Hoy, como no podía ser menos, es el día de las palabras, esas hileras dispuestas que albergan sutilmente la invisible, latente personalidad de un@ desconocid@; alguien que tiene el valor, la desfachatez, la generosidad o el más divertido de los exhibicionismos de contar algo, mucho o bastante de sí mismo.
Lo interesante de la escritura suele ser, además de esa sensación de haber creado un producto expresivo propio, sea cual sea su grado de comprensión para el/la lector@, la infinitud de sus posibilidades.
Pues cualquiera puede escribir como cualquiera puede leer.
Cada uno, como un ejemplo único de la genética, como un mundo particular que experimenta y cuenta, que trata de compartir con l@s demás cualquier cosa que surge de los interiores.
Como ocurre con las personalidades, habrá escritor@s mentales, emocionales o viscerales. Son los tres motores que dirijen lo humano, que determinan en gran medida nuestra forma de funcionamiento, en cuanto que somos, al fin y al cabo, como maquinitas que solemos repetir lo mismo una y otra vez, que vamos cambiando poquito a poco, o de golpe, según sea el discurrir de cada trayectoria.
Y todo eso late, subterráneo, apenas invisible o muy muy visible en la línea de significados de los contenidos. Las palabras nos definen y nos ocultan, nos retratan y nos hacen inabarcables, pues cuando la historia se hace interesante o emotiva siempre queremos saber más del@ escritor@. Queremos leer mucho más, todo lo que surja de ese mundo único.
Las palabras lo dicen todo y no dicen nada, pues no tod@s prefieren dejarse arrastrar por la experiencia de vivir historias en los libros. Hay personas desafortunadas que no saben apreciar las palabras de otra gente, que consideran que los libros son un adorno en las estanterías. Quizá en estos días de celebración habría que organizar talleres de cuentacuentos, de cuentarelatos, al aire libre, para intentar transmitir a todo el mundo que leer es vivir, pues los buenos libros nos transmiten la vida de los otros, sus experiencias o invenciones, su propia alma en forma de papel, no porque siempre sean autobiográficos sino porque el relato tiene un estilo o forma de contar que será más o menos personal, pero siempre tendrá el valor de ser la entrega de lo humano.
La rosa y el libro, o el Amor y la palabra, feliz, mágica combinación, símbolo flamante de esa unión indisoluble, pues acaso ¿ no es la palabra la que lleva siempre al Amor real, más allá de las hormonas o la edad del pavo?
Pues sólo la palabra nos distingue de los otros animales, unida a ese otro lenguaje del cuerpo. Esas primeras palabras, que, en el embelesamiento inicial nos hacen incondicionales admiradores del/a pretendient@ y en la conjunción con los hechos, hacen de nosotr@s definitiv@s amantes.
De todos los días del año que celebran algo, éste siempre ha sido de mis preferidos, porque para mí decir libro es recordar la infancia y la biblioteca familiar. Es, también, volver a las primeras experiencias de absoluto entusiasmo, la época juvenil de devorar libros, uno tras otro, y, luego, más adelante, descubrir, más allá de las primeras impresiones, la trastienda poliédrica de las palabras, sus diferentes lecturas y el sentido originario que les confirió su autor@. La riqueza inabarcable del lenguaje, y, por tanto, de la vida.
Quiere decir que hoy es, también, por encontrar alternativas designaciones, el día de..........la pluma...
jajaja, de todas, claro está.
Por eso es un día alegre, lleno de múltiples arco iris en el cielo, y en la tierra, pues precisamente la gama completa de los colores es símbolo de un todo al que sólo le faltan las ausencias de sus extremos, el negro y el blanco, el ying y el yang.
Sigamos disfrutando mucho tiempo de los libros, de toda esa riqueza que se transmite como el aire de primavera, cargado de semillas y de vida, lleno de emociones, de lágrimas y de placeres; de esos libros abarcables que podemos oler recién comprados, o tan usados por otras gentes; esos que podemos tocar y alisar con la palma de la mano; esas páginas que aun siguen guardando los pétalos de aquella rosa o la carta secreta de todos nuestros amores.
¡ Feliz Día del Libro !
Lo interesante de la escritura suele ser, además de esa sensación de haber creado un producto expresivo propio, sea cual sea su grado de comprensión para el/la lector@, la infinitud de sus posibilidades.
Pues cualquiera puede escribir como cualquiera puede leer.
Cada uno, como un ejemplo único de la genética, como un mundo particular que experimenta y cuenta, que trata de compartir con l@s demás cualquier cosa que surge de los interiores.
Como ocurre con las personalidades, habrá escritor@s mentales, emocionales o viscerales. Son los tres motores que dirijen lo humano, que determinan en gran medida nuestra forma de funcionamiento, en cuanto que somos, al fin y al cabo, como maquinitas que solemos repetir lo mismo una y otra vez, que vamos cambiando poquito a poco, o de golpe, según sea el discurrir de cada trayectoria.
Y todo eso late, subterráneo, apenas invisible o muy muy visible en la línea de significados de los contenidos. Las palabras nos definen y nos ocultan, nos retratan y nos hacen inabarcables, pues cuando la historia se hace interesante o emotiva siempre queremos saber más del@ escritor@. Queremos leer mucho más, todo lo que surja de ese mundo único.
Las palabras lo dicen todo y no dicen nada, pues no tod@s prefieren dejarse arrastrar por la experiencia de vivir historias en los libros. Hay personas desafortunadas que no saben apreciar las palabras de otra gente, que consideran que los libros son un adorno en las estanterías. Quizá en estos días de celebración habría que organizar talleres de cuentacuentos, de cuentarelatos, al aire libre, para intentar transmitir a todo el mundo que leer es vivir, pues los buenos libros nos transmiten la vida de los otros, sus experiencias o invenciones, su propia alma en forma de papel, no porque siempre sean autobiográficos sino porque el relato tiene un estilo o forma de contar que será más o menos personal, pero siempre tendrá el valor de ser la entrega de lo humano.
La rosa y el libro, o el Amor y la palabra, feliz, mágica combinación, símbolo flamante de esa unión indisoluble, pues acaso ¿ no es la palabra la que lleva siempre al Amor real, más allá de las hormonas o la edad del pavo?
Pues sólo la palabra nos distingue de los otros animales, unida a ese otro lenguaje del cuerpo. Esas primeras palabras, que, en el embelesamiento inicial nos hacen incondicionales admiradores del/a pretendient@ y en la conjunción con los hechos, hacen de nosotr@s definitiv@s amantes.
De todos los días del año que celebran algo, éste siempre ha sido de mis preferidos, porque para mí decir libro es recordar la infancia y la biblioteca familiar. Es, también, volver a las primeras experiencias de absoluto entusiasmo, la época juvenil de devorar libros, uno tras otro, y, luego, más adelante, descubrir, más allá de las primeras impresiones, la trastienda poliédrica de las palabras, sus diferentes lecturas y el sentido originario que les confirió su autor@. La riqueza inabarcable del lenguaje, y, por tanto, de la vida.
Quiere decir que hoy es, también, por encontrar alternativas designaciones, el día de..........la pluma...
jajaja, de todas, claro está.
Por eso es un día alegre, lleno de múltiples arco iris en el cielo, y en la tierra, pues precisamente la gama completa de los colores es símbolo de un todo al que sólo le faltan las ausencias de sus extremos, el negro y el blanco, el ying y el yang.
Sigamos disfrutando mucho tiempo de los libros, de toda esa riqueza que se transmite como el aire de primavera, cargado de semillas y de vida, lleno de emociones, de lágrimas y de placeres; de esos libros abarcables que podemos oler recién comprados, o tan usados por otras gentes; esos que podemos tocar y alisar con la palma de la mano; esas páginas que aun siguen guardando los pétalos de aquella rosa o la carta secreta de todos nuestros amores.
¡ Feliz Día del Libro !

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Para mí es el mejor día del año. Leer es mi pasión y poder pasear entre tanto libro junto es todo un deleite para la vista, no sabes donde fijar los ojos, coges uno pero los ojos ya se van hacía otros tres (supongo que en el resto de España la fiesta se vive de otra manera, pero aquí en Catalunya es un día donde la gente sale a la calle e incluso aquellos que no leen compran un libro para regalar o dejarse tentar)... a veces cuando más parece que contamos de nosotros en nuestros escritos menos lo hacemos en realidad y lo realmente divertido e interesante es hacer pasar como verdad experiencias que no hemos vivido y quizás no llegaremos a vivir...
ResponderEliminarD.
jajajaja, sí, eso es verdad, es tan interesante como divertido ese juego de hacer totalmente verídico aquello que contamos. Pues el/a lector@ no sabe, o sabemos, cuánto de verdad o de invención habrá en aquella apasionante retahila de palabras. Excepto en aquellos casos en los que tenemos amigos que escriben artículos en un periódico, comentando, además, la actualidad del momento. Eso sí que es un lujo, pues no sólo podemos descubrir entre líneas aquello que conocemos de primera mano sino que descubrimos, con asombro, cosas, pensamientos completamente nuev@s....Por eso, leer... todo un placer, se mire como se mire.
ResponderEliminarSaluditos y expresiones