sábado, 6 de marzo de 2010

Sueños de marzo....sueños de Amor


Era un fin de semana de marzo, nuboso, ya casi de primavera, de fiestas primaverales, aquí o allá.
Ana había llegado por fin y decidieron quedar por el centro.
M. iba pensando en Esther, en otro marzo...
Le había dicho...tantas cosas desde aquella primera tarde...pero sobre todo...(- uffff, Esther, Amor mío...me dejas sin palabras....), aquella declaración de Amor que tanta felicidad regalaba, que tanto admiró M. más allá de aquel primer chorro de alegría,. Aquello, era algo más que otro fruto jugoso, una esas ráfagas que ella enviaba con dulzura o con pasión, con toda la apabullante, maravillosa fuerza de los sentimientos de Esther.
Era, sobre todo, un enorme ejercicio de valor que, hasta entonces, ella había dilatado en el tiempo.

- ...a pesar de todo, sí, a pesar de todo quisiera recorrer esta vida contigo, tú y yo, juntas, para reir o para llorar, para sentirte y descubrirte todos los segundos de mi vida.... sí, sí quiero...
-...pero no sé si seré capaz, no sé si podré poner punto y final a todo esto....
Realmente, Esther siempre fue sincera. Nunca le mintió sobre su ajetreada vida cotidiana, llena de más y más trabajo, cada vez tenía más viajes y compromisos; sus numerosas actividades como voluntaria infantil; todo ello adobado con sus turbulencias internas, sus contradicciones, aquella infelicidad que ella no confesaba pero que M. podía percibir en casi todas las parcelas de su vida. Y, finalmente, su miedo a tantas verdades...
- Pero hay tanto que necesito saber de ti, tanto que espero y tanto que quiero darte....
Esther repetía la letra de aquella canción, más o menos, con su habitual gracia, como cualquier enamorad@.
Y M. pensó, mucho tiempo después, que quizá no fuera realmente consciente de los significados y sus consecuencias.

( Ufff, Amor.....si supieras la falta que me haces...)
Se paró en una esquina,antes de llegar a su cita con Ana. Respiró profundamente y se secó las lágrimas.
Procuró sacudirse lo antes posible aquel torrente de emociones felices, aquel escalofrío de pena inconsolable, cada vez que recordaba la que ya sería la única declaración de Amor posible.
Llegó al punto acordado.
Naturalmente, Ana no había llegado aún.
La gente salía y entraba como si fueran rebajas porque era la Semana Fantástica.
De pronto vio, asombrada, la perfección absoluta de aquel maniquí que aparecia plantado a un lado de la puerta principal.
- (Desde luego...lo que no haga esta tienda pa dar la nota...hay que ver qué bien hecha está la muñeca...y con sus bolsas y todo...)
- Ayss, ya estoy aquí..qué tal?... Chica, ¿ qué haces, mirando al infinito? no me das un beso?
- Sí, sí, hola, es que.... Seguía alucinada mirando a la maniquí, sin descanso.
-Anda vamos, que quiero enseñarte esos zapatos que vi.
-Sí, venga, vamos...- le dijo sin quitar la vista de la muñeca.
Cuando pasaron justo por delante, M. tuvo ese impulso infantil de tocarle la nariz al maniquí. De pronto, cuando ya casi lo había conseguido, la "muñeca" se movió y pareció tan impactada como ella.
- Pero, cómo? qué? ......usted perdone, eh.
M. se recuperó con rapidez de su sorpresa y se dio cuenta de que aquello no era normal.
- Pero Maca, qué haces, pareces una niña chica, cómo se te ocurre tocarle la nariz a la mujer? tú estás mal, eh.
- Pero hija, si es que me creía que era un maniquí, que te juro que la señora ha estao sin moverse por lo menos cinco minutos, vamos, el tiempo que llevo esperándote.
- Tú te estás quedando conmigo.
- Que no,te prometo que te estoy diciendo la verdad, jajaaja, no me mires así, que la mujer estaba ahí, como una muerta, vamos, si no cómo iba yo a confundirme.
- jajajajajajaja, qué dices? de verdad creiste que era una muñeca?
- Pues claro, si no cómo se me iba a ocurrir tocarle la nariz. ¿ no sabes ya que soy una tímida? como si me hubieras visto tú que voy por ahi toqueteando al personal, eh.
- Desde luego, tú estás fatal de los fatales, jajajajja anda vamos, que a ver si se acaban los zapatos...
Todavía se reía cuando recordaba aquella tarde tan divertida y el episodio de uno más de sus despistes.
(Bueno, la verdad, no creo que fuera porque iba en el limbo pensando en ella. Ana me conoce y sabe que siempre he sido un poco desastre y, claro, como voy en mis cosas, pues luego se me mezclan las ideas y la realidad; debe ser eso ).
El caso es que la llegada de marzo se había convertido en un acontecimiento contradictorio, que removía aún más el complejo entramado de pensamientos, emociones y pasiones que se revolvían, como en una batidora, para dejarla prácticamente ko.
Marzo, con toda la poesía de los árboles, pregonando ya la primavera; con la presencia habitual de tormentas de lluvia, que tanto le recordaban a Esther, con la alegría de los días más largos o la luz radiante que las invadía mutuamente, fue el comienzo de muchas cosas para M.
Desde aquella tarde mágica en Alicante, los contactos se sucedieron unos a otros, calmados y placenteros, más serios o más tristes, espontáneos con las bromas de Esther, radiantes de alegría porque Maca, por fin, había conseguido un nuevo trabajo o Esther le contaba el éxito de su nueva instalación. Ávidos y sedientos de noticias, impacientes por escuchar algo de la otra, tan divertidos o tan trascendentales como podía ser la vida cotidiana.
Marzo fue ese momento mágico, lleno de coincidencias fortuitas que favorecieron una mayor intensidad en la profundización de su intercambio.
Para M., Marzo sería, ya para siempre, su mes de las flores, su ascenso a las cimas de la felicidad, porque cada primero de marzo su alma se dejaba arrastrar hacia cada uno de sus recuerdos de Amor, sin querer, sabiendo que eso no sería bueno para su inestable equilibrio anímico. Pero cualquier cosa que pudiera hacer para impedírselo, parecía completamente inútil, a pesar del paso del tiempo.
Mirar su llegada en el calendario, la de un mes cualquiera para el resto del mundo, era sacar a flote la permanente pero subterránea presencia de Esther en su vida cotidiana.
Marzo era ese resorte que volvía a poner en marcha, una vez más, el mecanismo de rememoración con el M., como una suicida inconsciente, se negaba a asumir la aplastante realidad de su vida.
Seguía recordando, casi de memoria, las palabras de Esther, cargadas de ese cúmulo de emociones y contradicciones humanas, que quizá sólo ella pudo comprender en su más profundo sentido.
A veces, sin pensarlo, casi insomne, se dejaba llevar, como un castigo autoimpuesto, hacia aquella caja secreta donde guardaba, aquel cúmulo de cartas, cartas de Amor, gastadas de tanto tocarlas, aspirarlas o llorarlas; pues, volviendo a leer las palabras de Esther, una y otra vez, M. trataba de sentirla un poco más cerca, cuando el dolor de su distancia se hacía sencillamente insoportable y solo la luna podía contemplar su desesperación.
Al mismo tiempo, volvía a comprobar, una y otra vez, que ella no estaba loca, como le decía Ana.
Y la certeza innegable de reexperimentar el escalofrío emocionado de su declaración de Amor, la sumía en esa pena inconsolable que, dicen algun@s, sólo el tiempo puede curar.
Recordó las palabras dulces, inteligentes y sonoras de aquel compañero entrañable.
- No llores, cariño, porque, ya sabes, que, al final, en esta vida, todos nos abandonan. Y nosotros, somos los únicos que no podemos hacer eso. Sólo nosotros podemos y debemos cuidarnos hasta el final de nuestros días.
Pero la realidad era que, a pesar de los consejos, las broncas o los abrazos cariñosos de quienes la querían, Maca tenía cada vez más claro que ella no quería curarse de aquella "enfermedad" llamada Esther. Dejar de quererla o de soñarla serían el equivalente a estar muerta. Porque para ella la sola idea de olvidar a Esther era algo tan inconcebible que preferiría ser una enferma crónica durante toda su vida.
Sin Esther, nada tenía sentido. Pero la esperanza de volver a verla, volver a sonreirle o volver a llorar con ella, eso era lo único que la mantenía en sus cabales. Y tenía clarisimo que nadie, ninguna otra persona de esta Tierra, podría curarla con "un nuevo Amor".
Esther era ese Amor con mayúsculas que inunda hasta el último rincón del alma, y que parte el corazón en mil añicos sin posible reparación, simplemente porque se lo lleva todo.
Y ella, a estas alturas de la vida, no iba a aceptar sucedáneos para jugar otro papel que no fuese el auténtico, el único posible, el único que de verdad querría siempre con todas sus fuerzas, "hasta el final", como decía él, porque querer a Esther era quererse a si misma.
Su Amor, aquel Amor que no cesaba, la había hecho más fuerte; la había hecho progresar, cuando el dolor era demasiado asfixiante, hacia vertientes de la vida que ni siquiera hubiera sospechado; pero, sobre todo, amarla con todo el alma, la había hecho, la hacía sin duda, mejor persona.
¿ La Felicidad ? quizá M. fuera demasiado lúcida, lo suficiente como para saber, con toda su crudeza, que sin Esther, nada parecido a la Felicidad sería nunca remotamente posible.






Anda
quítate el vestido, las flores y las trampas
ponte la desnuda violencia que recatas
y ven a mis brazos
dejemos los datos
seamos un cuerpo enamorado
Anda
deja que descubra los montes de tu mapa
la concupiscencia secreta de tu alma
y ven a mis brazos
dejemos los datos
seamos un cuerpo enamorado
Anda
pídeme que viole las leyes que te encarnan
que no quede intacto ni un poro en la batalla
y ven a mis brazos
dejemos los datos
seamos un cuerpo enamorado
Anda
dime lo que sientes

no temas si me mata
que yo solo entiendo tus labios como espadas
y ven a mis brazos
dejemos los datos
seamos un cuerpo enamorado



(Nota: los nombres de los personajes son un homenaje a la serie Hospital Central, de la cual proceden)


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5 comentarios:

  1. Bueno,bueno. Va a ser cierto eso de que la llegada de la primavera la sangre altera.
    Ains sigo pensando que quiero una Macaaaaaaaaaaaaa
    y la quiero ya,ahora, en primavera,jajjajaa.

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  2. Jajaja, mu buenas Alas. Así que sigues queriendo "una Maca". Dime, ¿la de HC o quizá ésta que surge en mis ficciones? lo digo porque, en caso de elegir la opción B, ¿ crees que existe gente así en la vida real? por otra parte, ¿estás segura de que es "eso" lo que quieres? ( si te das cuenta hoy he sido una santa: ¡ sólo dos preguntas !!!, lo que yo diga, que, visto lo visto, por menos que eso te beatifican en un pis pas, no?.....)
    Por cierto, si cualquiera de l@s lector@s anónimos de este blog se anima, las respuestas serán siempre bien venidas, pues, al fin y al cabo, las cuestiones amorosas son tan universales que siempre serán interesantes......
    Saluditos y expresiones

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  3. De vuelta la vena preguntona,no?.
    A ver la 1ª pregunta: Una mezcla de ambas estaría muy bien. La 2ª pregunta: No creo que abunden, pero seguro que existe.
    Y mira tú por dónde yo veo una 3ª pregunta que dice que si estoy segura de que es eso lo que quiero?, Pues estoy segura de que me gustaría encontrar a alguien que me amase, pero ojito! sin estos malestares del alma y del cuerpo que tiene tu protagonista,jejejjee.

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  4. Aute, un gran poeta, preciosa canción, pero mi favorita es sin duda alguna “Las cuatro y diez”, que recuerdos…

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  5. Bueno, bueno, Alas, que veo que te has aficionao a las preguntas en tal grado que hasta te las inventas y todo, jajaja, qué gracia.
    Sobre la tercera respuesta: eres una idealista, pues todo el mundo tiene malestares del alma y del cuerpo. A no ser que pienses en una Maca marcianita.....jaja
    Sobrevivir, tambien me gusta Aute, pero por rachas. Sus letras, siempre.
    Saluditos y expresiones para l@s dos

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