traicioneramente. De nuevo, la mirada se le aguó.
- sssssss, anda, guapa, ven aquí, qué te pasa, por qué me lloras?
Y el cuerpo de Alberto la cobijó de nuevo, como tantas y tantas veces en las que ella se había sentido un pequeño punto perdido en el Universo.
Sin embargo, esta vez no pudo experimentar el alivio y la calma habituales; casi el agradecimiento feliz que desprendemos hacia la seguridad de las buenas costumbres.
- Perdóname, tú sabes que te quiero. Que te quiero muchisimo, ¿ verdad que lo sabes? no quiero preocuparte con mis cosas, pero es que llevo una racha que no soy yo. Como siempre, tienes razón.
- ¿me cuentas qué te pasa, por favor? sabes que no hay nada que no pudiera entender y nada que yo no hiciera por ti. Soy todo oídos para ti, mi niña.
- Nada, de verdad, no me pasa nada serio...
( uffff, joder, joder, joder.....ojalá, ojalá pudiera contártelo; sé que precisamente tú lo entenderías perfectamente, por mucha que fuera tu desolación. Pero no puedo hacerte algo así... no. No podría contarte la verdad...nunca...)
Recordó aquella película antigua que, casi como una intuición, había llegado a sus manos. Aprovechando unas rebajas de la Fnac, la encontró en el "rincón del cine clásico", esas maravillas que ya no se hacían hoy en día.
Le gustó el título - ( Y siendo de David Lean...seguro que estará bien, y, además, sólo tres euros. Total, no pierdo nada, no? )
Recordó aquella escena absolutamente desgarradora, cuando ella, sentada en el salón de su casa, frente a su marido, se debate entre su desesperado enamoramiento de aquel hombre que llegó a su vida, como un apasionado huracán y el amor profundo que la unía a su marido y a sus hijos.
De pronto, su mente voló aun más lejos. M. le había hablado de cierta película antigua que quería regalarle, que era una obra maestra de toda la historia del cine porque...
- mira, es que, es que de verdad, está tan bien contada, ufff, no sólo te va a gustar sino que ya verás, es una de esas veces en las que nadie se queda indiferente, porque cualquier espectador se ve impulsado hacia ese eterno debate que surge sobre el bien y el mal, lo que debemos o no debemos hacer en la vida, en determinadas circunstancias.
Ya me contarás...
M. le había dicho que,
- a ver si la encuentro un día de estos y te la regalo, creo que te va a encantar.
En aquel momento,la visión de la historia la había dejado absolutamente afectada porque el dilema que planteaba el director era, efectivamente, tan duro como difícil de juzgar.
De alguna manera, sin saber muy bien por qué, se sintió incómoda; había ciertas cosas de la protagonista que le recordaban demasiado a sí misma. Su lucha interna, su amor por su marido, su miedo al qué dirán....Y aquella historia.......hablaba del Amor y sus distintas versiones. Acaso, ¿ había que elegir siempre?
Había hablado con M. tantas veces de lo que significaba para ella el Amor, con mayúsculas.
Y de pronto, la visión de absoluta tristeza de aquella mujer le provocó un repentino palpitar del corazón, un escalofrío revelador que fue como un fogonazo. Aquella mujer le estaba hablado a ella. Elena sintió que le estaba contando toda su historia para algo, por algo...
"Nos divertimos tanto. Me sentí alegre y contenta, y libre. Eso era lo vergonzoso. Eso era lo que te habría herido, si lo hubieras sabido... que fuera capaz de sentir tan intensamente... lejos de ti... con un desconocido..."
Como en un acto reflejo, abrazó aun más a su marido, que sabía respetar esos silencios repentinos, tan suyos.
Seguía recordando justo....- aquella escena final, cuando él ya se ha ido..ufff, mare mía, todavía se me ponen los pelos de punta...
"No durará. Esta tristeza no durará. Debo recordarlo e intentar controlarme. Nada dura en realidad. Ni la felicidad ni la desesperación. Ni siquiera la vida dura mucho... Llegará un momento en que esto ya no me importará. Miraré atrás y pensaré...Qué tonta fui...
No quiero que llegue nunca ese momento... Quiero recordar cada minuto... siempre... siempre, hasta que me muera..."
Cuando apareció el The End casi lo agradeció. Aún estaba secándose las lágrimas con toda la rabia que sintió en aquel momento.
- Te odiooooooo !!!! - había dicho en voz alta, mientras arrojaba el estuche con toda su fuerza, y su mejor amigo le decía,
-Pero chica, qué pasa, qué tienes, ¿no te ha gustado la peli?
Si lo llego a saber, que no te invito, más eh, anda, dime qué pasa. Que me tienes en ascuas.
Pero Elena seguía llorando sobre la otra parte del sofá.
- Nada, no me pasa nada.
- ¿ seguro? anda, toma, que nunca llevas pañuelos encima, so desastre, jajajja....¿seguro que no te pasa nada? a mí no me engañas... y está claro que un poco más y me rompes mi tele de plasma, que ya tendría delito la cosa, eh, - le sonreía aquel chico estupendo que tanto la quería.
- No, digo sí, ufff...la quiero, sólo eso. La quiero y por más que me empeño no puedo dejar de hacerlo. y ella lo sabe, lo sabe como si pudiera ver dentro de mi corazón. ¡¡ No hay derecho, rehostias!!
- Pues si yo fuera tú, me lo tomaría con calma. Así no vas a conseguir nada en absoluto.
- Claro, qué fácil es hablar cuando no se está en la situación, verdad? ¿no te das cuenta que lo ha hecho a posta? ¿ es que no ves que lo ha hecho todo sabiendo cómo me iba a sentar ver la dichosa película? - soltó como un chispazo lo primero que se le ocurrió, dejándose llevar por la portentosa imaginación de los artistas.
De pronto sintió verguenza por aquel arrebato. Cayó en la cuenta de que en realidad M. nunca le había dicho cómo se llamaba la película de la que hablaba ni de lo que iba. Sólo que,
-"Mira, el otro día vi una peli estupenda, de esas antiguas de llorar, ufff, es una maravilla, a ver si...."
- Lo único que veo es que esa mujer está tan absolutamente desesperada, que te hace unos regalos de lo más......porque se supone que ¿te la habrá regalao ella, no?
- Claro que no, ¿por qué iba a hacer algo así? lo he dicho por decir, ella no pudo regalarme nada porque, al poco tiempo de aquella conversación, le dije que yo no podía seguir así.
Yo no tenía ni idea de qué iba y la he comprado por casualidad en la Fnac, sólo por el director. Pero....
Pensó que lo mejor era dejar el asunto y no dar más explicaciones. Sobre todo porque su obsesión por M. le había vuelto a jugar una mala pasada.
- Eso sí, la chica será una maravilla, pero, por otra parte, digo yo que debe ser una auténtica carroza. Mira que recomendarte semejante antigualla....y en blanco y negro , por favor..... en fin, que....no digo que......
La mirada de Elena había cambiado por completo. Ahora casi echaba chispas. Cuando iba a soltar lo primero que se le estaba ocurriendo, recordó que era su amigo del alma y se contuvo.
- Parece mentira que seamos amigos. La película es preciosa. Y está tan llena de romanticismo, de esa búsqueda del Amor en su sentido más profundo, un ejemplo de su....
da igual...prefiero cambiar de tema.
Elena sabía que había cosas que sólo dos almas enamoradas podían comprender, con una sola mirada, con esa sincronía que ciertos codecs permitían en las complejidades de algunos sistemas informáticos, o que sólo aquella casualidad había provocado, aquel día de lágrimas, pañuelos y comparaciones entre las lechugas del McDonald.
Y aunque ni siquiera tenía prueba alguna de que M. le hablara de la misma historia, algo en su interior le decía que sí, que era tan propia del romanticismo pasional de M. que, finalmente, la guardó en sus recuerdos como el mejor ejemplo que pudo encontrar en su atormentado corazón, como la huella flagrante de todo aquello que había desechado de un plumazo.
Y es que a veces, cuando la recordaba, en su salsa, hablándole de las maravillas de la naturaleza o de sus mil tonterías, el pinchazo interno era de dolor y de....
- ¿ te estás escuchando? hay que ver cómo la defiendes. Y decías hace un momento que la odiabas, jajaja.
- Sí, la odio y la quiero. La odio por alterar mi tranquilidad. Pero, al mismo tiempo, no sé si alguna vez podré abandonar por completo su recuerdo.
Y es que con nadie había experimentado Elena semejante cercanía en la forma de entender las esencias de la vida, especialmente en lo que se refería al Amor, esa visión romántico-idealista que M. desprendía a su alrededor, cuando hablaba a sus alumnos, cuando le contaba sus cosas cotidianas, o cuando la había admirado, despistada, haciendo fotos de las palmeras, en una de sus frecuentes visitas alicantinas.
- ¿ la quieres? ¿ no decías que querías a Alberto?
- Yo....- Y empezó a llorar de nuevo con todo el desconsuelo del mundo.
- Ven, cariño, ven, anda, cariño, déjalo estar. No puedes querer a dos personas a la vez. La vida es ya lo suficientemente complicada como para que eso sea posible. Has hecho bien en tomar una decisión. Es lo mejor que podías hacer. Y lo sabes.
- No creas que lo tengo tan claro, eh. Me ha costado bastante renunciar a ella. Pero, al final, ufff, sí... tuve el valor para hacerlo ( eso espero)
El valor que no era otra cosa que la cobardía de renunciar a otra vida, quizá demasiado atrevida para ella. Quizá demasiado complicada, por sus numerosas implicaciones. Sobre todo, el valor de aceptar, que, efectivamente, tal como le había dicho M., aún no estaba preparada para ser realmente amada, amada hasta el último suspiro, en esa utopía feliz que sólo M. podría hacer real.
En el fondo de su alma, Elena sabía que M. era su sueño. Pero....aún no....
( ¿lo estaré algún día? ..de verdad... ¿ puedo renunciar a ella para siempre? uffff)
-Anda, perdóname, estoy demasiado cansada. Hoy he tenido que cargar con todo el peso de las figuras grandes, yo sola.
F. no estaba y estoy hecha polvo.
- Claro que sí, guapa. - Y se acercó a darle un beso de abuela, de esos llenos de cariño y de saliva
- Vámonos a dormir. Mañana será otro día.
- No. Me voy a casa. Quiero estar cuando Alberto llegue. Hoy lo he notado mal por teléfono. Había huelga de controladores en París y el vuelo se retrasaba hasta las 12. Imagínate, debe estar molido.
- Como quieras, pero es tardísimo. Y para cuando él llegue...tú estás en el séptimo sueño, no?
- Ya, pero así estoy allí, y se encuentra la cama calentita..pobre, después del día que lleva... eso es una de las cosas bonitas que tiene el vivir en pareja, no te parece?
- Sí. Y muy tierno. Está claro que lo sigues queriendo mucho, verdad?
- Por supuesto que lo quiero. Muchisimo. Además, lo echo de menos. Hace una semana que no nos vemos, entre una cosa y otra.
- Valeeee, que, desde luego, contigo no se puede.
Venga, si te vas a ir, decídete, que yo estoy que me caigo. Hala, andando que es para hoy. Ufff, y mañana a madrugar.....
- Jaajja, mira que eres rápido, eh, ayssss, menos mal que sé que me quieres, que si no.....jajjaja
- Jajjaja
- Un beso, que me voy.
- Nos vemos pronto, vale? que anda que no es dificil pillarte, que parece que vives en Madrid y no en Alicante.
- Sí. Descuida. Te llamo pronto.
- Ten cuidado y no te vayas por las calles oscuras, vale? que tú eres más chula que un ocho, que te conozco.
- Que síiiiiii, so pelmazo. Si con esta pinta de hippy quién se va a fijar en mí? jajaja
-Ah, oye, que al final no me has contao ná de ná. ¿no era hoy cuando ibas a decirme desde cuándo te gustan las mujeres? a mí me dejas de piedra, eh...
- Pero si no me gustan las mujeres. Me gusta ella, nada más.
- Venga, vale, lo que tú digas.... Otro día hablamos.
-Vale guapo. Chao.
-Chao. Ten cuidaíto.
El aire fresco de la noche seguía hablándole de aquella primavera que descubrió con M..
Recordó ese gesto tan normal, ese respirar profundamente, aquella sensación de alivio, que volvía a aligerar el peso de su conciencia, aunque sólo fuera de forma momentánea.....pues los diálogos de la película continuaron retumbando en su cabeza, como si todas y cada una de sus proposiciones fueran inútiles, durante mucho tiempo después.
"- ¿Cuántas veces tomaste la resolución de no volver a verme?
- Varias veces al día.
-Yo también.
- Oh, Alec
- Te quiero. Me encantan tus ojos sorprendidos, la forma en que sonríes, tu timidez, el modo con que te ríes mis bromas...
¡Por favor, no!
- Te quiero, te quiero. Y tú me quieres, es inútil pretender que no ha pasado nada porque sí ha pasado."
Pero Elena no estaba de acuerdo. Miraba la expresión preocupada de Alberto y eso la reafirmaba aún más en su retahila interna...(tengo clarísimo que no, no ha pasado nada, no tengo nada que ocultar ...todo va a salir bien....estoy segura...)
- Cariño, déjame que lo piense un poco, vale? ].......
-Toc, toc......¿ se puede? Dra. Wilson? ah, está usted aquí. Pensábamos que le había ocurrido algo. Sus alumnos andan alborotados hace media hora...
- Uffff, disculpe, me había dormido. Gracias, enseguida voy.
(cualquier día me descubren la mentira y me abren un expediente. Esto no puede seguir así )....
Mientras, el tiempo revoltoso de la primavera le abría los ventanales de nuevo y le regalaba, una vez más, el recordatorio de que la vida seguía... los ritos seguían....más allá de las negruras del alma.
Y la lejanía le traía sones de aires populares, aquella mezcla de pasodoble levantino, incienso y pasión que M. asociaba con los días azules de la infancia, los naranjos en flor, la atmósfera etérea, pasajera y luminosa, de las cosas que nunca vuelven.
(Nota: los nombres de los personajes son un homenaje a la serie Hospital Central, de la cual proceden)
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ya me he liado( o me has liado) ,quién es Elena?.
ResponderEliminarJjaaajja, así que te he líado...pues si te vas al principio casi de la entrada verás que M. está escribiendo una historia que tiene algo abandonada.Tiene tiempo libre antes de la clase de la 1 y se pone a ello.
ResponderEliminarElena es uno de sus personajes ( igual que Alberto o M.).¿ más dudas? será por preguntar...jaaja
Saluditos, expresiones y buen resto de domingo